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Todavía hay esperanza para España
Mitt Romney contra una Casa Blanca en pie de guerra
El despertar de la Historia y el 15M
José Luis González Quirós*.- 09/02/2012
Nada paraliza tanto la imaginación política como el hecho de que se cumplan de la manera más lógica y previsible las expectativas inmediatas; se tiene entonces la sensación de que se está ejecutando un plan lleno de lógica, y eso puede hacer que olvidemos que el panorama político es todo menos risueño. Lo que ha pasado en los últimos meses parece de lo más natural, casi irrelevante, de puro previsible: el PP ha ganado las elecciones, el Gobierno va dando sus primeros pasos sin exceso de sobresaltos, Rubalcaba ha ganado el Congreso del PSOE,… pues, pese a toda esa normalidad del proceso, resulta que nos enfrentamos a un largo período de inusitada dureza, y, siempre que eso ocurre, lo que parecía razonable al comienzo puede acabar resultando un disparate.
El PSOE está en un proceso de postración del que le costará salir, confuso, derrotado, dividido, sin ideas, sin ninguna clase de esperanza y a la espera de un batacazo en Andalucía que puede suponer que la desgracia culmine en tragedia. Hay poco que esperar de este partido en el plazo inmediato. Sus críticas a lo que haga el Gobierno, como se ha visto en la sesión parlamentaria de ayer, se escucharán como quien oye llover, y todo indica que su andadura inmediata va a ser la de una decadencia insoportable hasta que una catarsis, que no se ha producido todavía, les otorgue la posibilidad de revivir, no sin esfuerzo y penas. Su esperanza, lo último que se pierde, ha de estar en un proceso de rápido desgaste del Gobierno, algo que nadie razonable puede desear, pero que, desgraciadamente no puede excluirse. Tampoco está claro, sin embargo, que un cierto fracaso a corto plazo del Gobierno pueda transformarse en la resurrección de un cadáver tan reciente.
Por su parte, el Gobierno da la sensación de que pretende afrontar la situación como un caso grave, pero ordinario, como algo que puede ser tratado con las técnicas de prudente gestión que tanto entusiasman a algunos políticos. Así está actuando, de hecho, y, de momento, no está saliendo mal parado por dos razones: porque el plazo es todavía muy corto, cosa que comprende cualquiera con un adarme de buen sentido, y porque el criterio con el que se les juzga es el de la comparación, y nadie puede decir que éste sea un criterio que haga muy difícil obtener el aprobado. Hay un pero, sin embargo, un pero muy grave.
Un paro irrefrenable, el empeoramiento de la economía, y una creciente desesperanza ciudadana pueden configurar un cocktail explosivo. En efecto, si la crisis pareciera resultar inconmovible, podríamos encontrarnos, en menos de un año, con una sensación de rotundo fracaso de un gobierno discreto, que hubiera sido eficaz en casi todos los escenarios posibles, con una situación rebelde a sus encantos, y un panorama peor que el que heredaron, tras un año de administración moderada y correcta. No es un escenario que se pueda descartar, y, si se diese, nos encontraríamos ante una situación insólita y desesperada. Casi por hipótesis, no habría otra alternativa que una crisis de gobierno, porque no habría habido tiempo para que los españoles pudieran imaginar cualquier otra solución.
Si este escenario acabare por ser algo más que imaginable, se deberá, sobre todo, a que el Gobierno se haya empeñado en tratar una crisis de caballo como si se tratase de una gripe estacional. Las maneras que exhibe este Gobierno habrían sido inmejorables si Rajoy hubiese ganado las elecciones en 2004, pero no fue así. Ahora se puede considerar como alto riesgo tratar de sacar el país adelante templando gaitas, sin atreverse a formular un relato capaz de suscitar esperanzas fundadas, una promesa de sangre, sudor y lágrimas pero con una convicción de que merecerá la pena. La prolongación del malestar y la aparente falta de resultados de medidas bien intencionadas, pero cortas, sin una reforma a fondo de prácticamente nada, puede traducirse en una situación políticamente casi intratable. Claro está que también puede suceder lo contrario, que el paro desaparezca, que la economía se reactive, y el personal se sienta alegre y juvenil, sin que haya habido que tomar ninguna medida polémica ni impopular, o tomándola, como en el caso de la subida de impuestos, a costa de los partidarios: no se pueden descartar los milagros.
La política está llena de paradojas, y podría llegar a suceder que en el momento de máximo poder del PP, tras su probable triunfo en Andalucía, la realidad rebelde le venciera el pulso a una política tan posibilista como exitosa en lo puramente electoral, pero aparentemente incapaz de enfrentarse con una crisis mucho más honda y desestabilizadora de lo que nos atrevemos a reconocer. El alma fraguista del PP le ha enseñado a adaptarse, incluso a hacer, si parece necesario, la política del adversario, pero puede que estemos ante una situación que no se arregle de ese modo, una crisis que requiera un cambio que no quepa administrar de modo tan conformista.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
6 COMENTARIOS
6 .- Muy buen análisis, felicidades.
Verdades como puños que muchos se niegan a reconocer:
-Hay que ir pensando en jubilarse a los 75 y con pensiones calculadas utilizando toda la historia laboral.
-Hay que empezar a pagar por servicios públicos: servicios sanitarios [poco pero algo], tasas universitarias [bastante más],...
-Hay que despedir a empleados públicos. Especialmente a los de baja calificación: conserjes, jardineros, los del registro que básicamente sellan un papel. Hay que contratar más a los de alta calificaicón inspectores de hacienda, jueces, investigadores en tecnología.
-Hay que cambiar de arriba a abajo el sistema de autónomos y acabar con un fraude tolerado durante décadas.
Como no hagamos esto no hay salida. Y quien lo niegue es como el avestruz, o como alguien que niegue que si tiramos un jarrón desde la azotea de un efidicio se romperá al tocar el suelo. Si no lo hacemos, será la educación de nuestros hijos, la sanidad y las pensiones del futuro las que quedarán heridas de muerte.
5 .- Sin cambios de forma que permitan decir antes de x y después de x, seguirmeos en un suelo plano, como dicen los inversores, el punto de inflexión será ¿mañana o en marzo? Seguiremos con la cuenta atrás de los 100 días.
Y si no lo tendremos que poner nosotros.
4 .- El futuro, un enigma...
¿Qué pasaría si... qué hubiera pasado si...?, son preguntas que ningún humano puede contestar...
3 .- Totalmente de acuerdo con su análisis, en la situación actual hace falta innovación [muy necesaria en la administración del Estado] y bastante imaginación, no bastan las recetas de austeridad clásicas en las que tan a gusto se encuentran Rajoy y cía. Veremos
2 .- Excelente análisis de posibilidades el que nos aporta hoy. El comienzo del nuevo gobierno ha sido decidido y firme, con nombramientos, en general, muy acertados y algún borrón muy serio, como el que usted comentaba hace poco de la potavoz de los de la ceja, que desgasta a quien la nombró sin aportar nada. Sin embargo, es la hora de una acción aun más decidida, no bastará con subir los impuestos a los afines [como usted muy bien dice], es la hora de aplicar el rigor y la exigencia, porque la imprescindible austeridad no es suficiente. Hay que atender con seriedad e imaginación al sistema productivo, a la educación, la innovación, etc. La herencia de ZP es espantosa, tanto en sus acciones de ingeniería social, como en promover una sociedad en la que impera el arbitrismo de creer que las cosas se solucionan sin esfuerzo.