publicidad

  

OPINIÓN

Obituario sobre el periodismo

BIOGRAFÍA

Dice Ambrose Bierce que el reportero es un escritor que, con suposiciones, se abre camino hasta la verdad para dilapidarla seguidamente con una tempestad de palabras. Dilapidando verdades y palabras llevo más de 20 años. Nací en Diario 16; crecí en El Mundo y me licencié en este Confidencial. He sido corresponsal político de 20 Minutos en este siglo XXI adC (antes de la crisis). Comparto este Sin Enmienda con una columna diaria en Público. Si conocen un trabajo respetable, háganmelo saber.

 Deja tu comentario

BUSCAR USUARIOS

Juan Carlos Escudier.-  13/11/2010

No tiene uno claro del todo si el periodismo se ha muerto, como sostienen algunos, o si se encuentra estable dentro de la gravedad. Pudiera ser también que, a cuenta de la revolución tecnológica y de la nueva concepción del negocio, estemos asistiendo a una redefinición del oficio, en el que los periodistas han dejado de ser aquellos individuos que observaban el mundo y se implicaban en su transformación para convertirse en instrumentos de un espectáculo multimedia cuyo único requisito es el de ser rentable. Lo seguro es que la profesión atraviesa su particular crisis, aderezada aquí con una polarización salvaje que, salvo excepciones, tiene al gremio dividido en dos trincheras irreconciliables.

 

Yendo a lo general, ocurre hoy lo mismo que denunciaba hace diez años Kapuscinski. Los grandes medios han construido su propio mundo en el que la realidad no se refleja sino que se acomoda. No interesa tanto contar lo que pasa como evitar que la competencia se adelante, y debido a ello, es habitual que determinados acontecimientos reciban la atención de un ejército de reporteros mientras que otros hechos a priori relevantes queden en las tinieblas del apagón informativo, ya que de lo que no se habla no existe. “Los medios de comunicación -decía el polaco- se mueven en manadas, como rebaños de ovejas; no pueden desplazarse de forma aislada. Por eso, sobre todo lo que se nos cuenta leemos y escuchamos las mismas informaciones, las mismas noticias”.

 

El problema se plantea con aquellas noticias que se niegan a aceptar la lógica de esta realidad prefabricada. Sucedió en junio del año pasado con motivo de la ya olvidada revolución verde iraní y su icono, la joven Neda, que se murió mirando a la cámara y cuyo rostro contemplamos en YouTube. De hecho, en un principio, no se pudo comprobar la veracidad de esas imágenes por la sencilla razón de que los periodistas brillaban por su ausencia y los que se encontraban en el país aludían a la férrea censura informativa de las autoridades para encogerse de hombros.

 

Aquellos sucesos, que llegaban a Occidente gracias al testimonio de ciudadanos iraníes en la blogosfera, no hacían sino certificar el calamitoso estado de la profesión. Si un panadero de Teherán podía servir en Twitter o Facebook la información que al día siguiente recogerían los principales medios de comunicación, ¿para que eran precisos los periodistas? Más a más, si la censura iraní era el cerco inexpugnable del que se hablaba, ¿por qué las redes sociales sí ofrecían imágenes diarias de lo que estaba sucediendo? ¿No era a los periodistas a los que se pagaba para eso, aún a costa de arrostrar el riesgo de la expulsión, la cárcel o, incluso, la muerte?

Los periodistas tendrán que empezar a proporcionar una información y un conocimiento que no sea accesible por otras vías, y de formas más útiles y relevantes para su público

 

Premonitoriamente, apenas un par de meses antes, Robert G. Picard, reputado consejero y analista del modelo económico en el que se sustentan los medios informativos, había pronunciado una conferencia en Oxford de la que se hizo eco The Christian Science Monitor y en la que sostenía abiertamente que los periodistas merecían ganar poco ya que su creación de valor era más bien escasa. Según destacaba Picard, el trabajo periodístico está tan estandarizado que un ciudadano vulgar corriente puede desempeñar funciones similares. Esto es, podía dar noticias, hablar con expertos, determinar su relevancia, incluir audio, fotos y vídeos y hacer accesible dicho contenido al mundo o distribuirlo dentro de su red social. Y todo ello, por supuesto, gratis et amore. ¿Para qué va a pagar una empresa por algo que puede conseguir a coste cero?

 

Picard hacía algunas recomendaciones: “Para que sea posible crear ese valor, (los periodistas) no pueden seguir informando de la forma en que tradicionalmente lo ha venido haciendo o limitarse a hacer un refrito con noticias que ya han aparecido en otros canales. Deben añadir algo novedoso que aporte valor. Tendrán que empezar a proporcionar una información y un conocimiento que no sea accesible por otras vías, y de formas más útiles y relevantes para su público”.

 

Bien, podíamos estar de acuerdo en que determinadas actividades de la función periodística podían ser desempeñadas con mayor o menor fortuna por gente ajena a la profesión, pero siempre habría informaciones que exigirían el concurso del profesional, especialmente cuando se trataba de asuntos que podrían englobarse dentro del llamado periodismo de investigación. Ese consuelo existía hasta que llegó Wikileaks y lo puso todo patas arriba.

