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El Confidencial.- 27/05/2011
“Doctor, estoy triste, me siento flojo, no tengo energía”. “Seguramente padezca una depresión, va a empezar por ir a alguna exposición y asistir al teatro”. Podría parecer un chiste malo pero no lo es porque, como ha demostrado un reciente estudio, las actividades culturales mejoran la salud y la calidad de vida de quienes las practican.
Koenraad Cuypers es el investigador noruego que, encabezando un equipo de ciehntíficos y médicos, ha llegado a esta estimulante conclusión. La acaban de publicar en la revista Journal of Epidemiology and Community Helth y con ella demuestran el antiquísimo dicho que relaciona cuerpo y mente: ‘Mens sana in corpore sano’, que, en este caso, podría ser enunciado al revés.
Según han podido deducir tras entrevistar a más de 50.000 personas, pintar, tocar un instrumento, escribir, acudir a conciertos o al teatro, visitar museos o cantar hace que las personas se sienta más felices y, sobre, todo, que sus cuerpos se conserven más sanos.
El estudio de Cuypers y su equipo ha distinguido entre actividades culturales creativas (la persona toca un instrumento o pinta un cuadro) y pasivas (el sujeto lee un libro o asiste al teatro). Ciertamente el resultado es muy parecido, aunque presenta matices.
Por ejemplo, la percepción de una mejor salud y una mayor satisfacción con la propia vida se da más entre los varones que consumen cultura que entre los hombres que quienes la crean.
Sin embargo en el caso de las mujeres es al contrario: las mujeres creativas tienen más salud y bienestar vital que aquellas que asisten de forma pasiva a la cultura.
De todas formas tanto hombre como mujeres aficionados a las actividades culturales presentan en general mayores niveles de felicidad y salud que aquellos que no acostumbran a ir a conciertos, visitar museos o leer.
Aún así los propios autores del estudio, prudentemente, avisan de la dificultad de establecer una relación directa entre cultura y salud ya que, generalmente, las personas creativas y las aficionadas a las actividades culturales suelen tener mayor formación y mayor renta. Eso, precisamente, coincide con una vida más saludable.
Aún así los noruegos insisten en recordar el posible uso terapéutico de la cultura para tratar, por ejemplo, depresiones leves, estrés o ansiedad.
Ahora bien, dado que las depresiones y la ansiedad, por poner solo dos males estudiados por Cuypers y su equipo, son lacras de las sociedades modernas, no sería descabellado proponer el uso de actividades culturales dentro de los programas de prevención de enfermedades, cada vez más comunes en todos los países, al menos en los occidentales. Aunque no se puede garantizar por completo una relación causa-efecto entre salud y cultura, aclaran los autores, podría estar justificado tomar medidas en ese sentido.
“Los resultados de este estudio indican que el empleo de actividades culturales en la promoción y el cuidado de la salud podría estar justificado", aseguran los autores del estudio.
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