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España, año cero

BIOGRAFÍA

Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español y trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es subdirector de El Confidencial.

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Carlos Sánchez.-  20/11/2011

El papel jugado en la Historia por ciertas personalidades fue uno de los debates historiográficos más relevantes del siglo XIX. Carlyle le dio una importancia fundamental, pero años después Bertrand Russell lo acusó de haber exagerado. En su opinión, los discípulos reaccionarios del ensayista británico habían hipertrofiado la influencia de los líderes en los cambios sociales y políticos. Russell -probablemente el hombre más sabio de su tiempo junto a Isaiah Berlin-, aceptaba, sin embargo, el papel determinante de ciertas personalidades. Incluso, estaba de acuerdo en que si Bismarck hubiera muerto de niño, la historia de Europa no hubiera sido la misma.

Mariano Rajoy no es Bismarck. Ni probablemente quiera serlo. Y aunque la vieja Prusia vuelve a mandar sobre el continente, lo cierto es que no tiene ni el carisma ni los aires aristocráticos del canciller de hierro. Ni, por supuesto, su arrojo político. Rajoy presume de ser previsible, lo cual no se sabe si es bueno o malo en los momentos actuales. En todo caso, haría bien en repasar la historia de Prusia para evitar caer en brazos de lo que el politólogo alemán Heinrich von Treitschke denominaba las dos grandes fuerzas de la historia universal: ‘la fuerza de la estupidez y la fuerza del pecado’. Y estupidez y pecado ha habido a espuertas en los últimos años en España y buena parte del continente europeo, donde la clase política no ha estado a la altura del tiempo que le ha tocado vivir.

Hasta el punto de que, como decía gráficamente un broker británico a mediados de esta semana, “lo que está pasando en el continente es como asistir en directo a un choque de trenes a cámara lenta”. Y en verdad no le falta razón. Si algo parece evidente es la incapacidad de las autoridades europeas para resolver una crisis que ha erosionado el mercado único y ha creado daños irreparables a corto plazo sobre el proceso de construcción europea. Probablemente por la existencia de una arquitectura institucional claramente insuficiente para sostener el andamiaje que exige la moneda única. Y aquí está la primera piedra en el camino del futuro presidente.

Rajoy no es Bismarck. Ni probablemente quiera serlo. Y aunque la vieja Prusia vuelve a mandar sobre el continente, lo cierto es que no tiene ni el carisma ni los aires aristocráticos del canciller de hierro. En todo caso, haría bien en repasar la historia de Prusia para evitar caer en brazos de lo que Von Treitschke denominaba las dos grandes fuerzas de la historia universal: ‘la fuerza de la estupidez y la fuerza del pecado’

José María Aznar, en una célebre entrevista que le hizo el WSJ en 1997, fue preguntado en aquella ocasión sobre las causas del ‘milagro español’. Y Aznar le contestó: ‘el milagro soy yo’. A parte de lo bravucón que resulta el personaje con esta declaración, lo cierto es que el primer Gobierno del Partido Popular tenía margen de maniobra para actuar contundentemente. Dependía esencialmente de España formar parte desde el minuto uno del nacimiento del euro, pero ahora ese margen apenas existe. Ni tampoco tiempo.

La España que no volverá

A veces se olvida que el tipo medio de la deuda pública que pagaba el Tesoro en 1996 era del 8,24%, y que hoy, pese al angustioso repunte del diferencial con Alemania, es de apenas el 3,96%, lo que indica que por esta vía hay poco que rascar. El coste del servicio de la deuda (todavía pequeño) sólo puede crecer. Y hay que tener en cuenta que con el actual nivel de endeudamiento (sólo del Estado), cada punto de tipo de interés adicional sobre el saldo  total representa casi 5.800 millones de euros. Pero es que los fondos de cohesión tampoco llegan como antes (hasta un billón de euros netos en los mejores años); ni hay apenas empresas públicas que privatizar. Por supuesto que tampoco se puede devaluar, lo que permitió a España ganar hasta un 24% de competitividad exterior en los años anteriores a la llegada del primer Gobierno del PP. Y ni tan siquiera se puede apelar a los inmigrantes, que en los años del ‘boom’ son quienes hicieron la verdadera reforma laboral que ningún Gobierno se atrevió a hacer. Y qué decir del ‘ladrillo’. Antes de volver a construir hay que dar salida a casi un millón de viviendas sin vender.

La España del año cero, por lo tanto, viene en un contexto muy diferente. Entre otras cosas porque el recurso al endeudamiento ya no es posible. El crecimiento de los próximos años habrá que financiarlo con ahorro interno, algo extraño para un país acostumbrado a vivir de prestado. Incapaz de tejer un sistema productivo sólido más allá de contar con una docena de grandes multinacionales herederas en su mayoría de los antiguos monopolios. Y que, en contra de lo que suele decirse, son, en muchas ocasiones, más un freno que un trampolín de crecimiento, como lo refleja que las tarifas eléctricas o el precio del teléfono o del gas o la gasolina (sin impuestos) sea más caro en España que en la UE. Multinacionales que recuerdan a los problemas que tuvo el ministro Santiago Alba cuando para hacer frente a una deuda galopante que superaba los 1.000 millones de pesetas quiso imponer un impuesto extraordinario a las empresas que habían obtenido fuertes beneficios de la neutralidad española en la Gran Guerra, principalmente vascas y catalanas. La Lliga y la burguesía vasca (a la que Alfonso XIII había incorporado a la aristocracia palaciega) hicieron frente común y el proyecto reformista se fue a pique.

