Juan Perea.-
08/10/2010
“¿Dónde está el fondo al que tiende la rentabilidad de esta compañía?” Hace unos días un amigo, máximo ejecutivo de una empresa puntera que opera en el sector de las tecnologías de la información, se hacía esta pregunta. Su cuenta de resultados refleja un continuo descenso de los márgenes de beneficio con los que opera. La firma da trabajo a más de 500 personas y tiene como clientes a grandes corporaciones y a la administración pública.
En los últimos años han aparecido competidores ofreciendo un servicio de similares características a un precio sustancialmente más bajo pero con menor calidad. Los nuevos rivales encuentran mano de obra cualificada ofreciendo sueldos menores a los que paga mi atribulado amigo a sus empleados, que, en su gran mayoría, son fijos y experimentados. Las inferiores cualidades del producto de la competencia no parecen importarles a un buen número de sus clientes, los cuales están dispuestos a sacrificar calidad a cambio de reducir sus costes. El riesgo de que su operativa se vea afectada por esta merma de calidad parece quedar en segundo plano.
Desde la llegada de la crisis, la situación se ha agravado.
Los grandes beneficiados son las grandes corporaciones que pueden apretar a sus proveedores en las especificaciones de producto y condiciones de pago aprovechando la difícil coyuntura económica. Estas prácticas acaban con cientos de empresas y miles de puestos de trabajo. No es de recibo, por mencionar una de ellas, que con las dificultades que tiene cualquier PYME para conseguir crédito,
los peces más gordos de cualquier sector estén alargando los pagos a sus proveedores. Sobre todo cuando sus beneficios no han dejado de aumentar mientras que los pequeños están desapareciendo a ritmo galopante. Los grandes perjudicados son, además de los desaparecidos en esta desigual lucha, los clientes finales de los gigantes corporativos.
Raro es quien a estas alturas no ha sufrido las consecuencias de estas políticas de aumentar márgenes a costa de la calidad. En lo referente a la industria, hay innumerables ejemplos de fallos en modelos de automóviles, electrodomésticos o pequeños aparatos de uso casero, que hasta hace poco tiempo eran fiables. Es cierto que en muchos casos su precio es algo menor o se ha mantenido, pero las veces que hay que pasar por el taller, ir al servicio técnico o tirar el cacharro en cuestión, resulta en un coste mayor para el comprador.
Sorprende comprobar que el defecto resulta de que el fabricante ha ahorrado pequeñas cantidades en componentes del artilugio. Uno se pregunta si no hay una política intencionada para que el producto ‘casque’ poco después del vencimiento de una corta garantía o para que el usuario tenga que aflojar los cuartos en reparaciones varias realizadas por los servicios oficiales.
Lo mismo nos ocurre como consumidores de servicios cuando los ahorros en costes de quienes los proveen afectan a la atención al cliente, a la seguridad informática o a la facturación. Datos confidenciales cruzados, facturas incorrectas, información bancaria errónea, atención al cliente muy deficiente, teleoperadores ininteligibles o ineficaces, esperas eternas, etc…son el pan nuestro de cada día. Descuidar los intríngulis de las redes informáticas para ahorrarse los cuartos puede tener consecuencias nefastas. Las reclamaciones posteriores suponen un auténtico vía crucis para el afectado.
La doble cara de la globalización y el papel de EspañaNos beneficiamos pero a la vez padecemos las consecuencias de la globalización del mercado. Tradicionalmente los países más desarrollados han vendido sus productos por todo el mundo mientras que los países en desarrollo exportaban materias primas. Hoy la tortilla se ha dado la vuelta y los países emergentes presentan superávits en sus balanzas de pagos al despachar gran cantidad productos manufacturados y servicios que pueden operarse a distancia.
Es en estos países donde tenemos que buscar el fondo que responde a la cuestión que planteaba mi amigo empresario. Y no sólo en productos industriales o agrícolas (en estos tenemos más barreras proteccionistas) sino también en el sector terciario. El ejemplo más mentado es el de India como proveedor de servicios informáticos para multinacionales de todo tipo. En principio, en un mundo sin fronteras para bienes y servicios, el país con menores costes de producción (añadiendo los costes de transporte y los asociados hasta la recepción en destino) se llevará el gato al agua. Esto salvo que consigamos diferenciar nuestro producto con una calidad superior, un diseño más atractivo u otras características especiales. El sello de calidad alemana o el moderno diseño italiano (en ocasiones sobre productos españoles) constituyen modelos cercanos a imitar.
España tiene un complicado papel en este escenario. Nuestros costes, fundamentalmente los laborales y los energéticos, no son competitivos especialmente si los comparamos con las economías emergentes.
La tecnología e innovación que pudiera cubrir la brecha no existe, salvo contadas y muy loables excepciones. Tampoco cuidamos con especial mimo la creatividad. Nuestro sistema educativo más que fomentarla, la aplasta y el ‘ingenio español’ no pasa de ser un tópico. Si a todo esto le unimos que la calidad parece que no es un valor en alza, el panorama se oscurece aún más.
