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Carlos Sánchez.- 02/10/2011

Merece la pena recordarlo. Pero fue el historiador económico Van Klaveren quien situó el concepto de “administración honesta” sólo a partir de la revolución francesa. Durante el antiguo régimen, la corrupción y el fraude eran asunto cotidiano que convivía con los gobernantes. Pero a partir del estado moderno surgido de la Ilustración, son los propios gobiernos quienes tienen especial interés en acabar con el fraude. Por supuesto que en defensa propia. Los estados necesitaban dinero para financiar tanto sus guerras como un aparato administrativo y burocrático con tendencia natural a engordar, como demostró la llamada ley de Wagner.
El economista alemán observó que el tamaño del Gobierno tiende a crecer a medida que prospera el nivel de vida de los habitantes, lo que en principio puede parecer una contradicción. Se supone que los ciudadanos de un país ‘rico’ tenderán a depender menos del Estado que los habitantes de una nación en vías de desarrollo. No es así. Wagner lo vinculó a una constatación. Al hacerse las sociedades más complejas, las necesidades de gasto público son mayores. Y, por lo tanto, hay que aumentar el tamaño del Estado. En países muy pobres, por el contrario, no hay demanda de bienes públicos simplemente porque falta casi todo.
El caso español es, en este sentido, paradigmático. En 1975, la renta per cápita en términos de paridad de poder compra representaba el 75,7% de la media de la eurozona, mientras que el gasto público apenas alcanzaba el 25% del PIB. Treinta y cinco años después, la renta per cápita supone el 101% de la media europea, pero el nivel de gasto público también ha subido de forma intensa: el 45% del producto interior bruto el año pasado. Parece evidente la relación entre gasto público y riqueza relativa, al menos en Europa. Aunque lógicamente con límites. La atrofia del estado aparece cuando no es financiable, que es lo que ocurre actualmente en España.
No es, desde luego, ninguna novedad. Lo mismo sucedió en Europa en los 80 y lo 90, pero ingleses, suecos y alemanes supieron hacer las reformas necesarias. No para desmontar el Estado de bienestar, sino para garantizarlo sobre bases más solventes. Hoy el gasto público representa alrededor del 50% del PIB en la media de la eurozona, cinco puntos más que en España. Pero mientras que los ingresos suponen el 44% del producto, en España alcanza un ridículo 35%, lo que explica negro sobre blanco que el actual tamaño del estado sea simplemente insostenible.
Claro está, salvo que el sector público encuentre 50.000 millones de euros debajo de las piedras. Y no sólo una vez, sino de manera recurrente. El aumento del gasto público, en todo caso, explica la avidez del Estado a la hora de recaudar.
Como ha puesto de manifiesto la profesora Cárceles de Gea*, a partir de esa necesidad real de recaudar fondos públicos, el fraude comenzó a ser considerado delito, toda vez que atentaba “contra los intereses de la Corona”. El delito, sin embargo, tenía un fuerte componente económico, pero no de carácter moral o ético, por lo que el fraude históricamente siempre se ha asociado a comportamientos de índole pecuniario. Sólo delinque quien defrauda dinero, pero no quien con el engaño o la mentira favorece el deterioro de la cosa pública y degrada la actividad privada.
Y así es como el mundo se ha rodeado de mentiras cada vez más gordas que pasan inadvertidas para el código penal, agujereado hasta límites insoportables. El desprecio por la honestidad intelectual, la incompetencia burocrática, el nepotismo, la patrimonialización de la función pública, la corrupción de las ideas, la demagogia política en periodo electoral (y fuera de él) se han apoderado de la vida pública.
Y así es como el mundo se ha rodeado de mentiras cada vez más gordas que, como no puede ser de otra manera, pasan inadvertidas para el código penal, agujereado hasta límites insoportables. El desprecio por la honestidad intelectual, la incompetencia burocrática, el nepotismo, la patrimonialización de la función pública, la corrupción de las ideas, la demagogia política en periodo electoral (y fuera de él) se han apoderado de la vida pública, y nada indica un cambio de tendencia.
