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José Antonio Zarzalejos.- 30/11/2011
La forma abrupta que ha empleado Esperanza Aguirre en destituir al secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, justificada en una “pérdida de confianza”, ilustra de qué forma la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha convertido por errores propios en una personalidad excéntrica en el Partido Popular, cuando lo ha tenido todo para ser una referencia general de la organización. El carisma “churchilliano” de Aguirre entre las bases populares madrileñas ha ido derivando hacia una preocupada observación de la marginalidad de su discurso en el conjunto de la organización conservadora.
Hubo un tiempo -que Aguirre no aprovechó al optar por amagar y no por la presentación de su candidatura ante el Congreso de Valencia del PP en junio de 2008- en el que la presidenta de la Comunidad de Madrid pareció haber ganado todas sus batallas. Liquidó -o lo parecía- las aspiraciones de Ruiz-Gallardón, que ha resucitado y lo ha hecho con notables expectativas; destituyó fulminantemente a su vicepresidente Alfredo Prada, que ha reaparecido en la Ejecutiva nacional del PP y como diputado, cabeza de lista por León; y ahora fumiga al que fue su consejero de Presidencia, Interior y Justicia, que reaparecerá como cargo público en la administración de Rajoy, a quien la inquilina de la Real Casa de Correos mira de soslayo y con el que se empeña en sostener un pulso estéril que hace tiempo perdió.
Como ha ocurrido con algunos otros de sus adversarios, el presidente electo del Gobierno se ha limitado a esperar el error ajeno. El que ha cometido Aguirre es grave, no tanto por la destitución de Granados, cuanto porque al hacerlo como lo hizo -procedimiento que jamás emplearía Rajoy- rompió la cohesión interna de una Ejecutiva madrileña que hasta el momento la ha arropado con unanimidad. Cuatro votos en contra, cinco abstenciones y quince miembros que no se pronunciaron ante la propuesta de la presidenta de echar de mala manera al otrora hombre de su confianza, engordando hasta el hastío el poder de Ignacio González. Todo ello ha abierto una fisura en el PP de la Comunidad que ya da muestras de desear estar definitivamente en sintonía con la dirección nacional.
En el PP de Madrid existe el temor de que la presidenta haya perdido el sentido de la realidad política. ¿Cómo se puede destituir al secretario general a los pocos días de una victoria aplastante del PP en la comunidad? ¿Es aceptable que no se espere unas semanas a proponer el cambio en la secretaría general en el congreso regional? ¿Resulta admisible que la presidenta cambie media hora antes de iniciar la sesión de la ejecutiva su orden del día para, sin previo aviso, dar puerta a Granados? Por buenas y muchas que puedan ser las razones de Aguirre para actuar como actuó, estaba obligada a explicarlas -lo que no hizo-, o esperar.
La nueva visión de Aguirre, incluso para sus más herméticos seguidores, delata nerviosismo, falta de confort político en el espacio que ocupa, aspiraciones frustradas y ausencia de solidaridad al desatar una crisis interna en el PP madrileño cuando toda la organización disfrutaba discretamente las mieles del triunfo electoral. Y, por otra parte, pone en valor las formas con las que Rajoy se aproxima a sus adversarios y resuelve los problemas, empleando más tiempo y más paciencia, pero obteniendo resultados eficientes. El presidente del PP ha recogido, además, a los que Aguirre ha ido expulsando de su círculo de confianza.
Por lo demás, recebar las facultades de Ignacio González -al que Rajoy no incluyó en la Ejecutiva nacional del PP y al que vetó para la presidencia de Caja Madrid imponiendo a Rodrigo Rato-, sea con la finalidad que fuere, implica que Aguirre desconoce el nuevo paradigma del poder en el PP que pivota sobre el próximo presidente del Gobierno. Romper la Ejecutiva madrileña supone para ella, a mayor abundamiento, la imposibilidad de que prospere su aspiración, dicen que muy sentida, de acceder a la alcaldía de la capital de España. Los errores de Aguirre -es la peor enemiga de sí misma porque nunca ha embridado un temperamento que se desborda con una frecuencia preocupante- sentencian el último round a favor de Rajoy.
Si la cúpula de la dirección del PP de Madrid era el refugio de los reticentes hacia el liderazgo del gallego, la presidenta acaba de entregársela en bandeja porque la ha alarmado. Como bien sabe Esperanza, excelente golfista, el hándicap de cada jugador siempre se refleja en la tarjeta después de un recorrido de dieciocho hoyos. Y Aguirre ha mostrado todos sus hándicaps ante un Rajoy que, emboscado, no ha tenido más que esperar.
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OPINIONES DE LOS LECTORES,
36 COMENTARIOS
36 .- Esperanza se ha quedado sin idem para ser la Presidenta de Gobierno. Ya están lejanos los tiempos en que ella era la "lideresa", y Rajoy de los "maricomplejines". Los que tenemos memoria nos acordamos de que llamó hijoputa a alguien de su partido, ¿a Granados también? Espe no ha jugado limpio nunca; durante la campaña electoral [en la que su puesto no corría riesgo, claro] se ha dedicado a hacer declaraciones o tomar medidas polémicas, de las que pueden restar votos,en contra de la campaña del PP. En las europeas que ganó Mayor, permitió una huelga en Telemadrid; a la semana siguiente había pactado con los sindicatos de la huelga el órgano de Gobierno de Cajamadrid.Ahora tiene 59 años y una enfermedad peligrosa para portarse mal, así es la vida.
35 .- #2 Ah pero ¿se presentaba Aguirre al Congreso por Madrid? Y yo que voté al PP creyéndo que el cabeza de lista era Rajoy... y ahora resulta que los votos conseguidos en Madrid se deben a Esperanza. Paradójico, cuando menos ¿No?
34 .- Mackie #30
El problema no es lo que se hiciera después del Tamayazo. El problema es el Tamayazo.
Yo tengo la sospecha de que ahí lo que hubo fue una compra de voluntades, usted que una venganza interna sociata.
Con lo que nuestra apreciación es diferente, si yo pensara que la razón del Tamayazo es sólo interna entenderia que Esperanza actúo correctamente y allá Simancas y sus colegas.
La ventaja principal de Aguirre es lo que tiene enfrente, con rivales como Simancas o Gomez la vida es mucho más fácil. Realmente sus enemigos son Gallardón y Rajoy.
Yo sí creo que lo negativo de Aguirre pesa más que lo positivo pero ya sabe de qué pie cojeo.
33 .- Por favor, Sr Zarzalejos, no se nos una a la legion de pelotas que quieren ayudar a Mariano contra enemigos reales o imaginarios, sobre todo ahora que parece que los puede laminar.
Esto parece como lo del joven fuerte que le cuenta a la novia lo de que iba por la calle y vio a 4 chorizos atracando y dandole una paliza a una anciana, y no pudo soportarlo e intervino, pregunto la novia, y que le paso a la anciana, y el contesto, "no te veas como la dejamos entre los otros cuatro y yo, para el arrastre"
[para los de la Logse, simil taurino, tras la muerte del toro se le arrastra fuera de la plaza]
saludos.
Saludos.
32 .- #9 Existe, existe......mientras no se impugnen las elecciones, existe.
Por qué no esperaís unas semanas antes de disparar al bulto. La verdad es que no parece que la postura sea muy científica que digamos.
Por más que os moleste, Aznar pasó a la Historia. A mi me gusta también Gonzalo Fernández de Cordova, pero me aguanto.
Jodida manía nacional: o salen los míos o maldigo.