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OPINIÓN

Turismo de calidad y español, claves para un país competitivo

Juan Perea.-  16/10/2010

Pocas horas después de anunciarse que Mario Vargas Llosa era galardonado con el Nobel de Literatura 2010, moría Maurice Allais, francés premiado con el Nobel de Economía en 1988. Unos se van y otros llegan. Sic transit gloria mundi. El docto economista galo, a quien le gustaba calificarse como liberal y socialista, fue también un físico sobresaliente. Predijo el derrumbe de las bolsas de 1987 y vio inevitable la actual crisis, debido al fracaso ético del sistema económico imperante, al que atribuía el mérito de ser eficaz. Fue muy crítico con el delirio financiero-especulativo en el que estamos inmersos, donde se producen rentas enormes sin fundamento real con efectos desmoralizadores para el conjunto de la economía.

 

Estudioso de la formidable apertura del comercio mundial, Allais criticó los excesos neoliberales sobre el libre comercio. Defendía un comercio exterior sometido a las necesidades de cada país y, primordialmente, a la creación de empleo. Sobre la globalización, sentenció que generaría inestabilidad, paro, injusticia, desorden y miseria en todas partes, suponiendo una desventaja para todos los pueblos, y que sólo el gran capital, representado por las multinacionales, se aprovecha de este fenómeno.

 

Estemos o no de acuerdo con las tesis del laureado economista, los hechos parecen darle la razón, en gran parte. El escenario económico en el que nos movemos requiere que cualquier país que quiera sobrevivir en un mundo globalizado, deba prestar especial atención y cuidados a los sectores en los que disponga de ventajas competitivas. ¿Cuáles son estos en el caso de España? Fundamentalmente dos: el relacionado con el idioma y el turismo. El atractivo de la geografía, el clima y la cultura de España amparan la capacidad de excelencia de estas industrias. Existen otras en las que se dan las condiciones para destacar (por ejemplo, alimentación) y casos particulares de excelencia empresarial en otras áreas, pero no tienen tanta relevancia.

La aportación de la industria turística al PIB se sitúa entre el 10% y el 11%, habiendo disminuido en unas décimas durante estos años de crisis

Con respecto a la lengua, el español lo hablan cerca de 500 millones de personas, y es el segundo idioma materno después del mandarín, el segundo más estudiado como vehículo de comunicación internacional y el tercer idioma en Internet. Su realidad y su potencial como producto exportable es incuestionable. Varios estudios (se espera uno actualizado por el Instituto Cervantes en fechas próximas) han traducido lo anterior a cifras y nos hablan de una aportación al PIB de más de 160.000 millones de euros o un 15% de ese indicador macroeconómico.

 

En tiempos en los que impera el lema ‘exportar o hundirse en la crisis’, todo esfuerzo por cuidar nuestra lengua parece poco; es la materia prima de industrias (editorial, educación o el cine, la televisión y la música) clave para el futuro de nuestro país. Como dijo su directora, Carmen Caffarel, “el Instituto Cervantes tiene la obligación de ayudar a las empresas en esa labor de internacionalización, convencer a todo el mundo de que el español es también una herramienta para mejorar en el trabajo y para las transacciones comerciales”. Recortar el presupuesto de este organismo mientras se aumenta la financiación de los partidos políticos, supone una pedrada contra nuestro tejado.

 

Países latinoamericanos como Argentina o México tomaron hace años el liderazgo en la industria editorial. Regresó éste a España con la democracia, primero a Barcelona y de ahí a Madrid. Es un ejemplo de un buen aprovechamiento de un recurso o capital natural. El aprendizaje de la lengua española, donde la demanda es cada vez mayor, supone otra evidencia del valor de esa materia prima. Somos el primer país en petición de becas Erasmus como destino. Mejorar la calidad de nuestra educación a todos los niveles, supone una obligación cada vez más acuciante. El ejemplo a seguir es el de ciertos países anglosajones, donde convergen idioma y excelencia académica, como receptores de estudiantes de todo el mundo.

 

Potencia turística

 

España (‘Everything under the sun’) tiene una larga tradición como potencia turística mundial. En el pasado, ha sido este sector el encargado de maquillar nuestro crónico déficit exterior y de reponer las reservas de divisas. Estamos entre los tres primeros países del mundo (según distintas clasificaciones somos primeros, segundos o terceros) tanto por número de turistas como por ingresos derivados de estos visitantes. Los otros dos son Francia y Estados Unidos. Nos siguen de cerca China e Italia. Varias empresas hoteleras españolas han tenido éxito en su expansión internacional y sus marcas gozan de reconocido prestigio. La aportación de la industria turística al PIB se sitúa entre el 10% y el 11%, habiendo disminuido en unas décimas durante estos años de crisis.