Una enfermedad de la política
La corrupción, en su sentido más amplio y no meramente de raíz económica, se ha convertido de esta manera en una patología política basada en el abuso del poder, en la violación sistemática del espíritu del sistema jurídico y en la ausencia de instrumentos de control, como bien ha puesto de relieve la Gran Recesión iniciada en 2008.
No ha fallado la economía, ha fallado la política. Y hasta el propio Fondo Monetario Internacional reconoce en su último informe de estabilidad financiera que la crisis actual es política. Ya ni siquiera económica.
Ocurre, sin embargo, que el sistema político se ha emponzoñado con mentiras. Algunas de mucha enjundia. Como la que ha denunciado recientemente el economista Martin Feldstein, quien ha recordado lo obvio. Los bancos alemanes y franceses están fuertemente expuestos a la deuda del gobierno griego. Y, por lo tanto, retrasar la suspensión de pagos sólo implica ganar tiempo para que las instituciones financieras francesas y alemanas aumenten su capital, reduzcan su exposición a los bancos griegos mediante la no renovación del crédito a su vencimiento, y vendan los bonos griegos al Banco Central Europeo. Es decir, en última instancia una socialización de las pérdidas.
Feldstein, uno de los economistas más influyentes del mundo, apunta una segunda razón. Lo que realmente temen franceses y alemanes es que una suspensión de pagos precipitada prenda en otros países, principalmente España e Italia. El problema no son los países periféricos, sino los bancos que de manera irresponsable han prestado dinero a gobiernos manirrotos, y que sin duda merecen el castigo y hasta el ostracismo por parte de la opinión pública.
Otras mentiras son aparentemente de menor enjundia; pero, sin embargo, abren en canal la credibilidad del sistema. Por ejemplo, la pantomima que ha hecho el Banco de España con la reforma de las cajas de ahorros. Durante años ha negado lo evidente, que un número de entidades financieras están quebradas, pero en aras de mantener una realidad virtual sobre la imagen del sistema financiero, ha sacrificado el crédito de las familias y las empresas sólo para mantener un decorado de cartón piedra.
Si el sistema financiero no es capaz de dar crédito -y de manera un tanto impúdica lo ha reconocido el Santander en Londres-, es que no cumple su función económica. Y, por lo tanto social. El hecho de que el Estado se quede con el crédito privado (efecto crowding out) y hasta pida prestado a la banca, como ha publicado en este periódico Eduardo Segovia, para mantener vivas unas cajas de ahorros que están muertas, no es más que el reflejo de una deshonestidad moral e intelectual sin paragón que expulsa a los gobernantes del paraíso de la razón. Sin duda que el gobernador Fernández Ordóñez irá al infierno de las ideas.
El hecho de que el Estado se quede con el crédito privado (efecto crowding out) y hasta pida prestado a la banca para mantener vivas unas cajas de ahorros que están muertas, no es más que el reflejo de una deshonestidad moral e intelectual sin paragón que expulsa a los gobernantes del paraíso de la razón. Sin duda que el gobernador Fernández Ordóñez irá al infierno de las ideas.
El crédito es la arteria por la que circula el sistema económico, y mientras éste no fluya, el país no saldrá adelante. Y sólo hay un camino, pinchar lo que queda de burbuja y provocar una reevaluación de los activos, principalmente inmobiliarios.
Bancos y crédito hipotecario
Es curioso que la banca argumente que no hay crédito porque no hay demanda solvente (por el desempleo); pero oculta, precisamente, que la tasa de morosidad más baja (apenas el 2%) tiene que ver con el crédito hipotecario, lo que desmonta esa teoría. Como les gusta decir a los banqueros cuando las cosas van bien, lo último que dejan de pagar los propietarios es la casa. No se da dinero simplemente porque es más rentable colocarlo en deuda pública, aunque ello conlleve poner al sector al pie de los caballos por una caída de precios que devora los balances. La alianza entre poder económico y banqueros es, en este sentido, de aurora boreal.
