BIOGRAFÍA
Juan Carlos Escudier.- 30/10/2010
Debe de tratarse de algún tipo de alergia a las buenas noticias que, en vez de irritar los ojos, irrita a secas y les pone de muy mala leche. Es lo único que explicaría algunas de las reacciones que viene suscitando las expectativas sobre el final de ETA, una posibilidad que por primera vez en lo que llevamos de democracia es real y no un simple deseo. Puede que sea pronto para echar las campanas al vuelo, pero tampoco hay por qué reprimir una cierta satisfacción colectiva, si es que esa maldita alergia de los que ven negociaciones por todas partes les deja respirar tranquilos. A falta de un guión escrito, pueden surgir las dudas sobre cómo será el último capítulo de la banda, pero se antoja imprescindible que andemos precavidos, no vaya a ser que un día de éstos decidan entregar las armas y no haya nadie allí para recogerlas.
La estrategia que está conduciendo a la derrota de ETA ha combinado con acierto dos elementos: de un lado, una eficacísima acción de la Policía, en la que ha sido determinante la cooperación internacional; de otro, el estrecho cerco legal levantado en torno a Batasuna, con el que se ha querido impedir que intente travestirse de lagarterana para acudir a las urnas. La última manifestación de este asedio ha sido el reciente acuerdo para modificar la ley electoral y la de Partidos, contra la que ya no caben objeciones –algunas de ellas expresadas por el que suscribe- tras ser validada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. La nueva regulación ha introducido tanto la incompatibilidad sobrevenida para los concejales de formaciones que sean ilegalizadas tras las elecciones, como la opción de anular las listas de un partido legal que hubieran sido contaminadas por candidatos procedentes de organizaciones ilegales. Con ello se abortaba la vía abierta por Eusko Alkartasuna.
Tan peligroso sería que el Gobierno pretendiera acelerar el proceso confiando en obtener un rédito electoral más que dudoso, como que el PP actuara como si creyese que el fin de ETA beneficia al Ejecutivo
Así las cosas, al desconcierto de la banda por el constante acoso policial se ha unido una fortísima presión sobre la izquierda abertzale, que ahora es consciente de que sólo será capaz de asegurar su propia supervivencia política si logra convencer a ETA de que abandone las armas o, en su defecto, rompe definitivamente el cordón umbilical que aún le une a ella. En eso parece que está. Es verdad que el alegato en contra de la violencia aventado por Otegi desde su celda es insuficiente y que la apuesta por la política contenida en los últimos manifiestos de Batasuna no logra ahuyentar los recelos, pero también es cierto que constituyen hechos inéditos en la historia. Como lo es la fuerte contestación que está teniendo la dirección de ETA entre sus propias bases, a las que su última declaración de tregua también les ha sabido a poco.
Por mucho que Mayor Oreja crea encontrar en lo anterior razones suficientes para sustentar su paranoia, no se ha llegado a esta situación por una negociación secreta con los terroristas. Dicho lo cual, no sólo es verosímil que en estos momentos haya contactos para tomar la temperatura a la izquierda abertzale y conocer en la medida de lo posible sus verdaderas intenciones, sino que renunciar tenerlos sería una irresponsabilidad que no deberíamos permitirnos.
Como se ha señalado, nadie sabe en realidad cómo será el fin de ETA, aunque es imaginable, como explicaba el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, que no convocará una rueda de prensa para comunicar que se rinde mientras agita una bandera blanca. Lo importante no es la claudicación pública al estilo de Breda sino que puede certificarse sin atisbo de duda que la organización terrorista ha dejado de existir o, cuando menos, que es un vegetal al que mantienen vivo a duras penas un puñado de irreductibles.
En la consecución de esa meta, tan peligroso sería que el Gobierno pretendiera acelerar el proceso confiando en obtener un rédito electoral más que dudoso, como que el PP actuara como si creyese que el fin de ETA beneficia al Ejecutivo y se obstinara en evitarlo poniendo palos en las ruedas. Lo inteligente sería mantener la unidad de acción, así que el riesgo de que se quiebre en algún momento es elevadísimo dada la estulticia que, inopinadamente, aflora en nuestros líderes políticos.
Gobierno y PP deberían estar de acuerdo en que condiciones cabe exigir a ETA para tomar en serio su alto el fuego y cuáles son los requisitos que tendría que cumplir Batasuna para participar en el juego democrático. Ambas cosas no pueden estar vinculadas. Un papel activo de la izquierda abertzale en el final de ETA sería importante ya que minimizaría el riesgo de que los partidarios de seguir empuñando las pistolas tratasen de sabotear el proceso o consumaran una escisión, una posibilidad con la que siempre hay que contar.
