Los españoles alegan motivos muy abundantes para estar descontentos de los políticos, un repertorio más amplio que el común en todas partes. Tal vez la razón resida en la distancia abismal que tiende a separar el mundo político y el sindical de lo que ocurre en la calle, en la España real. Se trata de un vicio feo y viejo contra el que han tronado, desde hace más de un siglo, las voces más independientes y sensibles. No negaré que existan dosis de exageración en determinadas expresiones de esa queja, como las que han llevado a la toma del Congreso, pero es lamentable que las fuerzas políticas actúen conforme a reflejos más corporativos que críticos, y tiendan a refugiarse en su legitimidad para mantener formas de privilegio que resultan de difícil digestión en épocas en que todos lo pasamos mal.
Algo ha debido llegar a los duros oídos de los estados mayores cuando tanto el Gobierno como el PSOE se han apresurado a anunciar que tomarían medidas para frenar la ola de desahucios. Pero el simple enunciado de tal noticia debería servir para poner en tela de juicio esta actuación, porque una de las señas inequívocas de la mala política es concentrarse en los efectos sin prestar atención a las causas. En la vida corriente eso se llama chapuza, arreglar los problemas a base de taparlos, pero en política ese apresuramiento todavía goza del prestigio que se atribuye a la rapidez de reflejos. La alarma ante tal presteza se acentúa cuando se comprueba que PP y PSOE han decidido actuar solos en este caso, llevados por la convicción de que ellos son la democracia misma, aunque la verdad es que su forma de actuar les aleja cada vez más del ideal que siempre ha de presidir toda democracia, y les adjudica la inelegante silueta del oportunismo.
La pasión de los grandes partidos por la victoria les está llevando a olvidar que puede suceder que su éxito o su derrota no les interese más que a ellos mismos. No creo que muchos políticos hayan leído a Persio, pero el poeta romano advirtió con lucidez de las causas que hacen perder el sentido de tenerlas, y eso supone la renuncia a aquello que Ortega consideraba característico de la buena política: intentar, inventar, ensayar, crear ilusión. Cuando un líder hace algo así, el electorado le premia, y eso es lo que pasó con el primer Zapatero, aunque sus supuestas innovaciones acabaran por ser auténticos disparates.
El prestigio de la política ha caído muy bajo, según los datos del CIS que se pueden contemplar en el gráfico adjunto; la confianza de los españoles en el actual sistema de relaciones entre Gobierno y oposición se desploma a toda prisa, tras alcanzar, como corresponde a un país que derrota hacia el centro izquierda, un punto alto en 2004, y hundirse luego, porque el electorado no ha perdido por completo el sentido común.
Como boxeadores casi noqueados, los dos grandes partidos practican un sucio cuerpo a cuerpo apostando no por diferenciarse, sino por confundir a la opinión diciendo que hacen exactamente lo contrario de lo que hacen. Esta política es suicida para la democracia y para ambos, pero especialmente para un PP que se condena a ganar solo a causa del descalabro ajeno, y que se encomienda a la propaganda de la inevitabilidad de sus políticas, a ser víctima de una patológica falta de imaginación y de iniciativa. En consecuencia, los políticos se dedican al parche, a acudir presurosos a arreglar los desastres que debieran haber impedido. En el ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, docenas de empleados y directivos del Madrid Arena han sido incapaces de evitar que su sede se emplease para una convocatoria probablemente delictiva, aunque ahora se prohíban las fiestas.
La crisis es un manto pudoroso que cubre las vergüenzas carenciales de la política, y disimula que los políticos tienden a olvidarse de todo lo que no sea tratar de prolongar su mandato, una meta que, en especial cuando es estéril, no interesa a nadie. Hay que ser muy torpe para no comprender que no saldremos de ella sin que todos aprendamos a ser mejores, y que nadie va a renunciar a su particular ventaja, por injusta y disfuncional que sea, si no se nos ofrecen dosis masivas de conducta ejemplar, si los partidos no empiezan por mejorarse a sí mismos y siguen entregados a una sospechosa solidaridad con cualquiera de los suyos que haya hecho una pifia.
Nuestro país no carece de problemas de fondo, pero de lo que andamos lamentablemente ayunos es de proyectos capaces de generar esperanza y capacidad de sacrificio. ¿Cómo no ha de parecerle todo casi perfecto a quien ha sido capaz de ganar las elecciones? La experiencia indica, sin embargo, que quienes se olvidan de las razones de los electores no obtienen otra cosa, y no a muy largo plazo, que menosprecio y hartura, el despido rápido que merecen, por mucho que traten de aplazarlo, quienes toman el rábano por las hojas.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
15Fernan Gonzalez 15/11/2012 | 18:38
#12 El rey y usted en su vida privada podrá hacer lo que quiera siempre que su pareja se lo admita, pero no le corresponde ni a usted ni a mí cuestionarlo ¿lo admitiría usted tratandose de su persona?
