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BIOGRAFÍA
Antonio España.- 15/11/2011
Imagínense por un momento que forman parte de una investigación sociológica que estudia un grupo de pastores que comparten un pequeño prado con pastos. En esta situación, ¿cómo creen que se comportará un pastor que actúe racionalmente en su propio interés? Lo más normal es que éste tienda a incrementar su cabaña, pues pronto descubrirá que puede capturar el beneficio en su totalidad de la mayor producción que le supone tener más cabezas de ganado, mientras que el coste en términos de menos pasto disponible se diluye proporcionalmente entre todos los pastores.
Ya se ve que si todos los pastores son sensatos, el pastizal tiene los días contados, dado que todo el grupo actuará de igual manera. Y así se produce la tragedia: se acaban los pastos, las ovejas perecen de hambre y los pastores se van al paro. Este ejemplo, que no es mío sino de Garrett Hardin, ilustra lo que se conoce como la tragedia de los comunes, o más correctamente de los bienes comunales, y es justo lo que está pasando con el euro y la crisis de deuda, que va camino de convertirse en una crisis de divisa en toda regla.
La tragedia de los bienes comunales fue descrita por Hardin en 1968 en un artículo que publicó en la revista Science y viene a ilustrar una situación en la que un grupo de individuos que comparten un recurso limitado, actuando de forma independiente y buscando racionalmente su interés individual terminan por destruir el recurso comunal pese a que eso es lo que menos les conviene a todos.
Pues bien, otro tanto ocurre con el euro, tal y como explica Philipp Bagus en su libro The Tragedy of the Euro*, publicado hace un año y que harían bien los políticos europeos en leérselo, subrayarlo y aprendérselo de memoria. Porque pese a la rapidez con que se desarrollan los acontecimientos, esta obra está hoy más que de actualidad con el caso no sólo de Grecia sino de Italia, que de momento se ha puesto por delante de nosotros en la cola de los rescates, pese a que, según anunciaba el viernes pasado el FT y ayer mismo McCoy en estas mismas páginas, en España seguimos siendo firmes candidatos al bail out.
Según la teoría que desarrolla Bagus, el euro permite que se produzca un efecto de redistribución involuntaria de la renta desde los países más serios en la gestión de sus cuentas hacia los países más díscolos y con tendencia a incurrir en mayores déficits. Esta redistribución ofrece a los políticos de estos países un poderoso incentivo a seguir gastando y retrasar sine die los impopulares ajustes y reformas que son necesarios, pues disfrutan de todos los beneficios electorales de este curso de acción.
Sin embargo, ese comportamiento fiscalmente irresponsable se traduce en déficits que han de ser financiados mediante la emisión de deuda pública. Deuda pública que esos estados no son capaces de pagar por sí mismos porque no generan caja suficiente. Y entonces debe intervenir el BCE, ya sea explícitamente mediante un rescate, ya sea sotto voce mediante compras de bonos soberanos en el mercado secundario —o incluso primario, pues con Mario Draghi uno puede esperarse cualquier cosa visto su estreno a los mandos del BCE.
Son pues los países más díscolos fiscalmente hablando, los más beneficiados por el paraguas común del sistema monetario fiduciario que es el euro, creándose en opinión de Bagus, y que yo comparto, una especie de carrera por imprimir más dinero que puede llevarnos a que la moneda única estalle en mil pedazos, tal y como estamos viendo.
Pues las intervenciones del BCE suponen en el fondo una monetización de la deuda que han contraído los países periféricos pero que pagan todos los ciudadanos que cobran sus nóminas y tienen sus ahorros en unos euros que valen cada vez menos. Entre ellos los alemanes, claro, que ven cómo merman sus ahorros para que los españoles, los italianos y los griegos mantengamos nuestro tren de vida. En esta tesitura, y por mal que nos caiga Angela Merkel, no es de extrañar que los alemanes estén un poco hasta las narices de los simpáticos vecinos del sur, cuando con el Bundesbank y el marco no les iba nada mal y el euro, sin embargo, no les está trayendo más que dolores de cabeza.
¿Cuál es entonces el camino que llevamos? Pues bien, vayámonos por un momento al origen de la crisis. Como ya he mencionado aquí en otras ocasiones, ésta se origina en la expansión del crédito no respaldado por el ahorro que causan los gobiernos y sus aliados, los bancos, reduciendo artificialmente los tipos de interés y multiplicando los préstamos merced al privilegio de la reserva fraccionaria.
Esto generó una fase de boom bien conocida que se materializó en una burbuja inmobiliaria. Cuando estalló la burbuja, en lugar de dejar que las fuerzas espontáneas del libre mercado actuaran para liquidar las malas inversiones y así poder volver a crecer de manera sana, el estado intervino cortocircuitando el proceso de ajuste y originando mayores problemas a futuro —futuro que ya está aquí.
No sólo se evitó una rápida recuperación tras un brusco pero breve ajuste que permitiera reubicar los recursos productivos allí donde eran realmente demandados, sino que además se hipotecó el futuro, al dilapidar el gobierno cualquier superávit acumulado en la fase expansiva y endeudarse hasta la ceja para salvar a los sectores de la construcción y del automóvil con sendos planes de estímulo fiscal, para luego tener que salvar al sector financiero, con especial protagonismo de las cajas de ahorros.
