Existe una altísima probabilidad de que, si se tropieza uno con un ministro, se lo encuentre en estado de estupefacción, con ligeras variaciones dependiendo de cartera y género. Los más jacarandosos tararearán en su interior el “No me arrepiento”, otro nombre de la estupenda canción de Alaska y Carlos García Berlanga, que titula hoy esta columna, y que, dada la edad media de los ministros, todos conocen a la perfección.
Tienen motivos para sentirse atónitos, asomándose, como están, al abismo, en una carrera enloquecida contra la dama de hierro alemana, a ver quién se arroja antes del vehículo en marcha, aunque hay alternativas a este peculiar juego del gallina apostando que Europa no consentirá que caiga el euro, un reto que nadie aceptaría sino es en estado de completa agnosia, de desconocimiento completo de cuál es ahora nuestra situación, porque hay salidas infinitamente más airosas, aunque nada fáciles, que esa absurda y muy peligrosa apuesta frente al despeñadero.
A Mariano Rajoy no le cuadra nada el papel de James Dean en Rebelde sin causa, estando, como está, meridianamente claro lo que Alemania no va a hacer, porque ni quiere ni puede hacerlo, aunque solo sea porque el Bundesverfassungsgericht (BVG) o Tribunal Constitucional alemán es bastante menos bizcochable que el nuestro, y ya ha establecido qué clase de cambios europeistas no pueden hacerse sin que se pronuncie la nación alemana mediante el correspondiente referéndum.
Además de esta absurda apuesta por que Alemania haga exactamente lo que nos conviene, hay ya una evidencia suficiente de lo que pasa haciendo lo que se está haciendo, es decir, tras seis larguísimos meses de especulaciones y amagos, está muy claro lo que da de sí la política del actual gabinete: más crisis, más déficit y un desconcierto incontenible de todo el mundo, mientras seguimos escuchando promesas de que el AVE llegará pronto a Pontevedra o sensacionales descubrimientos de que unos tipos malvados tenían dos tarjetas sanitarias, los muy canallas.
El Gobierno de Rajoy está a punto de agotar por completo uno de los capitales políticos que se le reconocían al Partido Popular casi sin discusión: su capacidad para hacer frente con eficacia a situaciones de crisis, su liderazgo para poner al país en marcha. Claro está que esta crisis es ligeramente más compleja y profunda que cualquiera de las anteriores, pero el efecto político está siendo inmisericorde con las disculpas. Un Gobierno que manifiesta que ya ha hecho todo lo que podía hacer se está apuntando con la pistola en el pecho, y el proyectil puede salir del arma por cualquier factor realmente incontrolable, por un déficit superior a la previsión más pesimista, por un cajón que resulta que no se había abierto o por una erupción violenta de cualquier tipo.
La hipocresía tradicional en la política española tampoco sirve de ayuda, porque ya no confunde ni a los que se empeñan en equivocarse. Que Rubalcaba le haya dicho ayer a Rajoy que se va al Consejo Europeo con su apoyo constituye una de las mentiras más tontas que se hayan dicho nunca en una Cámara demasiado poco habituada al sonrojo. El papel del PSOE está siendo más surrealista, si cabe, que las políticas de Zapatero, con la nota picante de que a Rubalcaba ya no le hacen caso ni los bedeles.
La política española se encamina a toda prisa hacia una encrucijada en la que habrá que tomar decisiones irreversibles y lo que habría que procurar es que estas decisiones se tomen respetando la voluntad explícita de los españoles. El PP recibió un mandato muy amplio de los electores para una misión difícil e incierta pero, en cualquier caso, de larga duración, de la que apenas se ha consumido un octavo. Pensar en convocar elecciones sería una necedad porque el panorama no ha cambiado sustancialmente, salvo para empeorar el apoyo a los dos grandes partidos en los que, hoy por hoy, hay que depositar cualquier esperanza.
No se puede aguantar todo el verano con la prima de riesgo a punto de sobrepasar ante cualquier evento los 600 puntos, lo que hace absolutamente inviable la financiación del Estado y perjudica sañudamente a la economía nacional. Las noticias de cada día confirman que el desastre avanza y no se puede seguir así.
