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OPINIÓN
TRIBUNA ,  Luis Riestra Delgado

El síndrome de 1938

11/07/2011

Tranquilos, no tiene nada que ver con ninguno de esos acontecimientos de nuestra historia con los que nuestros políticos suelen justificar alguna acción mesiánica. A lo que me refiero es a la concurrencia de diversos factores económicos que han revivido el recuerdo entre los economistas de hoy la recesión de 1938 o, más correctamente, a la ocurrida entre mayo de 1937 y junio de 1938, según la datación oficial.

Dichos temores han vuelto a surgir por las exigencias del Congreso americano a Obama de un plan de consolidación fiscal y techo de deuda “definitivo” para antes del 2 de agosto que, al casi coincidir con el final del QE2, que fue la segunda ronda de intervenciones expansivas heterodoxas (las ortodoxas siguen abiertas, claro) con el fin de expandir la cantidad de dinero y con ello la oferta monetaria en ese país, han resucitado miedos de una nueva y próxima recesión.

La diferencia hoy es que se genera inflación pero no empleo y la tasa de la FED no puede seguir más tiempo en un nivel negativo tan bajo; en un intento de contrarrestar eso se ha tomado la medida excepcional de liberar parte de la reserva estratégica de petróleo: veremos cuánto dura esa ayuda

Suele atribuirse el origen de aquella recesión del 37 al 38 a las subidas de impuestos de Roosevelt y al endurecimiento de las condiciones monetarias por la FED en aquellas fechas; ambos hechos son ciertos y existen innumerables trabajos que los estudian, como el de este enlace: en 1937 se doblan los requerimientos de reservas a los bancos por la FED, y la prensa de la época atestigua la obsesión con el déficit y el endeudamiento público

La evidencia empírica

Efectivamente, como puede verse en la siguiente gráfica, el Gobierno Federal americano consiguió equilibrar sus cuentas en 1938, pero la economía entró en recesión. Además lo hizo en el peor momento, pues dichas acciones  acortaron el ciclo de los negocios subsiguiente al crash.

Una de las primeras cosas que hemos de tomar en cuenta es que el colapso previo fue tal que, cuando Roosevelt jura el cargo en marzo de 1933, toda la banca estaba cerrada, no por celebración del acontecimiento si no por colapso del sistema financiero y los pánicos bancarios. Aunque suene raro, la economía tocaba fondo entonces, perdiendo casi el 30% del Producto Interior Bruto de 1929 y que no  recuperaría hasta entrado 1939. Fue desde ese fondo que se empezó a construir un nuevo ciclo de los negocios (7-9 años, o ciclo Juglar) y sobre el que se implantó el New Deal.

Eran otros tiempos: la economía mundial y la americana de entonces eran diferentes, sus organismos supervisores, su estructura fiscal, había otra “guerra” comercial… la encrucijada americana hoy es distinta y así un largo etcétera, incluso la ciencia económica en general o la gerencial en particular estaban mucho más atrasadas (ni siquiera existía la rama de la Macroeconomía). En 1936 se vivió cierta euforia de que volverían los viejos buenos tiempos -esos que nunca vuelven- y se actuó de aquella manera pensando que se hacía lo mejor haciendo lo de siempre, y no. Menudo chasco. Muchos pensaron entonces, como otros lo hacen hoy, que la macro les salvaría el trasero de su mala gestión o que les ayudaría a ganar elecciones; pero no, la economía no funciona así y menos en casos como el actual.

¿Vale, pero es 2011 equivalente a 1938? Desde el punto de vista del perfil cíclico (no de la política fiscal y monetaria), rotundamente no. En todo caso, si se quiere hacer una analogía racional, nuestro 2011 se parecería más a 1940; y 2007 - 2009, ese sí, a 1937 - 1938.

¿Son 1929 como 2001 y 1937 – 1938 como 2007 – 2009?