Las políticas de maximizar el beneficio a corto plazo por parte de quienes deberían ser anclas de la economía nacional, a costa de un gran número de compañías, sigue empobreciendo nuestro tejido empresarial aceleradamente.
El efecto en el empleo es devastador. Es aquí a donde conviene desviar algo del patriotismo que demostramos con las gestas de los deportistas españoles. Desde este punto podemos mirar al bien común y sentar las bases para un crear una amplia base de empleo estable.
Para evitar una funesta competencia basada exclusivamente en costes hace falta prestar mayor atención a la calidad y al diseño. Se impone una revisión de los modelos de relación entre clientes y proveedores más allá de las posiciones de fuerza de unos y otros, mirando al largo plazo y atendiendo a la máxima que reza que frecuentemente lo más barato sale muy caro. Y, por supuesto, una reforma de gran calado y a todos los niveles del sistema educativo.
El objetivo debe ser doble: fomentar la creatividad y posibilitar el caldo de cultivo necesario para crear productos con tecnologías punta e innovadores. De otra manera no crearemos empleo y seguiremos nuestro cada vez más rápido descenso en las clasificaciones mundiales de productividad y competitividad. Mantenernos entre las economías más desarrolladas y con altos niveles de bienestar exige que cambiemos esta tendencia.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
12 COMENTARIOS
12 .- Cuando se habla de empresas españolas, hay que hacer dos importantes matices - 1º Más del 80% de las mismas son empresas de servicios y 2º Sólo 4 de cada 5 empresas están bien dirigidas porque abundan más gestores al mando que directivos. La competitividad no arranca en las bases sino en la estrategia del que encabeza el proyecto empresarial. Éste cuenta con un equipo de gestores que implementan esa estrategia, y esos gestores o mandos intermedios son la correa de transmisión a las bases que prestan los servicios o fabrican los productos. Por eso lo primero es - "saber dirigir a los que gestionan". Lo expliqué en mi libro - Dirigir a los que Gestionan - publicado en 2007 donde ya avisaba de los efectos de valorar únicamente lo económico y una probable crisis. http://stores.lulu.com/fusterfabra
En España, se sanciona con el despido a empleados competentes y se retienen a directivos inútiles. ¿Cómo esperar ser competitivos en un mundo globalizado dónde se rifan a los válidos? No es sólo cuestión de costes de producción lo que hace que una empresa triunfe en los mercados globales. Sino que se lo pregunten a Emilio Botín, en su estrategia de expansión a otros mercados.
FernandoFF
11 .- #10 tiene un concepto muy que muy equivocado lo que es una "buena pyme" y lo que son sus pymes.
Las "buenas pymes" sigue viviendo y coleando a todo trapo en Alemania en Estados Unidos,conviven y se adaptan a las exigencias de los mercados,sean estsos Audi,BMW o Aldi....
mientras que "sus pymes" se levantaron en falso en una epoca que tooo era posible y donde la chapucilla el amiguismo era moneda corriente y "entre todos la mataron y ella solita se murio"
el farero
10 .- La cadena de calidad se rompe por el eslabon mas débil ,si ahogamos a las pymes , reducimos equipos y mantenimientos , provoca que en algún momento el producto falle. Vivimos de la inercia del trabajo bien hecho en epoca de bonanza , pero se frenará. La politica de low cost nos llevará al precipicio, lo unico que hacen es entrar a saco en sectores y destrozarlos , reduciendo salarios , negociando con proveedores hasta hacerlos desaparecer y bajando precios para ganar cuota de mercado eliminando a competidores con costes de estructura elevados.¿ Nadie relaciona a nuestro querido Arriortua en su machaque a proveedores con la desparición de GM ? Mercadona aprovecha su poder como distribuidor para que las marcas desaparezcan , Zara copia con rapidez lo que funciona y produce en paises de costes muy bajos. , pero hemos destrozado miles de pequeñas empresas locales. El sistema no es viable , sobre todo porque habrá que intervenir para salvar a ZARA y MERCADONA, como se ha hecho con lineas aereas y bancos, cuando los chinos se cansen de trabajar para que nos pongamos una camisa o se cansen de cultivar esparragos, y no creo que haya mucho dinero para el rescate.
wpistacho
9 .- lo que le pasa atu amigo es que su valor añadido bruto [salarios mas beneficios] es muy alto tendra que bajar uno u otro o los dos
o cerrar.
Porque va sobrevivir el y no el chinito??? no eres tan progre???
jennofonte
8 .- ¡Qué pena, Sr. Perea, que tan buen artículo haya sido comentado por tan poca gente. Supongo que lo habrán leído mucísimos más. Y si así no fuera, lo sentiría por ellos, pues es un muy buen artículo. Buen largo fin de semana a todos.
gallegon