A diferencia de lo que en su día señaló Ortega y Gasset como típico de las crisis españolas (“Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”), la actual está perfectamente diagnosticada y solo espera el tratamiento adecuado. Naturalmente, no todo el mundo estará conforme, pero esto ocurre siempre. Nuestro problema no está en la discrepancia, sino en la inoperancia, en que quienes debieran actuar conforme al análisis correcto se resisten a hacerlo.
Tenemos perfectas razones para sentirnos preocupados ante lo que se pudiera llamar una tormenta perfecta, pero nuestro problema no es primariamente económico, no ocurre únicamente porque debamos muchísimo dinero y la deuda nos arrebate soberanía dejándonos con un Gobierno que se tenga que limitar a aplicar medidas que se le dictan en otra parte. Esto, efectivamente, sucede, pero el quid no está en el hecho, sino en sus causas.
Entre 2004 y 2011, nuestra deuda se multiplicó por dos, gastamos muchísimo más de lo debido, nos endeudamos tanto como lo acumulado desde la época de los Reyes Católicos, para exponerlo en su forma más gráfica. Se trató de un proceso al que no se puso freno, algo que se convirtió en especialmente grave en 2008, y que cualquiera que recuerde el debate entre Solbes y Pizarro puede tener presente con la mayor claridad. ¿Cuáles han sido las razones políticas de tamaño disparate? Fundamentalmente, el hecho de que la democracia haya podido llegar a confundirse con un sistema irresponsable de promesas que se traducen en gastos tan insostenibles como absurdos e inútiles. Buena parte de nuestros políticos no han ganado las elecciones, sino que se han acostumbrado a comprarlas por sistemas muy distintos al de Romanones pero igualmente espurios.
Buena parte de nuestros políticos no han ganado las elecciones, sino que se han acostumbrado a comprarlas por sistemas muy distintos al de Romanones pero igualmente espuriosAhora que los mineros andan por Madrid, bastará con recordar cómo se ha afrontado ese problema, y estar atentos a lo que haga el Gobierno para comprender de qué forma cobarde y demagógica se han regalado prebendas y gollerías con dinero barato y abundante, pero que no era nuestro. Ahora hay que pagar la cuenta y, puesto que no hay dinero, lo habremos de pagar a precios tan escandalosos como insoportables. Que el reciente recorte propuesto por el Gobierno apenas alcance a cubrir el importe de los intereses de la deuda, que sigue aumentando, es una buena muestra de la hondura del daño.
Estamos ante una dificultad de tan inmenso calado que constituye un error de principio afrontarla como si fuese un problema meramente contable, dando por hecho que no somos capaces de enfrentarnos a sus causas, para eludir el alcance político del mal que nos aflige.
Todos tenemos una gran responsabilidad en cuanto ha ocurrido, pero unos más que otros, sin duda. Quienes han llevado a los electores a la idea, sin duda progresista, pero a izquierda y derecha, de que todo nos es debido, de que se puede hacer cuanto se demande sin parar en pensar cómo se paga, son los mayores culpables, sin duda alguna.
Pero también son responsables quienes no se han atrevido a denunciar ese mercadeo del voto con argumentos de peso, quienes han ofrecido más por menos, quienes lo han supeditado todo a la conquista del poder, al precio que fuese, ocultando irresponsablemente las cosas que tenían obligación de decir, y no dijeron. No es un mero problema de pedagogía política, como a veces se dice, es que es absurdo empeñarse en vencer al rival a costa de que se hunda el barco; y eso se ha hecho… algunos continúan haciéndolo con notoria desvergüenza.
Ahora nos encontramos con una soberanía demediada por fuera y con una unidad destrozada por dentro. No se puede arreglar este engendro a base de remiendos, hace falta hacer política de altura, reconocer la verdadera naturaleza del mal y aplicar la medicina a los propios, sin encargar siempre a los demás que paguen la factura de una crisis de la que, de ninguna manera, son responsables únicos. Que funcionarios, pensionistas y parados tengan que soportar el mayor coste, y además deban hacerlo sin explicaciones claras, valientes y rigurosas, sin que nadie sepa ser ejemplar para poder apelar al patriotismo y a la responsabilidad, administrando el recorte como una especie de castigo, es un nuevo dislate, un abuso que, de no remediarse pronto, conducirá a quienes lo practican a una rápida pérdida de apoyo popular, sin ningún beneficio para nadie. Luego se dirá que son los costes de la crisis, pero serán, más bien, los costes de no afrontar la crisis con valor y con determinación, con empeño en suscitar esperanza, fiándolo todo a un arreglo milagroso de la economía que nadie entiende cómo podría producirse en un clima de absoluto desmantelamiento, sin ninguna idea ambiciosa, sin la menor reforma de fondo.