El Partido Popular debe sacudirse el estupor y pensar que los españoles seguimos pendientes de sus decisiones. Bien está que no se arrepientan porque han intentado lo que creían mejor, pero no ha funcionado, y no hay muestra alguna de que vaya a producirse un milagro. Se impone, pues, un cambio de política, y la necesidad acuciante suele ser poco respetuosa con las buenas maneras, de modo que mejor será que se dispongan a pensar en soluciones efectivas que a irse plácidamente de vacaciones. No es momento para el relajo, porque España tiene derecho a esperar que cada cual cumpla con su deber.
*José Luis González Quirós es analista político y uno de los promotores de la Carta abierta al Presidente del Gobierno
ARTÍCULOS ANTERIORES

19/05/2013
22
12/05/2013
5
05/05/2013
13
28/04/2013
18
21/04/2013
13
14/04/2013
6
07/04/2013
25
28/03/2013
14
21/03/2013
5
14/03/2013
19

LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
7
COMENTARIOS
7Arcano1964 28/06/2012 | 16:32
#3
Creo que yerra de parte a parte.
La cuestión no es oponerse al AVE a Pontevedra. La cuestión maldita es si no va a ser muy ruinoso [porque ruinoso va a ser, lamentablemente]. Y estando como están las cosas, que los políticos no están dispuestos a ceder ni un ápice de sus "conquistas" como Casta, hasta la Sanidad se recorta... con lo que los trenes, más.
Piense una cosa. El día que la Casta sea consciente que su actual situación de alto privilegio es totalmente inviable [nada menos que son el 1% de la población, una salvajada injustificable] y acepten quedarse en la cuarta parte, más o menos [el resto que se busque las habichuelas como hacemos los demás] será el día que España podrá volver a la senda del estado del bienestar. Mientras, los privilegios de la Casta reflejados con descaro en las taifas autonómicas [que son el símbolo de esa Casta, de su poder y de su adaptación a ellos mismos del estado] existan, lisa y llanamente estamos jodidos.
6el farero 28/06/2012 | 11:30
...lo que hara,SEGURO SEGURISIMO el Sr Rajoy cuando regrese de Bruselas es leer el ARTICULAZO que hoy publica en La Voz de Galicia,su editor y propietario SR Rey Latorre.
..Quizas tambien le vendria bien a usted Sr Quiros,asi podra ver
y leer como respira quien se juega "sus dineros" en una empresa periodistica gallega y POR TANTO ESPAÑOLA.
De nada
5antxon-bilbao 28/06/2012 | 11:05
Estoy de acuerdo con el articulo , pero hay algo que me hace saltar de mi silla.
Lo del AVE a Pontevedra, viene DESPUES de que Madrid haya conseguido su AVE a todos lados, estando en la mitad de la nada.
¿A que viene criticar que los perifericos necesiten el AVE y mil cosas mas cuando Madrid tiene de todo?
Simplemente se necesita para poder desarrollarse, tal y como Madrid ha hecho. Y tienen [tenemos] el mismo derecho.
Lo que destila el enfoque es centralismo y si a éso añadimos el toque franquista de eliminar competencias de las autonomias....ya se ve el plumero completamente.
4caspita 28/06/2012 | 10:02
Lamentable artículo.
1.- Quien gobierna es el PP y lo está haciendo de pena. No el PSOE.
2.- Increíble que pensemos en eliminar la seguridad social, el Tribunal Supremo, el Senado, las autonomías,.... y ningún periodista [si se le puede llamar] pida un impuesto a las grandes fortunas [patrimonio] y la reforma del impuesto de sucesiones.
3.- Zapatero era un inútil, pero no tenía mayoría absoluta ni gobernaba en el 90% de las autonomías.
4.- ¿Para cuando la eliminación de las teles autonómicas, diputaciones y coches oficiales?
3pasmao con lo que no pasa 28/06/2012 | 08:17
Lo mas terrible es que lo mas sencillo que puede hacer Rajoy tendría el apoyo de no solo mucos de sus votantes sino también de los del PSOE...
Y hablo de votantes, no militantes ni cuadros, ni...
Y esla mas sencilla porque hay un amplio consenso sobrte que es el principal mal que nos aqueja.
Y si, me refiero a lo de acabar con la casta, estado de autonomías mediante.
Despues podremos discutir que si IVA, IRPF, medicamentazo, educación pero sin lo de quitarnos la casta de encima no servirán de nada.
Y esa es la pena, que siendo algo que requiere simple voluntad política, sea algo tan dificil.