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La patética defensa de la izquierda a un mal juez

BIOGRAFÍA

Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.

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Federico Quevedo.-  18/01/2012

Si hay alguien en una sociedad ordenada por un Estado de Derecho que tiene la obligación personal y moral de cumplir la ley con una exigencia mayor que la del resto de los ciudadanos, ese es un juez. En su condición de magistrado, el juez tiene un deber de ejemplaridad sin duda my superior a la de cualquier otra persona. Imaginen, por un momento, que van por una carretera y delante viaja un coche de la Guardia Civil de Tráfico sin ninguna señal aparente de urgencia -ni luces, ni sirena-, pero que al llegar a una señal de STOP el vehículo hace caso omiso de la misma y se la salta provocando un accidente. Cualquier persona normal entendería que a la hora de sancionar esa acción, el hecho de tener la condición de autoridad en cuestiones de tráfico constituyera un agravante. Pues en el caso que desde ayer se juzga en el Tribunal Supremo con el magistrado Baltasar Garzón ocurre exactamente lo mismo: se ha saltado la señal de STOP vulnerando los derechos constitucionales de los imputados en una causa y de sus abogados defensores.

El nuestro, guste o no, es un sistema legal garantista, como el de la mayoría de los sistemas legales de nuestro entorno. El procesado está protegido por una serie de derechos que solo bajo la excepción de los delitos de terrorismo o narcotráfico el juez instructor puede vulnerar. Esto es, básicamente –teniendo en cuenta que yo no soy un jurista y que lo intento aclarar con palabras bastante simples-, lo que se dilucida en esa sala en la que se sienta en el banquillo el juez estrella, un hombre que deja indiferente a pocos, controvertido y provocador. Es cierto -no vamos a negarlo- que Garzón tiene amigos y enemigos entre sus correligionarios, pero como le ocurre a cualquier otro juez de los que se sientan en los despachos de la Audiencia o del Supremo. Es cierto, también, que entre la sociedad y la clase política cuenta con partidarios y detractores, como ocurre con cualquiera que adopta un papel mediático de ‘estrella’, más si cabe si eso se añade el haber cumplido con una cierta responsabilidad política en las filas de un determinado partido político.

Quiso brillar con luz propia abriendo una causa imposible contra Pinochet, y como aquello le salió mal, lo intentó de nuevo contra otro dictador, esta vez ya muerto, Franco, cayendo de nuevo en el error de anteponer su interés personal al principio de legalidad

Más allá de mi convicción de que ningún juez que haya dejado temporalmente su dedicación para ocupar un cargo público debería volver a ejercer como tal, o que de hacerlo debería ser bajo la estrecha condición de una durísima regla de incompatibilidades, lo cierto es que una vez que se ha dado ese paso tan significativo ningún juez puede pretender que sus acciones no se miren desde el prisma de la sospecha. Con todo, estoy de acuerdo, y lo he escrito antes, con quienes acusan a unos y otros, a derecha e izquierda, de haber alimentado al monstruo.

Lo hizo el PSOE ofreciéndole ir en sus listas y poniéndolo al frente de la lucha contra la droga, aunque el hecho de no concederle su máxima aspiración -el Ministerio de Justicia- supusiera para Felipe González el calvario de los GAL -ya entonces habría que haberle apartado del caso, por razones obvias-. Y lo hizo el PP utilizándolo en la lucha contra ETA y distinguiéndole por su labor al servicio del Ministerio del Interior. Mal entonces, y mal después, cuando siguió haciendo lo mismo esta vez con un nuevo Gobierno socialista, que actuó en la dirección contraria, a la que se adaptó Garzón poniendo una vez más en entredicho la independencia del Poder Judicial.

Quiso brillar con luz propia abriendo una causa imposible contra Pinochet, y como aquello le salió mal, lo intentó de nuevo contra otro dictador, esta vez ya muerto, Franco, cayendo de nuevo en el error de anteponer su interés personal al principio de legalidad, lo que le ha conllevado una nueva causa que se verá la semana que viene. Sumarios anulados, instrucciones mal hechas… Baltasar Garzón no ha sido, no es un buen juez, y por eso resulta patético el modo en que desde la izquierda se le quiere convertir en una especie de víctima, en un represaliado de no se sabe muy bien qué, porque en una democracia y en un Estado de Derecho no existen las represalias, sino la Justicia.

Garzón no es ningún luchador de causas perdidas, no es un símbolo de nada más que de su propio oportunismo y de su inefable tendencia a aprovechar las circunstancias en beneficio propio. La izquierda puede salir a la calle, Gaspar Llamazares puede gritar hasta quedarse sin voz, pero nada va a hacer cambiar la realidad sobre un juez que ha hecho un daño irreparable a la Justicia, que ha vulnerado la Ley y que ha antepuesto su interés personal por encima del general al que está obligado como máximo representante del Poder Judicial.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 48 COMENTARIOS

47 .- La patética defensa de la derecha de la corrupción y de una dictadura fascista

Vomitivo

disidente

18/01/2012, 22:34 h.

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46 .- #44 socio parece que tienes poca memoria o es que has olvidado lo que el juez ha hecho siempre en primera fila y sin miedo que es lo mas importante
ademas esos del gurtel son unos mangantes,que se van de rositas "creo que no que estan cogidos por los h..."

garriges

18/01/2012, 21:42 h.

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45 .- Con todos los respetos [porque hasta los fatuos y vanidosos merecen la parte alícuota de respeto], esta persona hace de la ley algo utilitario en provecho de su propia imagen particular. Instruyó sumarios [fallidos e incompletos] contra los narcos de Galicia y contra la ETA, pero no porque le importase la legalidad violada sino para adquirir brillo mediático. Se ha dicho ya en este foro: un juez-estrella.

¿Procesar a Pinochet en Londres? ¡Cuánto valor y arrojo! Más convincente hubiese sido haberle ido a entregar la citación judicial al Palacio de la Moneda directamente, ¿no?

¿Procesar a Franco? ¡Uau, esta sí que es buena! Pero una vez muerto, porque de haber estado vivo me parece a mí que el juez se dedicaría a mirar para otro lado.

Si lo que de veras ansía es acumular portadas de periódicos, pues que le monte un juicio a Hitler, otro a Pol Pot, otro a Stalin, otro a Idi Amín Dada... ¿será por tiranos muertos, Dios mío?

principiopeter

18/01/2012, 21:28 h.

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44 .- Garzon no tiene defensa posible, es un mal juez y estaria mejor en Salvame que en la audiencia nacional, espero y deseo que a ninguno de sus defensores los tenga que juzgar nunca un señor que actue como el, aunque, entonces seguro que no estarian tan dispuestos a defender a esta clase de togados.

warlock

18/01/2012, 20:52 h.

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