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Reforma laboral: consensos, necesidades y esfuerzos

Miguel Cuenca* .-  02/02/2012

En una situación de crisis como la actual que, por su gravedad y extensión, sigue beneficiándose, para desgracia de todos, de sucesivos y no menos dramáticos titulares, sigue también resultando patente –y no es la primera vez que insisto en ello durante la crisis- la necesidad de un esfuerzo de todos los interlocutores políticos y sociales que permita, sin exigir renuncias o capitulaciones a los legítimos planteamientos, poner sobre la mesa, cuanto menos, propuestas transparentes en sus fundamentos y efectos. 

También puntos de aproximación y de potencial acuerdo, en aras a lograr, finalmente, como resultado esperado, que no cierto o asegurado, de ese esfuerzo, un amplio respaldo a los instrumentos que han de hacer frente a las lacras de nuestro mercado de trabajo.

La gravedad de la situación que vivimos nos invita, en todo caso, a un ahorro en ejercicios de crítica hueca. No es bueno, en este sentido, renegar del diálogo social cada vez que se discrepa, o no se alcanza un acuerdo. Como tampoco lo es, en un contexto como el actual, despachar posiciones opuestas mediante una simple deslegitimación del interlocutor, o situar la participación democrática y pluralista en las relaciones laborales en el nivel de la cuestión menor, por mucha vistosidad o consistencia que tenga cualquier planteamiento reformista; y por mucho que deba agradecerse, en cualquier caso, esta última consistencia.

En un proceso constante de revisión de la norma laboral, se han puesto ya sobre la mesa, hoy por hoy, múltiples planteamientos y propuestas, definidas de forma más amplia o más precisa por sus promotores, que facilitan el debate, y que permiten, también, mensurar cuánto de verdad puede esconderse tras la que se ha venido diciendo, en muchos foros, que debe ser la reforma definitiva o, sin más, con mayúsculas, La Reforma.

Estoy convencido de que muchas reformas previas, consensuadas en algunos casos mediante el diálogo social, también son acreedoras de esa mayúscula. Y también lo estoy de que, con mayúsculas –espero, por su acierto- o sin ellas, después de ésta habrá más. Es algo consustancial a la norma y, singularmente, a la norma laboral. 

Pero, como digo, en el momento actual, disponemos ya de un amplio arsenal de propuestas y líneas de actuación que permiten, en buena medida,  evitar, además de la vacuidad en el discurso, clichés o estereotipos fáciles; como aquel muy común todavía entre nosotros de la singularidad reguladora hispánica; salvo que, efectivamente, quiera profundizarse de forma seria y constructiva en la realidad de otros modelos de países de nuestro entorno para seguir construyendo, entre todos, el nuestro.

En este contexto, sin magnificar –ni minusvalorar- planteamientos pasados o presentes, he venido defendiendo que la reforma de la legislación laboral no es la panacea frente a la actual situación de crisis y sus efectos sobre el empleo, pero también, que entre las necesidades más acuciantes de nuestro mercado se encuentra dotar de un mayor dinamismo y adaptabilidad a las condiciones de trabajo en general, y al régimen salarial en particular, teniendo en cuenta las circunstancias cambiantes de nuestro entorno económico y competitivo. Es algo que puede y debe conectarse tanto con la regulación del contrato individual, como con el sistema de negociación colectiva.

Pero más allá de panaceas, singularidades o propuestas, contamos ya con algo más, que es necesario valorar como fruto de un importante esfuerzo: el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva 2012, 2013 y 2014, suscrito las organizaciones empresariales y sindicales más representativas, donde se abordan de forma tan directa como precisa múltiples cuestiones esenciales para nuestro mercado de trabajo y las relaciones laborales: desde la moderación salarial, hasta la adaptabilidad de las condiciones de trabajo;  pasando por la estructura de la negociación colectiva o la estabilidad en el empleo.

Por todo aquello, y por todo esto, creo que hay agradecer al diálogo social sus resultados, y persistir en el intento, esperando que las medidas dirigidas a regular y reformar nuestro mercado de trabajo aúnen los máximos esfuerzos de los agentes políticos y sociales, y asuman el mejor criterio. 

Miguel Cuenca Valdivia es socio responsable del áreas laboral de KPMG Abogados

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 4 COMENTARIOS

4 .-

Estimado y Distinguido Sr Cuenca:

¡Que honor que gran honor tener en esta tribuna de El Confidencial a la persona que mas sabe tanto teoricamente como practicamente.

Verdaderamente no pensaba que El Confidencial llegaria tan tan ARRIBA como a un experto como Usted.

Se lo dice alguien que le conoce "de siempre"

Desde la Plaza Salamanca hasta lo ultimo,que le felicito y se quedo SORPRENDIDO DE mi humilde pero sincerisima felicitacion

¿Recuerda aquel que se fue a Buenos Aires y regreso a Miami y despues.......a Gest.......

Lo dicho ENHORABUENA a El Confidencial

el farero

02/02/2012, 13:11 h.

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3 .- Supongo que pedir una reforma laboral radical es arar en el mar, pero, inasequible al desaliento, lo sigo intentando. La reforma que no creará empleo será la reforma blandengue, "light", la que me temo está barajando Rajoy. Las palabras de la ministra no pueden ser más inquietantes: ella quiere una reforma que cuente con el apoyo de todos. Esto es la cuadratura del círculo, porque, excepto las cortes franquistas en 1977, nadie se hace el harakiri.

erotas

02/02/2012, 10:00 h.

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2 .- Más propaganda para justificar el deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores por cuenta ajeta. Lo triste de todos estos personajes es que para ellos reforma = recorte. Dinamismo = Facilidad de despido. Todavía estoy esperando que alguien se meta con los blidajes que tiene los directivos de las empresas. Igual de perniciosos para las empresas que el despido de 45 días. Predico para los demás lo que no quiero para mi.Saludos.

caspita

02/02/2012, 09:25 h.

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1 .- Un buen artículo, Sr. Cuenca.Se dice que la Reforma Laboral no creará empleo. Quizá es una verdad a medias, que no tiene en cuenta cómo funciona la economía a largo plazo y en términos agregados. Pero aún aceptándolo, en un país con la dinámica suicida en que ha entrado España desde hace cuatro años...¿es que sería poco que ayudara a evitar despidos?Hace falta un nuevo marco contractual mucho más sencillo y que facilite la contratación, una capacidad y agilidad de respuesta para reorganizar las empresas sin despedir - ajustando turnos, horas, funciones, localizacioes, incluso sueldos -, otro modo de enfocar el aseguramiento frente al despido, las indemnizaciones y procesos de despido - menos gravoso, más equilibradoo -,otro marco de negociación para diferenciar situaciones con realismo.Habrá que añadir una reflexión sobre cotizaciones y prestaciones, empezando por la de desempleo.Eso junto con otras reformas [financiera, suelo, ADMINISTRACIONES PÚBLICAS, EDUCACIÓN] creará trabajo. Nuestro sistema de incentivos está en general descabalado. Se salva empleo salvando empresas, ahora lo destruimos porque las hemos demonizado y esto parece la profecía autocumplida.

Joaquin Gomez Moya

02/02/2012, 08:19 h.

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