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OPINIÓN
TRIBUNA ,  Manuel Muela*

La Unión Monetaria: un cadáver insepulto

Manuel Muela*  01/07/2011

Ha pasado a convertirse en un lugar común, desde que estalló la crisis financiera, recurrir a la fragilidad de las instituciones europeas -y en concreto de su Unión Monetaria- para justificar toda suerte de actuaciones en los mercados financieros internacionales con el propósito de obtener la máxima rentabilidad de las debilidades, muchas de ellas fundadas, de la deuda soberana europea y por ende de la moneda única, el euro.

Lo malo de ello es que son las propias autoridades de la Unión las que alimentan el esperpento en que se han convertido las diferentes políticas que emanan de ella, siendo el mascarón de proa de las mismas las de rescate de los países más débiles del área. Entre estas políticas de rescate y los famosos test de estrés bancarios se está brindando un espectáculo que, si no fuera por el dramatismo que encierra, tendría grandes posibilidades de obtener el premio a la mejor ópera bufa, superando a las del Nápoles del siglo XVIII.

En algunos comentarios anteriores me he referido a las negativas consecuencias de la huída hacia adelante de la Unión Europea desde el Tratado de Maastricht de 1992. Pero la constitución posterior de la Unión Monetaria, nacida con los fórceps de la contabilidad creativa y de la ingeniería financiera, para crear el euro y ejecutar las políticas expansivas del crédito, representa, en mi opinión, la sublimación de un despropósito. Esto ha herido de muerte no sólo a la Unión Monetaria, sino a todo el proyecto de construcción europea que, a los ojos de millones de europeos, se percibe como un problema para mantener los principios y los equilibrios políticos y sociales, que estaban en el frontispicio de los Tratados de Roma de 1957. Aquellos principios se han ido diluyendo en beneficio de los del capitalismo financiero, de origen anglosajón, convertido hoy en la ideología dominante en una Europa cuyas potencias centrales habían sido modelo de capitalismo industrial, mucho más creativo y, sobre todo, más positivo para enriquecer el tejido productivo de los países que lo practican. La llamada crisis de la deuda soberana, si no se maneja adecuadamente, y por el momento no se está haciendo, puede apuntillar el proyecto europeo.

Entre las flaquezas de la condición humana está la de la desmemoria, comprensible entre la gente corriente, pero mala compañera de los gobernantes y grupos dirigentes. Muestra de ello es lo que estamos viviendo con motivo de la depresión económica que asola a algunos países de la Unión, entre ellos el nuestro, como consecuencia de unas políticas crediticias y monetarias erróneas, que han estimulado el consumo y la especulación, tentaciones ambas en las que resulta fácil caer cuando el ambiente es propicio, sobre todo cuando se viene de la escasez, aunque eso no exima de la responsabilidad contraída.

La situación es tan comprometida que exigiría un ejercicio de humildad para solicitar el concurso de la comunidad internacional: está claro que las exigencias actuales, junto con las que prepara la Autoridad Bancaria Europea, no van a resolver nada

Tan es así que las familias y empresas de los países afectados están purgando sus propias culpas financieras, el que las tenga, y también las de otros que, como mínimo, son coautores del drama. Pero estos últimos, y me refiero en este caso a las autoridades y gobiernos de la Unión Monetaria, no solo no asumen sus responsabilidades, sino que plantean soluciones poco realistas además de injustas, que tienen poco recorrido, como se ve en el caso de Grecia, y que son el germen de convulsiones graves, como mínimo, en toda la Europa de la periferia.

Pocos dirigentes parecen recordar el Tratado de Versalles de 1919, que selló la paz después de la Primera Guerra Mundial, y que determinó que Alemania asumiría todas las responsabilidades por causar la guerra: además de perder territorio, Alemania tuvo que hacer frente a ingentes indemnizaciones que la empobrecieron y humillaron y que, a la postre, arruinaron la República parlamentaria de Weimar y dieron paso al nacionalsocialismo. El después es conocido; por eso, quienes hoy predican el empobrecimiento y la humillación de los países de forma inmisericorde están confesando su impotencia y, lo que es peor, su desvarío.

