Paul Newman protagonizó La leyenda del indomable, una de esas películas que todo buen aficionado ha visto varias veces. Su personaje era un tipo encantador, pero irreductiblemente insumiso, capaz de comerse cuarenta huevos duros para ganar una apuesta a costa de su estómago, pero su rebelde empecinamiento le hacía enteramente incapaz de poner en orden su vida y su futuro. Ayer, comiendo con un amigo que elogiaba a fondo y con pasión al Gobierno y la supuesta firmeza de Rajoy, me acordé de esa película, y, por un instante, imaginé al presidente como el imperturbable capaz de superar todos los desafíos, una figura que están empezando a cultivar sus hagiógrafos, empleo que abunda en la dolida España.
Ser imperturbable tiene, con todo, sus riesgos. Pasarse de ataraxia en política puede pagarse caro, porque quedan ya pocos españoles que consideren como una prueba de fortaleza no inmutarse ante lo que se pretende en Cataluña. El empeño del presidente en seguir su plan, que, de todas formas, cambia con gran frecuencia, su determinación en combatir, a su manera, el déficit público, como si todo lo demás fueran bromas frívolas, acaso no garantice otra cosa que el acabar mal. Es cierto que en política nunca se pueden acometer todos los problemas al tiempo, pero puede que el orden escogido por Rajoy, ese pedagógico empeño en hacer los deberes, que tanto repiten él y sus ministros, no sea el mejor programa político que puedan contemplar los siglos.
No basta la entereza ante la doble afrenta a la democracia que se ha perpetrado estos días: el programa para la secesión catalana y el intento de tomar el Parlamento, por más que ambos fenómenos hayan tenido un fuerte componente de farsa. Lo de Mas y el acoso del 25-S son fenómenos estrictamente políticos, y así se entiende en el mundo entero, menos, al parecer, en los cuarteles generales del impávido RajoyQuien ha obtenido una amplia mayoría electoral no puede actuar como si estuviese maniatado por las exigencias de una realidad que, según se nos dice, ni pudo prever, ni puede modificar, y que le obliga a ser infiel a su programa electoral y a su discurso de investidura. Tampoco basta la entereza ante la doble afrenta a la democracia que se ha perpetrado estos días: el programa para la secesión catalana y el intento de tomar el Parlamento, por más que ambos fenómenos hayan tenido un fuerte componente de farsa. Lo de Mas y el acoso del 25-S son fenómenos estrictamente políticos, y así se entiende en el mundo entero, menos, al parecer, en los cuarteles generales del impávido Rajoy, dispuesto a subir nuevos impuestos y a aplicar nuevos recortes a quien hiciere falta con la misma determinación que Paul Newman se comía los huevos que, finalmente, le llevaron a la tumba.
Puestos a encontrar imágenes paradigmáticas, la catarata de despropósitos con que el señor Mas quiere superar definitivamente a Pujol como padre de la Nación catalana, nos obliga a comparar a don Arturo con el Capitán Araña, el que a todos embarca y a todos engaña, ese personaje que recorría las costas de la futura Cataluña Grande reclutando voluntarios para una valiente expedición de la que él no iba a formar parte. Mas ya ha declarado que se quitará de en medio en cuanto Cataluña logre sus objetivos, pero también si todos resultan estamparse en la ridícula forma que no es difícil imaginar.
Pues bien, la mera prudencia en las formas, que nunca está de más, no evita el temor de que Rajoy piense dedicar a este asunto su famoso desdén, a la espera de que el problema se disuelva, o de que, por arte de birli-birloque los de CiU se vuelvan repentinamente cuerdos y respetuosos con la sociedad a la que dicen representar, aunque sin preocuparse ni poco ni mucho de sus intereses reales. De manera harto común entre los partidos españoles, CiU hace cínicamente un juego en el que siempre se gana, bien por conseguir cuanto quiere, bien embobando a los electores con la revolución pendiente. Perfecto si se consigue algo como la independencia, o cualquier sucedáneo homologable, pero, en otro caso, tampoco estará nada mal seguir atizando el victimismo, la indignación porque se les nieguen derechos y se les regatee un dinero que, según ellos y sus economistas bien subvencionados, es suyo y solo suyo.