No soy precisamente amigo del pensamiento analógico, entre otras cosas porque como vimos en las Quimeras Europeas es fácil que lleven al pensamiento mágico, y eso, obviamente, no tiene nada que ver con la ciencia económica; sin embargo, es interesante comparar ambos casos, aunque sea de forma rápida, buscando similitudes y diferencias para no repetir errores. Usemos para ello la siguiente gráfica:

La mayor diferencia, sin duda, entre el 2001 y 1929 fue que en el 2001 se actuó de forma anti cíclica con gran decisión y contundencia, la economía tocó fondo en noviembre de 2001 (línea azul) tras una mini recesión de 8 meses; en 1929 no se hizo nada relevante y la recesión duró 48 meses (gráfica anterior). Por buscarle algo bueno a 1929, diría que aquello, con su violenta purga inicial de malos gestores, al menos produjo una reacción en los directivos públicos y privados que llevó a que Keynes y otros economistas y gestores, privados y públicos, de la generación perdida hicieran en los siguientes veinte años las reformas necesarias para llevar el sistema al equilibrio; eso no ocurrió desde 2001 y se engendró la reacción de 2007-2009 que agravó la fase final de ese ciclo de negocios. 

De manera similar, en 2007-2009 se actuó contundentemente desde el punto fiscal y monetario, pero de nuevo siguen persistiendo las dudas de que el no restablecimiento de una modernizada Acta Glass-Steagall lleve al sistema financiero por el viejo mal camino, o simplemente la duda de que, aún con unas normas sin mayores cambios, las instituciones financieras hayan realizado los ajustes necesarios, tanto en gestión como en balances. Puede que la recesión de 1937-1938 se adelantase pero al final solo duró 13 meses, tres menos de la media de las ocurridas entre 1854 y 2009; con lo que hablamos de un fenómeno estándar; la de 2007-2009 duró 18 meses. Otra cosa es la que nos puede venir a partir de 2011 en esta recuperación sin empleo con su seria insuficiencia fiscal (línea roja gráfica anterior), en que se fía todo a que la laxitud monetaria funcione (siguiente gráfica)

En la terapia de 2001 la obsesión de Greenspan fue mantener el estímulo monetario hasta que el ciclo tuviera suficiente “tracción” evitando un error japonés, aunque obvió otros de suma importancia; así, hasta que el empleo (línea granate) acompañó al crecimiento (línea negra) y bajó del 6% no se subió la tasa real (deflactada por la inflación trimestral) efectiva de la FED. La diferencia hoy es que se genera inflación (línea roja) pero no empleo y la tasa de la FED (línea azul) no puede seguir más tiempo en un nivel negativo tan bajo; en un intento de contrarrestar eso se ha tomado la medida excepcional de liberar parte de la reserva estratégica de petróleo: veremos cuánto dura esa ayuda. Lo cierto es existe un riesgo claro de que los gestores público pueden destrozar el ciclo y poner las cosas peor, que de ocurrir no sería como la recesión del 37 al 38.

Se ha de señalar también que el gabinete de Roosevelt tomó decisiones de gasto ya antes de la guerra, sabiéndolo o no, que impulsarían ciclos económicos de largo plazo y ayudaron a sostener el crecimiento futuro; algo que no se ha hecho ni en 2001 o muy tímidamente en 2009. Es este punto y los anteriores los que están pesando como una losa de incertidumbre futura en esta recuperación sin creación de empleo, más que alguna similitud con 1938.

El interés de España

Esta experiencia solo sirve a los españoles en nuestra previsión de crecimiento mundial, por nuestro déficit exterior y crisis financiera, pero no en el tipo de acciones a tomar para salir de nuestra negada y no atendida crisis. Copiar medidas de gasto de otros países, como el Plan E o los 400 euros, o medidas fiscales contra los pobres, obviando los determinantes de nuestra política económica, son acciones suicidas y cuyo resultado ha resumido perfectamente McCoy en un reciente artículo; esa triste realidad seguirá con nosotros mientras no se atiendan la lista de elementos básicos que llevarán a nuestra economía al equilibrio, independientemente de que la economía mundial viva, o no, un peculiar “1940” y siguientes y ajustemos la gestión privada al nuevo perfil cíclico.

 

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