Mentiras, muchas mentiras aventadas, en todo caso, por la existencia de un sistema político atrofiado y endogámico cuya única aportación a la teoría del pensamiento es el célebre ‘y tú más...’. Como se sabe, un fino análisis de la realidad. El espectáculo de los recortes es digno de pasar a la borgiana historia universal de la infamia.
*Beatriz Cárceles de Gea. Fraude y Administración Fiscal en Castilla. Estudios de Historia Económica. Banco de España.
EL REDACTOR RECOMIENDA
OPINIONES DE LOS LECTORES,
27 COMENTARIOS
27 .- Ya está bien de la desinformación de los medios. No es extraña alianza, es que el poder coloca a sus figurantes, los cuales crean la agenda que al poder le interesa.
26 .- #12 #16 #17
Estoy de acuerdo con Vds., las cifras y comparaciones que contiene este artículo no son reales.
“Nuestro grado de convergencia real con las economías centrales europeas, es decir el PIB per cápita de España en porcentaje del PIB medio de la otrora Comunidad Económica Europea [CEE], es hoy inferior al conseguido en 1.975.”
“En 1.975 era del 81,4 por ciento, en 1.985 cayó al 70,8 por ciento y, en el año 2.006 era del 79,5 por ciento”
Por lo que respecta al comentario #13
“En 1.975, el 54 % del PIB correspondía a las rentas salariales y el 46 % a rentas del capital, actualmente el porcentaje se ha invertido y las rentas salariales sólo representan el 45 por ciento”
Los países que en 1.975 conformaban la CEE eran, Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca.
Los entrecomillados corresponden a párrafos del artículo publicado por el Profesor Centeno, en este periódico, el126 de Mayo de 2.008.
25 .- # Muy de acuerdo en que no hay alianza posible -ni la ha habido- entre banqueros y gobernantes; muy en desacuerdo en que los banqueros mandan. Estoy convencido de que Ud. se equivoca en ese punto como muchos otros no iniciados. El poder, el auténtico poder, está en manos del gobierno [poder político] bien con el BOE ó con sus leyes-decretos, si no con sus hostigamientos y enjuiciamientos ó amenaza de los mismos. Y a los banqueros que se salen del plato se les dobla el brazo con alguna espada de Damocles que se mantiene amenazante durante los años que hagan falta [Botin] ó se les enchirona directamente[Conde]. Créame.
24 .- Impecable comentario. En riqueza seguimos estando por detrás de los países centrales de Europa, aunque nuestra posición relativa haya mejorado respecto de 1975.
Ahora me pregunto si nuestro nivel de vida y de consumo son muy diferentes de los de Francia y Alemania, o si nuestro estado de bienestar es incluso más generoso que el suyo.
A título de ejemplo, durante las vacas gordas se publicó la noticia de que el precio medio de los automóviles vendidos en España era superior al de Francia o Italia.
Hemos "alcanzado" a Europa en gasto, no en riqueza real, producción o tecnología, y cubrimos la diferencia con deuda. Esta situación no podía sostenerse mucho tiempo.
En 1975 éramos pobres. En 2000 nos creíamos ricos.
23 .- Hoy, Krugman, reconocido neokeynesiano ha dicho que lo que necesita la Eurozona es una política fiscal y monetaria expansiva.
Mientras, el candidato Aldedo Pérez nos amenaza con subidas de impuestos, día sí y día también a todo tipo de sectores.
Sectores que obviaran el incremento, pasándolo al consumidor, como es lógico.
Así tendremos un consumidor con menos dinero para gastar, lo que provocará nuevos despidos, nuevos ERE´s y más parados, que lógicamente no pagarán impuestos y que incrementarán los apuros de la Seguridad Social para nivelar sus cuentas al no poder aportar el Estado las cuotas correspondientes.
Grandes ideas las del Sr.Pérez. Sí señor!.
Y luego dice que va a sostener el Estado de bienestar???.
En cambio, parece que el BCE -por fin- se apresta a seguir el consejo, se olvida de subir los tipos -debería bajarlos- y se encamina a una política monetaria expansiva. Eso aliviaria grandemente nuestra maltrecha economía.
NOTEBOOK
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José Antonio Zarzalejos