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OPINIÓN
TRIBUNA ,  Manuel Muela*

Test de estrés... ¿para qué?

Manuel Muela* 13/07/2011

La crisis de la Unión Monetaria Europea sigue avanzando, con episodios cada vez más frecuentes de montaña rusa, poniendo de manifiesto la falta de cohesión y de crédito de las instituciones europeas, que les impide encarar los problemas con la determinación necesaria para ahuyentar la desconfianza y también, por qué no decirlo, la especulación. En este ambiente, para hacer méritos en el campeonato de la necedad, se programa la publicación de las pruebas de estrés de la banca europea, en las que casi nadie cree pero que resultan muy útiles para echar gasolina al incendio sin tener agua para apagarlo. En el caso de España, que es el que nos debe preocupar, pueden ser verdaderas banderillas de fuego para nuestro maltrecho sistema crediticio.

Cuando hay problemas económicos y/o financieros resulta aconsejable que las empresas, sobre todo las crediticias, hagan ejercicios de prospectiva para evaluar la evolución de tales problemas y su incidencia en el negocio. En las entidades de crédito tales ejercicios son fundamentales para tener un conocimiento cabal de su balance, con el fin de mantener unos volúmenes adecuados de capital. Nadie duda de la conveniencia de esas prácticas, que forman parte de la estructura del buen gobierno y que deben servir para mantener la confianza de accionistas y clientes.

Si algo caracteriza a la máquina institucional europea es su falta de reflejos ante los acontecimientos, y el caso de las pruebas de esfuerzo no ha sido una excepción: se ha preparado una segunda edición ignorando la realidad, de verdadera emergencia para el euro y la deuda europea

La Autoridad Bancaria Europea, con la colaboración de diferentes gobiernos, planteó en 2010 hacer un ejercicio de prueba para la banca europea en el que cada país aportó un determinado número de entidades, en general muy pocas. España, en cambio, lo hizo de forma generosa, pensando que iba a obtener un gran crédito de ello. Hubo prácticamente aprobado general, excepto algunas calabazas recibidas por la quijotesca España. Sucesos posteriores, como la crisis creciente de la deuda soberana y la quiebra de los bancos irlandeses, demostraron que estábamos ante problemas que trascendían los ejercicios normales de estrés y las pautas aplicables a los mismos. Eran problemas, en suma, que no podían resolverse aplicando el reglamento: se requerían decisiones políticas que afectaban al funcionamiento de la Unión Monetaria y al propio Banco Central Europeo, porque ambos empezaban a estar en entredicho, dada la magnitud de la crisis.

La lentitud de Europa

Si algo caracteriza a la máquina institucional europea es su lentitud y su falta de reflejos ante los acontecimientos, y el caso de las pruebas de esfuerzo no ha sido una excepción: se ha preparado una segunda edición de las mismas, algo más dura y sofisticada, ignorando la realidad, de verdadera emergencia para el euro y la deuda europea. Para España, además, que no ha aprendido la lección del año pasado, son claramente perjudiciales, porque nuestras entidades han sido discriminadas de forma notoria, sin que nuestras autoridades hayan demostrado energía para defenderlas. De hecho creo que el gobierno español, visto lo visto, debió retirarse de tales pruebas, si no se eliminaba la discriminación; porque ningún bien se puede esperar y sí abundantes males de unos ejercicios como los que se anuncian.

A propósito de la Unión Monetaria, a la que en un comentario anterior consideraba un cadáver insepulto, decía “la situación es tan comprometida que exigiría un ejercicio de realismo y de humildad para reconocer el fracaso y solicitar el concurso de la comunidad internacional: el foro podría ser el G20, transmutado en un nuevo Bretton Woods, que estableciera las pautas de salida al agujero europeo, concordando las reglas contables y financieras para evitar una quiebra de incalculables consecuencias para todos. Porque está claro que las reglas y exigencias actuales, junto con las que prepara la Autoridad Bancaria Europea, no parece que vayan a resolver nada”.

No sabemos qué hará la Autoridad Bancaria Europea con las pruebas preparadas, ni sabemos si los gobiernos harán un ejercicio de autoridad para aplazar o suprimir su publicación. Lo que sí sabemos es de la inutilidad de las mismas y del enorme perjuicio que pueden causar, sobre todo a países como el nuestro, embarcado en una reestructuración confusa del sistema crediticio y paralizado política, económica e institucionalmente.

*Manuel Muela es economista.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 1 COMENTARIOS

1 .- el gobienro español no puede defender nada, porque para defender algo, lo primero que debe de tener es seriedad, y esta le ha faltado siempre, empezando por negar la crisis.Por tanto si se pone a defender la banca, no le crerian cosa, logica

soydeasturias

13/07/2011, 19:10 h.

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