La desaparición de ETA es el objetivo, pero no puede ser el requisito para permitir la presencia electoral de Batasuna, a la que ha de exigírsele que condene la violencia de manera firme y sin paliativos. Esa ha de ser la premisa. Defender por vías pacíficas la independencia del País Vasco no convierte a nadie en terrorista ni ha de dejarlo fuera de la ley. En cualquier caso, tal y como subrayaba esta semana Rubalcaba, serán los jueces y no el Gobierno los encargados de determinar si su repudio de la violencia es sincero o puro teatro.
El optimismo ha de ser compatible con la cautela. No estamos ante una partida de ajedrez en el que cada jugador está obligado a mover ficha alternativamente. Son ETA y Batasuna los que han de disputar su propia partida. Son ellos los que tienen prisa. Los demás -todos menos los alérgicos de siempre- nos sentimos satisfechos con haberles dado un jaque prácticamente definitivo.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
115 COMENTARIOS
115 .- ¡Qué bien se lo pasa usted! Escribe un artículo provocativo, con titular idem y ¡ala! todos entramos al trapo. Como mihuras, vamos.
Pero, quieto ahí. Miro la fecha de hoy, cambio de hora incluído. Y me froto los ojos, porque no estamos en el seis, sino en el diez y no me lo puedo creer. Este artículo lo tenía usted guardado en su disco duro y para pillarse el puente de forma tranquila lo ha vuelto a editar y asunto arreglado. Es que no le encuentro otra explicación. Bueno, sí. La del síndrome Chamberlain, pero el pobre pasó a la historia como el tonto más tonto del siglo XX, y de usted tengo mejor consideración. Un saludo.
114 .- ¡Que cierto es que alguno pasa tres tardes por la Facultad de Periodismo y se cree en posesión de carta blanca para opinar de cualquier cosa! Y la realidad es hablar por hablar, o algo peor: intentar formar una opinión espurea que permita establecercon luz y taquigrafos las relaiones entre los asesinos de ETA y los "otros", o sea el des-gobierno, empeñado éste en ser recordado como el que obtuvo "la paz". Enterense de una vez por todas: SOLAMENTE LIQUIDANDO A LOS ETARRAS SE TRAERA LA PAZ AL TERRITORIO NACIONAL. Y esto es el unico axioma válido con esta clase de gentes. Es términos mas suaves, diriamos, que el fin de Eta es la solución policial. Aunque para muchos es la solución imperfecta, por el principio, generalmente aceptado, de que de la carcel se sale, del cementerio no. A ver si vamos aprendiendo, aprendiz de opinante. Que la existencia de Eta ha causado muchas penas a gente decente, como para que ahora se vayan de rositas, a seguir pidiendo lo mismo que han pedido siempre y que jamas perderán de vista. La independencia de Las Vascongadas y la anexión, por cojones, de Navarra. Esta última es parte vital del proyecto separatista, y sin ella no existe proyecto.
113 .- Nos molesta a todos los que pensamos que "este" final de Eta puede ser el principio de algo peor. Imaginese ese "no mataré mientras consiga lo que quiero" si en tra a gobernar alguien menos compresivo volveré a matar, ahora usted ponga esto en clave electoral que es como se pone todo en este pais.
112 .- #14 No se haga ilusiones. Este país no sabe lo que es una democracia y muy pocos de sus habitantes tienen la más ligera idea de lo que es la libertad. Entre otras cosas porque siempre olvidan que está ligada a otro concepto sin el que no tiene sentido: la responsabilidad.
De ello se han encargado unos políticos, con muy pocos escrúpulos, que dieron gato por liebre a un pueblo básicamente inculto, prometiéndole el paraíso, dándole a cambio una constitución deplorable, posteriormente desarrollada con leyes nefastas y en gran medida liberticidas, con un único objetivo: dominar a un rebaño de súbditos al que necesitan exclusivamente para sangrarlo con los impuestos que los mantienen en sus cómodas poltronas.
Llevan así más de 30 años, elección tras elección. Para conseguir nuestro voto no dudan en mentirnos ni en enfrentarnos en luchas fratricidas apelando a nuestros peores instintos. Y todos, sin excepción, en cuanto depositamos el voto, se olvidan de sus promesas y se dedican a despilfarrar nuestro dinero para seguir engañándonos, comprar voluntades, pagar favores, mantener sus privilegios y conseguir que sus desmanes queden impunes.
111 .- #48 Dice Rascayún:
"para la historia no será relevante como se acabó con ETA, sinó QUIEN ACABÓ CON ETA"
Hoy brillán con luz propia las respuestas que han dado a Escudier muchos foreros y pocas veces he disfrutado tanto leyéndolas. Y aparece Rascayún y dice una estupidez como la que he acotado.
Le aseguro que cualquier concesión soberanista que haga Zapo a la banda le va a traer consecuencias, y va a tener que rendir cuentas ante la Justicia. Espero que más pronto que tarde.