En cuando al golpe de Estado es tan absurdo que aún alguien siga manteniendo que el Rey estuvo involucrado aunque así se lo hicieron creer a Tejero, los beneficiarios de se golpe eran Felipe Gonzáles, Guerra y otros insignes de la izquierda, así que así tiene el móvil de los responsables.
Suárez era un hombre justo al que a la izquierda le molestaba y le desplazaron llegando a dimitir y se jugó la vida para que Tejero abortara el golpe por la fidelidad que le tenía al Rey y por su dedicación a España.
Tejero depuso su actitud cuando le pasaron la lista de los que formarían en nuevo gobierno y dijo que por estos políticos no se seguía exponiendo.
La Reina estaba en Grecia cuando su familia fué destronada con un golpe de estado, les dijeron que venían a palacio para defenderles pero los tanques apuntaban al Palacio, ella estaba con sus dos hijas, Cristina recien nacida y a la vuelta el general Armada le escoltó desde Italia, por eso no creyó la versión de la involucración del Rey.
14Fernan Gonzalez 15/11/2012 | 18:23
Tan sólo hay que recordar nuestra Constitución que si se desarrollarse en su plenitud tendríamos una mejor democrácia.
En su preámbulo en el artículo 9.2 dice "Corresponde a los Poderes Públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas".
Pero sin embargo somos muchos los españoles que durante mucho tiempo he sentido escamoteda nuestra igualdad y la libertad desplazada por el pensamiento imperante desde los medios con chequeos desde el poder de lo que se publica o no, incluso desde la escuela dirigida en determinado sentido sin que dichos poderes hayan hecho nada por corregirlo sino más bien lo contrario.
También me gustaría saber que ha sido de aquello de la reponsabilidad que se supone que nuestra Constitución Española garantiza según el artículo 9 apartado 3 ¿quien se ha hecho responsable de tanto desatino como hemos tenido que padecer hasta llegar a la situación actual?
¿deberían ser derogadas por inconstitucionales todas las normas y disposiciones aprobadas para eludir dichas responsabilidades? ¿no es esa la labor del Tribunal Constitucional?
13Muerca1111 15/11/2012 | 17:45
[Sigue] Y pese a saberlo no se conoce ni una sola declaración o presión al rey para que abandone su abyecta vida, luego son tan corruptos como el rey por activa, pues disfrutan de los bienes que esa corrupción les proporciona y por pasiva pues no se les conoce ningún hecho en contra de paliar o eliminar esa corrupción, POR TANTO CUANTO ANTES ACABEMOS CON LOS GODOY-BORBONES ANTES NOS LIBRAMOS DE ESTA FAMILIA INFECTA, QUE HA TRAÍDO GRANDES MALES A ESPAÑA Y PERDIDA DE TERRITORIOS, CADA QUE ALGUNO DE ELLOS HA ESTADO EN LO MÁS ALTO DE ESPAÑA DESDE CARLOS IV HASTA LA ACTUALIDAD. ¡ABAJO LOS GODOY-BORBONES! FUNDEMOS UNA DEMOCRACIA VERDADERA CON UN RÉGIMEN PRESIDENCIALISTA A LA FRANCESA O LA NORTEAMERICNA.
12Muerca1111 15/11/2012 | 17:43
El paratipo se compone del genotipo, o lo heredado por los genes y el Fenotipo o lo heredado por el aprendizaje. Pues bien el príncipe de Asturias tiene los genes y lo aprendido en su entorno histórico y familiar lleno de corrupción, así que no puede ser más que un corrupto. De hecho él, la reina y toda la familia real lo son, pues igual que todas las personas bien informadas de España saben que el rey es un adultero emputecido, un ladrón y el jefe del golpe de Estado del 23F, lo deben saber igual la reina, el príncipe y las infantas, pues que tienen servicios de prensa a su servicio que pagamos todos los españoles. [Sigue]
11el farero 15/11/2012 | 17:22
#3
¡¡Hola Martes buenas tardes¡
Hace 2 semanas en el Semanal de ABC el escritor de LA PRADA dijo claramente:
los sucesores del FRANQUISMO,cual cucarachas han ocupado los puestos politicos tanto en el PP como en el Psoe
Hasta hoy nadie se ha dado por ofendido.Mientras la cuenta corriente siga creciendo.....ya me puede llamar cabron,que acepto hasta los cuernos.