 

Gran parte de nuestra geografía disfruta de las condiciones idóneas, tanto por el clima como por su paisaje e infraestructuras, para atraer un gran número de personas. El objetivo debería ser incrementar las cifras de ingresos que dejan en nuestro país. Aunque queda mucho por hacer, se ha conseguido impulsar el llamado turismo cultural. Ciudades como Bilbao, Madrid o Valencia y sobre todo, Barcelona, son ejemplares en este apartado. Tenemos la capacidad para ser ‘la Florida de Europa’ o el país de residencia para jubilados europeos de alto poder adquisitivo. La competencia, en forma de otros países mediterráneos del norte de África y sureste europeo (incluyendo Turquía) está al acecho y, durante los últimos años, la riqueza generada por el turismo ha perdido fuelle.

 

Según al ranking mundial de competitividad turística publicado por el World Economic Forum, España figuraba en 2009 en sexto lugar (quintos en 2008), por debajo de Suiza, Austria, Alemania, Francia y Canadá. La clasificación toma en cuenta variables como legislación, regulación y ordenanzas; calidad medioambiental; seguridad, salud e higiene; prioridad de la actividad turística; calidad de las infraestructuras turísticas y de comunicaciones; capital humano; precios y recursos culturales y naturales. España puntúa muy alto en riqueza cultural e infraestructuras para el turismo, y muy bajo en regulación (corrupción urbanística), precios y seguridad. Es aquí donde debemos centrar el esfuerzo, mejorando todo lo que nos acerque a los que marcan la excelencia (los centroeuropeos), para hacer de nuestro país el líder indiscutible de una industria muy importante en el presente y con un gran futuro tras la incorporación de los grandes países asiáticos a los fujos del turismo internacional.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 6 COMENTARIOS

6 .- No existe la calidad.

Silberberg

21/01/2011, 18:57 h.

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5 .- No exsite al calidad, se lleva el pelotazo de aquí te pillo aquí te mato.

Silberberg

21/01/2011, 18:56 h.

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4 .- ¿ Y LA LIMPIEZA ? Es también una cuenta pendiente en el plan estratégico español para el Turismo, en comparación con otros destinos europeos que más allá del Turismo la practican por puro civismo [término que carece de valor en nuestros país...será cuestión de culturas o simplemente estar a un par de eslabones atrás en la cadena de la evolución humana ].

carmade

18/10/2010, 09:21 h.

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3 .- Un famoso y ricachón empresario hotelero de Benidorm practica con sus empleados un "curioso" sistema que nos retrata, bien a las claras, la "filosofía" rácana, especuladora y miserable de nuestro empresariado de los servicios turísticos. Cuando un director de alguno de sus muchos hoteles despunta demasiado por su labor eficaz al frente del establecimiento, lo despide.
¿Celos profesionales? ¿Miedo a quedar en evidencia ante gente mejor preparada?
Lo cierto es que con semejantes empresarios, nuestro turismo tiene un lastre insalvable.
Con estos "ratas" no podremos siquiera ser unos buenos camareros para Europa.
Si a ello añadimos el tremendo handicap que supone para nuestro turismo el hecho de tener diecisiete regulaciones diferentes en lugar de una oferta nacional con sus variedades territoriales, el retrato del futuro turístico español no puede ser más negro.
Con semejantes gurús incapaces de ver tan elementales errores para ponerles remedio, ni siquiera podremos sacar partido a unos dones naturales que, con nuestra actitud, son inmerecidos.

Hermano Lobo

17/10/2010, 21:04 h.

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2 .- Estoy de acuerdo en cambiar el concepto de turismo en España, el modelo que tenemos ya no sirve, al menos para hacer dinero.
El problema que hay en España con el turismo es la masificación en algunas zonas, sobre todo costeras, es turismo de playa y sol ha quedado trasnochado, sobre todo por haber promocionado tanto el bajo coste y las ofertas discotequeras y alcoholicas.
La oferta hotelera se ha quedado obsoleta y los servicios igualmente. Se ha perdido la profesionalidad en el sector.
El turismo de costa, tal como ha evolucionado se ha convertido en algo masificado y sin calidad. Eso no da dinero.

El turismo de interior o de zonas costeras donde no solo se busca el sol, no se ha promocionado debidamente y es una pena, porque es un turismo que si puede dar dinero.

Hay que reformar el sector, sobre todo las instalaciones y la profesionalidad de las personas que trabajan en el ramo. Hay que buscar calidad más que cantidad.

Aira

17/10/2010, 12:07 h.

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