Creo que hay sobradas razones para afirmar que la Unión Monetaria está tratando de taponar de forma alocada y poco práctica los errores acumulados durante los diez años del euro, eludiendo reconocer las pérdidas que ello ha ocasionado a todo su sistema financiero, con el Banco Central Europeo a la cabeza de las mismas. Por eso resultan chocantes y vanidosas las pruebas de estrés de unas entidades crediticias europeas inundadas de deuda soberana. Sólo sirven para alimentar la especulación, los grandes operadores financieros son extra europeos y las agencias de calificación también, y para aumentar la indignación de los contribuyentes. Ni la Unión Monetaria ni la propia Unión Europea pueden con el problema; no digamos los respectivos gobiernos nacionales dedicados al sálvese quien pueda: Francia negocia con sus bancos, Alemania con los suyos etc, etc. De España qué vamos a decir.

La situación es tan comprometida que exigiría un ejercicio de realismo y de humildad para reconocer el fracaso y solicitar el concurso de la comunidad internacional: el foro podría ser el G-20, transmutado en un nuevo Bretton Woods, que estableciera las pautas de salida al agujero europeo, concordando las reglas contables y financieras para evitar una quiebra de incalculables consecuencias para todos. Porque está claro que las reglas y exigencias actuales, junto con las que prepara la Autoridad Bancaria Europea, no parece que vayan a resolver nada. Al fin y al cabo, si la Unión Monetaria nació con la contabilidad creativa y la ingeniería financiera, bien se podrían usar éstas de nuevo para salir del atolladero y alumbrar un tiempo de moderación y de realismo político, cuya ausencia nos ha puesto al borde del abismo.

*Manuel Muela es economista.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 9 COMENTARIOS

9 .- Sr. Muela, como decía ayer, que gran campo de batalla estamos dejando a americanos y asiaticos, ¿verdad?.

el chicharro

01/07/2011, 20:57 h.

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8 .- La solución esta en el crack, el que tenga que quebar que quiebre y luego si hace falta el resto de paies que lo rescaten, idem con los bancos y cajas.... Sino lo unico que estamos haciendo con los rescates, y los avales, es retrasar el golpe. Con el agravante de que ademas estamos fomentando la especulación con las deudas soberanas, por lo que el agujero es cada día más y más grande. Llegará un momento que no lo podremos tapar ni aunque queramos. El problema de la UE es en el fondo no querer ver la realidad. Nos estamos tapando los ojos con medidas a medias.... Y cuando llegue el golpe, que llegará tarde o temprano no habrá manera de salir adelante..... La única forma de conseguir parar la especulación es que de vez en cuando los especuladores pierdan dinero, ahí les duele, y si pierden dinero dejarán de prestar a quien no deben. Y el que gestione mal no tendrá quien le preste y por tanto mejorará su gestión. Y los ciudadanos lo mismo, ya vale de cambiar de coche cada 3 años e ir al caribe en verano y navidad, y nada de meter en la hipoteca del piso el todoterreno para que la mujer lleve segura a los chicos al colegio....

csc212

01/07/2011, 18:22 h.

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7 .- #1 ¿Y qué me dice de las crecidas de los ríos que inundan centrales nucleares?

Es un riesgo evidente, pero ni se tiene en cuenta ni se informa de ello, de forma conveniente.

petrapacheco

01/07/2011, 18:12 h.

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6 .- No sé si hay suficiente talento creativo ni fórmulas de ingeniería bastantes como para salir de ésta...

petrapacheco

01/07/2011, 18:10 h.

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5 .-
¿Sabe alguien ...?

¿qué empresa fué la adjudicataria de la "quema" de los billetes peseteriles del Banco de España?

¿Hubo contable o ingeniería financiera al frente del equipo encargado de lo que fuese?

¿Cuánto dinero se "cambió" y se "recambió" y se volvió a recambiá?

¿Se sigue "recambiando" todavía?

Y la pregunta del millón ¿quien controlaba?

La respuesta la tengo.

Todo se hizo debidamente y salió estupendamente.


25Aries

01/07/2011, 14:19 h.

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