Más industria

Regenerar un tejido productivo maltratado desde que España entró en la UE hace 25 años es, en este sentido, la clave de bóveda de la futura política económica, lo cual exige independencia de criterio y de actuación respecto de los grupos de presión. Algo complejo y sin duda deseable en el marco de un sistema político clientelar cuya correa de transmisión son las comunidades autónomas, responsables de las dos terceras partes del gasto público. De nuevo, no estaría de más mirar hacia el viejo canciller Bismarck.

Regenerar un tejido productivo maltratado desde que España entró en la UE hace 25 años es la clave de bóveda de la futura política económica, lo cual exige independencia de criterio y de actuación respecto de los grupos de presión.

Como se sabe, Alemania llegó tarde a la revolución industrial, pero pudo aprovecharse de la experiencia de Inglaterra. Por ejemplo, en lugar de intentar competir con las universidades británicas de élite -un objetivo inalcanzable en aquella época- lo que hizo Alemania en la segunda parte del siglo XIX fue construir una red de enseñanza secundaria que todavía hoy es imbatible. Y así es como desde un nacionalismo fuerte -en un sentido no excluyente del término-  la competencia fue dirigida hacia el exterior -justo lo que España necesita ahora-; mientras que en el interior las ventajas de la cooperación entre los agentes económicos fue la norma, lo que  fue posible gracias a la lealtad germana hacia el Estado. De esta manera, nació una burocracia honesta y competente sin la cual el desarrollo de la economía alemana no hubiese sido lo que es hoy.

El Estado debe recuperar, por lo tanto, credibilidad después tantos excesos y delirios autonómicos. Un Estado fuerte y democrático -y sin duda federal- capaz de articular un proyecto común sobre la base del entendimiento de todos los agentes económicos y sociales, para lo cual hay que erradicar el sectarismo, probablemente el peor mal de la clase política. La cooperación de los agentes económicos y sociales es la clave.

Roosevelt lo llamó New Deal y Obama  lo esbozó en su discurso inaugural: “Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y de la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política”. Nada que añadir.

Sobre todo cuanto este país -sector público y privado- deberá pedir el año que viene al exterior fondos por valor de más de 330.000 millones. Una cantidad colosal que prácticamente lo pone en manos de alguno de programas de ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que hará retrotraer a la economía a finales de los años 70, cuando todavía tenía una posición deudora con la instituciones de Bretton Woods. Con  todo, ese cortafuegos en forma de préstamo -como se hizo con Polonia y México tras el derrumbe de Lehman Brothers-  es mejor que volver a oír lo que dijo Bismarck en 1848: ¡Por qué diablos me ocupo yo de los pequeños Estados. Mi único interés es defender y acrecentar el poder de Prusia!

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 193 COMENTARIOS

193 .- #84
Apreciado Cubillo, será deformación profesional, pero a veces el pragmatismo no necesita excesivos adjetivos.
Y ya sabemos todos que no podemos debatirnos entre lo “accesorio” [Autonomías] y lo esencial España.

Un afectuoso saludo

lectora_eterna

21/11/2011, 19:13 h.

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192 .- Vaya ocho añitos que nos ha dado esta gente!! Ya estamos todos hartos de zancudos, chirimiteros, diavolos e indignados [que ya no convencen a nadie]...Hasta nunca Zapatero! Hasta luego Rubalcabra!

Bloodhuntid

20/11/2011, 22:31 h.

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191 .- Estoy enganchado a la pagina web del ministerio del interior y es espactacular lo bien que funciona.

Tengo abiertas pestañas a los resultados de España, Andalucia, Cataluña, Pais Vasco, Sevilla y Valencia. Se refrescan instantaneamente. Mucho mejor que en el 2008 que se colgaba continuamente y no pude acceder hasta despues de la media noche.

Como dice mi hermano:
Hay que ver lo que inventan los payos

ciudadanomedio

20/11/2011, 21:45 h.

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190 .- #188 Es que Mafaldita cogio carrerilla el fin de semana pasado y la inercia ya se sabe.

Pero los campeones son Vd y Guiri, trolles aparte.

Saludos

ciudadanomedio

20/11/2011, 21:27 h.

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189 .- #87

Estimado Cubillo:

Creo que Taraza se encargará de tramitarlo. Gracias por su opinión.

Quisiera decir que puse el post #30 con un poquito de mala intención y esperaba incluso que lo borrasen ya que incurre en varias provocaciones:

1.- Propone en jornada electoral un golpe de estado ya que al Presidente de Gobierno lo suceda el Vicepresdente.

2.- Involucraba en el mismo a la Corona.

3.- Sugería que sería contra las Autonomías.

4.- Involucraba al Opus Dei.

5.- Todo ello en jornada electoral.

Sin embargo el 99,9% de los foreros han pasado del tema [seguramente lo consideraron una patochada, aún en el supuesto de haberlo leído] y los 4 que lo han considerado dan por supuesto que en caso de producirse dicho golpe [similar al 23-F] a nadie le importaría demasiado.

Curioso....

Saludos

 

Ramon Llera

20/11/2011, 21:09 h.

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