 

Lo de Julian Assange merece una reflexión profunda, porque si algo pone de relieve sus filtraciones en masa de documentos sobre la guerra de Irak  o Afganistán es que los grandes medios del estilo de The New York Times o The Washington Post, por no hablar de sus émulos españoles, han perdido incluso ese monopolio sobre lo exclusivo con el que antes contaban. Assange no es periodista ni Wikileaks es The Guardian por lo que hay que suponer que si alguien pone en sus manos un volumen semejante de información sensible es porque existe una fuerte desconfianza hacia los medios tradicionales y, por extensión, hacia sus redactores. Si la información es un simple espectáculo -¿no presentaron las televisiones como un espectáculo la difusión del vídeo del helicóptero norteamericano ametrallando a civiles en Bagdad adelantado en Wikileaks?-, ahora hay quien decide estrenar la obra en un teatro distinto.

 

Por referirnos a temas más cercanos, la represión marroquí de los campamentos de El Aaiún podría dar lugar a una tesis doctoral sobre nuestra propia crisis. Antes de ser reprimidos a sangre y fuego por Marruecos, varios miles de saharauis habían levantado durante semanas sus tiendas en el desierto para protestar por sus condiciones vida. Las televisiones y periódicos españoles no vieron interés alguno en la noticia, cuando perfectamente podían rellenar sus páginas o sus emisiones debatiendo sobre si Belén Esteban tendría el tirón electoral que le auguraban las encuestas.

 

Y el medio se convirtió en mensaje

 

A nadie se le ocurrió, por tanto, desplazar a la zona a sus enviados especiales, algo que no debía de ser tan difícil cuando varios activistas de ONG sí habían logrado establecerse en el campamento. Sólo después de que se desencadenara la represión en el Aaiún se tuvo noticia de los intentos frustrados de periodistas por llegar a la capital de Sahara y sus protestas porque Marruecos anulaba sus reservas de avión. Lo que, sin duda, representaba un fracaso colectivo fue presentado como un éxito por la cadena Ser, que alardeaba esta semana de haber logrado burlar el cerco de Marruecos: “Saludos desde El Aaiún. Nos disponemos a informar”, decía Angels Barceló. En realidad había poco de lo que informar, ya que Marruecos había completado sin testigos su represión. Eso sí, la emisora ha podido convertirse en noticia ya que la presencia de sus periodistas duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio antes de ser invitados a tomar un avión de regreso.

 

Volvamos a Kapuscinski: “No existen especialistas en ningún campo. El periodista es simplemente uno al que trasladan de un lugar a otro, según las exigencias de la cadena televisiva. Pero más importante que esto es que los medios de comunicación, la televisión, la radio, están interesados no en reproducir lo que sucede, sino en ganar a la competencia. En consecuencia, los medios de comunicación crean su propio mundo y ese mundo suyo se convierte en más importante que el real”. Espléndido apunte para el obituario de la profesión.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 47 COMENTARIOS

47 .- No te quejes Escudier, no es un problema de opinión política. Si te molestases en leer a tu compi Casado, comprenderías que si vosotros mismos os dedicais a la demagogia, los lectores se ven en el derecho de practicar el tiro al blanco [al tonto]. Teneis tan poca credibilidad que el personal se rie de vosotros.

juan23

14/11/2010, 20:59 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

46 .- esto es periodismo?

"Más que nunca hace falta, y lo digo con una absoluta certeza y confianza, que llegue al poder un político honesto, un político con principios, un político recto, un político que anteponga lo esencial, un político que se ciña el cinturón de la libertad, la tolerancia, el respeto y la igualdad. Ese político tiene nombre y apellidos, lleva barba, goza de buena oratoria, y puedo asegurarles que es perfectamente fiable y confiable: se llama Mariano Rajoy, y es la antítesis de todo lo que he escrito en los párrafos anteriores. Es lo que en estos momentos de deriva necesita este país, y cuanto antes se ponga al mando de la nave, antes volveremos a enderezar el rumbo que hemos perdido por culpa de políticos nefastos e inmorales."

gunterfantastico

14/11/2010, 18:28 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

45 .- En primer lugar aclarar que nunca ha habido ni habrá ninguna profesión que no dependa del ser rentable. Y segundo y principal decir que nunca antes el periodismo había caido en el fanatismo y vulgaridad en la que se encuentra actualmente. En cada noticia, en cada reportaje y en cada comentario se notan a la legua uno intereses ideológicos que a la larga no son otra cosa que intereses económicos camuflados. Habrá que rezar una oración por un gremio de siempre EXCESIVAMENTE temido y respetado.

gervasio

14/11/2010, 14:20 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

44 .- Efectivamente "no interesa contar lo que sucede" sino manipular las noticias en beneficio del amo que paga...Porque se paga y mucho.S´lo hay que ver las subvenciones en Cataluña a los medios de ¿comunicación? y los silencios vergonzosos de tales medios,El carmel,el palau.O la "solución " a los problemas de PRISA para evitar su quiebra,obviando los informes de los técnicos de la CNN.Por no citar los silencios del Asociación de la Prensa,que todavía no ha abierto la boca en el asunto de los periodistas españoles en el Aiún.

SPQR

14/11/2010, 13:57 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

43 .- El periodismo tipo lou grant murió con las grandes agencias: ya da igual ver el telediario de la una, que de la 3 que de la cinco, mismas noticias.
Es curioso como hoy día, cuando un acceso a internet tiene el tamaño de un mobil, no se transmitan noticias desde el sahara o desde los barcos turcos por poner un ejemplo. ¿quien capa las comunicaciones? Dudo que marruecos tenga ese poder.

lydon5

14/11/2010, 11:44 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

los más leidos los más leidos los más comentados los más enviados
Ediciones anteriores      Suscripción al boletín                                              Anúnciate
Auditado por Ojd