Resulta pues que la deuda generada —y multiplicada— en la fase de expansión previa, ha ido pasando de las familias y las empresas (crisis de la economía real) a los bancos, de los bancos (crisis financiera) a los estados, de los estados (crisis de la deuda soberana) al BCE y del BCE (crisis de la divisa) a... ¿a dónde?
Y en esas estamos. O sea, que se masca la tragedia, sí.
Me cuesta pensar que el euro, que fue una decisión política y no económica, se deshaga para que cada país vuelva a su divisa inicial. Con respecto al euro de dos velocidades, tampoco veo claro que a alemanes y franceses les interese quedarse prácticamente solos en un euro A de primera división. Sería un equilibrio político demasiado complicado para ambos países sin el contrapeso de países del tamaño de Italia o España y no veo que les reportara grandes ventajas con respecto a la vuelta a sus divisas originarias.
Por otro lado, el euro B con toda probabilidad, con Grecia o sin Grecia, se vería devaluado casi inmediatamente. Esto supondría un alivio para estos países pero en la práctica representa un default de su deuda pública —que devolverían en una moneda devaluada—, y tendría un importante impacto sobre los países del euro A, a los que a corto plazo les serviría de poco la doble velocidad.
¿Qué debería pasar? Que se tomaran medidas de ajuste en serio, reduciendo drásticamente el gasto público, recortando donde haya que recortar y privatizando lo que se pueda, que es mucho todavía. Bajando impuestos todo lo que el déficit permitiera para no incurrir en más deuda. Reduciendo el tamaño del sector público para liberar recursos y crédito para las empresas privadas. Dejando actuar las fuerzas espontáneas del mercado para que se terminen de liquidar los errores de inversión del pasado, sin rescates y sin medidas para salvar supuestamente ninguna empresa ni sector. Y flexibilizando y liberalizando la economía para que los recursos productivos puedan reubicarse sin trabas allí donde son necesarios y hoy no están llegando.
¿Qué va a pasar? Honestamente, creo que es impredecible, pues con estos políticos nunca se sabe. Miren ustedes el resultado de la última cumbre. Aunque ya nos lo anticipaba el dicho popular: reunión de pastores, oveja...
* Philipp Bagus, The Tragedy of the Euro, Mises Institute. Se puede descargar gratuitamente en formato electrónico o adquirir una copia en papel aquí.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
17 COMENTARIOS
17 .- Queridos lectores, a modo de actualización quisiera comentarles porvsi les resulta de interés que me ha escrito Philipp Bagus, autor que del libro que menciono y es fuente principal del artículo y me ha comunicado que en breve La tragedia del euro saldrá publicada en castellano por Unión Editorial.
Un saludo,
16 .- #14 Hola Antonio,
Pues esa es la clave de la cuestión, si consideramos a los Euros bienes futuros o no. El 99% de los austriacos tienen muchos problemas para decidir si un Euro es un bien futuro o un bien presente. Por eso te insistía otras veces en que le echases un vistazo a la teoría monetaria de Bondone, que parte directamente de Menger evitando los desafortunadisimos errores de Mises. De verdad, vale la pena que lo mires.
Sobre el dilema en particular si los Euros son bienes presentes o no, yo no tengo ninguna duda. Un bien presente nunca es el pasivo de nadie, y los Euros siempre son pasivos de un banco.
Otra forma de verlo es que un pasivo nunca puede ser un bien presente, por definición es una obligación o un deber futuro.
La confusión de los austriacos viene por la consideración del Euro como moneda, o el carácter inconvertible del Euro. Pero como es natural, ni el hecho de que sirva como moneda, ni su inconvertibilidad cambian su naturaleza de pasivo o bien futuro.
15 .- me alegraré el dia [muy proximo] en el que todos los ahorradores que tienen su pasta en los bancos lo pierdan absolutamente todo. Asi aprenderan la regla de oro, una ley natural, que dice que no se pueden garantizar las ganancias sin riesgo. No existe tal cosa como la renta fija. Toda ganancia implica un riesgo, lo que había era una aberracion monumental que va hasta contra el segundo principio de la termodinamica.
Ahora aprenderan que el riesgo de la renta fija, del interés pagado por cuenta corriente o por bonos, es que tu dinero desaparezca del mapa de un dia para otro ante la descomunal oleada de morosos imposibles de ejecutar.
Pasará. Prontito.
Kaput, merluzos ahorradores!
14 .- #9 manuelgar Nos hemos cruzado antes. Creo que no estoy totalmente de acuerdo con eso. Desde luego sí con que un préstamo es un intercambio de un bien presente por un bien futuro, pero no con que los euros sean ese bien futuro. El dinero es un medio de intercambio y en un sistema fiduciario como el nuestro, a futuro puede ser cualquier cosa, y ahí está el engaño y el espejismo que comentaba en mi anterior respuesta.
#12 Duke, me lo ha quitado usted de la boca, aunque seguramente lo ha explicado mejor que yo. El déficit comercial [que no fiscal] no es necesariamente malo si es sostenible y se financia con el ahorro interno y la generación de riqueza. Seguramente, es mejor tener coches y alta tecnología que dinero acumulándose en el banco.
13 .- #5 No sé si sería la codicia o un idealismo paneuropeo que a principios-mediados de los 90 era real y poderoso. Lo cierto es que al día siguiente de admitirse a Grecia en el euro ya figuraba en todos los periódicos que se había hecho la vista gorda con unas cuentas evidentemente falseadas.
Saludos
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