Temidos, odiados, representan la peor calaña del ¿fotoperiodismo?, pero sin su impertinencia y malas artes no habría tantas historias de verano. También contribuyeron a que Marbella se convirtiera en una ciudad con nombre de leyenda. El paparazzi Otero apretó el gatillo. Click, click. Pieza capturada. Elizabeth Taylor en topless, a pecho descubierto. Un pelotazo. Fue en 1986, en la terraza del Marbella Club, propiedad de Alfonso de Hohenlohe, el inventor de la marca de lujo Marbella.
Taylor no quería imágenes de su visita. El hotel accedió a sus exigencias. Su pareja era el sonrisas George Hamilton, náufraga promesa de la Metro-Goldwyn-Mayer, quien nunca interpretó una digna película de la factoría Hollywood. Hamilton cuenta en sus memorias (Don't Mind If I Do) qué ocurrió aquella tarde-noche de buganvillas, alcohol y famoseo, la coffee society de los ochenta.
La actriz llegó a Marbella invitada por el traficante de armas Adnan Kashogui. Se alojó en La Baraka, la residencia del magnate en Benahavís, 1.000 hectáreas adquiridas al padre del último marido de Cristina Onassis. La excusa para su desembarco en la Costa del Sol (que ya conocía tras participar en el fracaso absoluto de Esencia de misterio, rodada en el castillo de Gibralfaro de Málaga) era la apertura de una nueva discoteca de la exclusiva Régine, la reinona de la noche, la preferida de las estrellas.
Esa misma tarde, Elizabeth Taylor jugó al golf con Sean Connery (el mejor 007 tenía muy mal perder con el ritual de los hoyos) y luego descansó en la terraza del Marbella Club. Allí se quitó toda la ropa y por un momento se creía en De repente, el último verano, la inquietante película con guión de Gore Vidal y Tennessee Williams que protagonizó junto a Katharine Hepburn.
Poco antes de la cena le avisaron que un paparazzi le había cazado. Se negó a acudir a la fiesta de Régine hasta que no viera las fotos. “A las 23.30 horas, el actor se hartó de esperar a Taylor y se marchó, y el público se impacientaba. Finalmente negociaron con el fotógrafo y Liz apareció a medianoche”, recuerda Juan María Torres, vicepresidente de Bodegas Torres, encargado del champagne de la fiesta.
"Una firme partidaria de la Primera Enmienda"
Tras la muerte de la intérprete de Cleopatra, el poeta-reportero Lucas Martín recupera alguna anécdota más de aquella velada de 1986. “El matrimonio se entrevistó con el paparazzi. Se esperaban promesas de dólares, ataques de dignidad e histeria, pero no hubo nada de eso. La Taylor demostró por qué era la Taylor”, cuenta en La Opinión de Málaga.
Ya lo demostró una década antes. Fue en 1973 cuando acudió al Festival de Cine de San Sebastián junto a la gran pasión de su vida: Richard Burton. Presentaba la película Una hora en la noche entre insultos por su retraso en la aparición en el Teatro Victoria Eugenia. El público la ovacionó al final.
¿Quieren saber cuál fue el desenlace de la historia del Marbella Club? La actriz tomó el carrete del fotógrafo y observó sus pechos, aún lindos, que conservaban el encanto de los que lucía desnudos con 24 años, regalo fotográfico a su tercer marido. “¿Están bastante bien, no crees?”, le preguntó a Hamilton. “Odio censurar a la prensa. Soy una firme partidaria de la Primera Enmienda”. Las fotos se publicaron. Y eso que todos temían la reacción de Liz, una mujer marcada por unos ojos que trepaban en un gigante tejado de color violeta.
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COMENTARIOS
8petrapacheco 26/07/2011 | 20:36
Liz Taylor es una actriz como la copa de un pino sin necesidad de enseñar u ocultar sus pechos.
El artículo, nada del otro mundo, se nota que estamos en vacaciones y así se justifica que sea el más leído del día.
7Gabia 26/07/2011 | 19:09
Eran otros tiempos... hoy se llevan cosas más modernas...
Punto U: El secreto de los multiorgasmos femeninos
Agustín Rivera nació a tres kilómetros del Mediterráneo, frente al estadio de La Rosaleda. Cosecha malagueña del 72. Empezó a croniquear en el periódico del triangulito (Diario 16). Trabajó doce años en la esfera verde (El Mundo). Enviado especial a 15 países de cuatro continentes (aún le faltan Oceanía y la Antártida). Vivió en dos archipiélagos (el balear y el japonés). Le dio por publicar un libro de cine (El Viaje de los Ingleses: rodando con Antonio Banderas) y crear un blog con su nombre. Desde enero de 2009 escribe en El Confidencial. También es profesor asociado de Periodismo en la Universidad de Málaga. Le encanta el reporterismo y la tinta, también de verano. www.agustinrivera.com