Rajoy no puede aparentar indiferencia ni ante el órdago separatista ni ante los evidentes síntomas de desafecto con las carencias de un sistema que no es que no sea perfecto, sino que es cada vez más rígido y menos permeable, más sofocante de cualquier poliarquía y de cualquier forma efectiva de libertad política. Es este sistema débil y desprestigiado el que puede acabar consintiendo la ruptura de España, la negación de cualquier libertad a quienes no se atrevan a disentir del sofocante, corrupto y cateto secesionismo catalán.
La democracia española necesita urgentemente un fortalecimiento de su prestigio, un notable incremento de sus libertades efectivas. El pacto constitucional tiene que reverdecerse, y hay que ayudar a que la izquierda se desprenda de sus lastres para garantizar la unidad y la libertad de todos los españoles, algo bastante más importante que unas décimas de déficit o un descenso en las encuestas. El presidente de todos los españoles tiene que ser un líder político, mucho más que un buen administrador, y, si no lo sabe hacer, debería marcharse, así de simple.
José Luis González Quirós es analista políticoARTÍCULOS ANTERIORES

12/05/2013
4
05/05/2013
13
28/04/2013
18
21/04/2013
13
14/04/2013
6
07/04/2013
25
28/03/2013
14
21/03/2013
5
14/03/2013
19
07/03/2013
26

LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
16
COMENTARIOS
16ibn gabirol 27/09/2012 | 20:38
!!!!!!Que se jodan!!!!! [que nosotros vivimos en la Finca......].
15Rodrigo 27/09/2012 | 20:33
El director de una oficina bancaria, da credktos a insolventes, mete la mano de forma importante en la caja y se queda con dinero de los impositores. El director regional cando la inspección descubre el pastel, manda a otro director que debe hacer limpieza, devolver el dinero a los estafados y todo con mucho cuidad para que en el barrio no se enteren el resto de clientes. Naturalmente, como lo estafado o se lo ha gastado o lo ha puesto a buen recaudo, la perdida ocasiona unos resultados negativos. Pues bien, segun los listillos que aquí escriben a los pocos meses, el regional debe llamar al njevo director y decirle que le va a echar a la p. calle por los resultados y el mal ambente de la sucursal. Pues trasladen eso al gobierno de Zapatero.
14Rodrigo 27/09/2012 | 20:21
Primero, creo recordar que eran cincuenta huevos. ¡que se vaya Rajoy!. Hoy en el parlament se ha aprobado por amplia mayoria de 84 votos un referendum para la próxi a legislatura. Pues bien, el PP con sus 18 escaños y Ciudadanos con 3 han votado en contra, mientras el PSOE con 28, se ha abstenido en 25 y los otros 3 no se ni lo que han hecho. Bajo esta perspectiva, espero que el PP, como primera medida recurra al Constitucional como en otras muchas ocasiones, por que al PSOE, parece que ya le está bien. El tema es complicado por que además el parlament y el govern están en funciones y la intervención o la aplicación del 155 posiblemente les haria un gran favor a los indeendentistas desde el punto de vista electoral. Veremos como acaba, pero la semilla de este monstruo, la sembró Zapatero con su amiguito Maragall.
13tocobarchin 27/09/2012 | 19:06
Totalmente de acuerdo cn el contenido de su artículo, Sr. Quirós; pero ¿Qué fue de RENOVACION? ¿No era usted uno de sus impulsores?
Me adherí a ese movimiento que yo creo es muy necesario en España; pero ¿en qué ha quedado? Los politicos sólo miran por sus mamandurrias, sin importarles el pueblo y hacen falta líderes que movilicen al pueblo para terminar con Rajoy [!Y yo le voté!] y toda esta casta de todos los Partidos que nos lleva a la ruina.
12Arcano1964 27/09/2012 | 16:27
#10
Ya no quedan políticos de altura como para presidir un gobierno en galernas como ésta ni jefes de oposición con sentido del deber.
Así nos va.