Una vieja nación como la nuestra conserva inmensos depósitos de energía, de creatividad, de ambición, pero hay que saber aprovecharlos, hay que empezar a reconocer la verdad y a ser rigurosos con sus consecuencias.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
10disidente 12/07/2012 | 20:30
Vaya cagada de artículo...
Se nota que está escrito por un reaccionario que es incapaz de asumir que España era hasta 2007 un ejemplo para las organizaciones económicas con un superávit espectacular...y aplaudido por el Eurogrupo y el FMI.
Los recortes se deben concretamente a que si nuestros bancos no pagan la deuda contraída con los bancos alemanes y holandeses [los mismos que financiaron la burbuja inmobiliaria] se quedan con un agujero tremendo que llevaría a esos países a la ruina. Y claro, los gobiernos de esos países prefieren hacer pagar la crisis debida a la pésima gestión de empresas privadas [bancos prestamistas y prestatarios] a los ciudadanos de los países del sur de Europa.
La solución no tiene nada que ver con apretarse el cinturón, ya que eso sólo agravará la crisis. La solución pasa por una reforma en profundidad de nuestro sistema económico, regulando fuertemente las actividades especulativas, y a corto plazo, por una política de inversión pública y por una fuerte subida de impuestos a las rentas del capital a nivel europeo. Si esto no es posible, lo mejor será salirse del Euro, lo que supondría otra vez el fin del ensueño germano de dominar Europa.
9japoas 12/07/2012 | 19:25
Aquí lo que ocurre es que estamos pagando ese gran y grave endeudamiento, que no entiendo como no ha habido una autoridad europea, para eso estamos en el euro, ¿o no?, que haya debido tomar medidas y no permitir ese derroche que nos ha llevado al hundimiento social y económico en el que nos dejaron unos gestores que trataron de hundir el pais y que lo consiguieron, al no tener una vigilancia superior que lo impidiera, ahora hay que levantar un edificio en ruinas, sin tirar los cimientos ni las paredes y eso es bastante costoso y dificil.
8cubillo1940 12/07/2012 | 18:30
Excelente comentario politico sr. Quirós, no complementado por unos cientos de artículos que merecería tener. Está claro, tal como ud. sostiene, que "sí sabemos lo que nos pasa", pero la inercia izda-dcha, pesa como una loza en nuestro país.Lleva razón en su aserto "Nos viene la soberanía de fuera y estamos totalmente desunidos por dentro.
No hay gobiernos en esta piel de toro con conocimientos profesionales para dirigir el país.
Es una pena, pero es así.
Saludos y enhorabuena.!
7Borondes 12/07/2012 | 14:38
#4 O sea que hacer ferrocarriles insostenibles, como todo el AVE que atiende a las capitales de Castilla la Mancha o el pretendido a Pontevedra, hospitales a 500 metros de otros, como el de Móstoles, museos de arte moderno en todas las capitales, y contratar a más de 700.000 funcionarios innecesarios en ese período del que usted no quiere hablar no tiene nada que ver con la crisis. ¡Pues que bien! Debe ser usted muy feliz con su película de buenos y malos, pero me parece que pierde su tiempo en tratar de ganar adeptos para una causa tan contraria al puro buen sentido. Además, los bancos que lo han emporquecido todo han sido los dirigidos por políticos, y todo se ha originado en un crecimiento absolutamente artificial del precio del suelo, uno de los pocos recurso de que no andamos escasos, debido a la posibilidad que los políticos se han garantizado de decir donde se puede construir y donde no, que es lo que da lugar a la burbuja que no se hubiera ocasionado, en otro caso, aunque el dinero fuese barato, porque habría ido a otro sitio.
6Joaquin Gomez Moya 12/07/2012 | 14:27
Excelente análisis D. Jose Luis,
Una vez más. Sí sabemos que hemos consensuado, tanto hemos consensuado que entre ello hay cosas que no deberíamos:
servicios públicos como si fueran derechos sin haber logrado un nivel de competitividad bastante en primer lugar y que los ciudadanos usamos sin respeto ni aprecio en demasiadas ocasiones;
capas de administración a empujones de pactos de investidura sin reflexionar sobre un modelo general - aunque modificable bajo condiciones;
intromisión partidista con reparto de puestos en todo e insuficiente separación de poderes;
compensación simbólica de primas a unos con subvenciones a otros, de subvenciones con subsidios y pagas a los de más p'allá, de subsidios con contratas, de contratas con deducciones en impuestos, deducciones a unos con funcionarización a otros,...
Todos contentos, pero no es viable y menos hoy en día. Insisto: no es que no sea eficiente, que no lo es, es que posiblemente no es ni siquiera viable.
España es un país donde sobra consenso y falta visión de estado y buenas formas.
Quizá es hora de que civilizadamente dialoguemos, cuestionemos y discrepemos para hacer un nuevo - reconvertido consenso.
Atte.
JGM