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Antonio Casado.- 20/02/2012
Difícilmente funcionará una reforma laboral con los sindicatos en contra. Lo dice The Economist. Esa lógica nos remite a las manifestaciones de ayer en 57 ciudades españoles. ‘Masivas’, según todas las referencias informativas ¿Acaso los manifestantes de ayer, contados por cientos de miles, eran todos ellos liberados sindicales adictos a la sopa boba, los sueldos millonarios, la ‘mamandurria’, la ‘bicoca’, las comilonas, los cruceros de lujo y los relojes de marca? Ustedes mismos.
Con incidentes menores protagonizados por los ‘indignados’ del 15-M, las marchas de ayer no revientan la reforma laboral ni ponen al Gobierno contra la pared aunque tampoco arrinconan la credibilidad sindical y la motivación ciudadana. Esos eran los dos indicadores previstos por los convocantes para pulsar el ánimo de la ciudadanía tras la ‘agresiva’ reforma del mercado de trabajo. Los dos indicadores están vivos. Por tanto, vivas están las esperanzas sindicales de que sirvan para reconducir el espíritu y la letra del decreto 3/2012 antes de llegar a la indeseada huelga general, según explicaron Cándido Méndez (UGT) y Fernández Toxo (CC OO).
La reforma laboral pasó ayer por la calle y por el congreso del PP. En la calle se gritó pacíficamente contra el despido libre, el recorte de derechos, la reducción de salarios, el empleo precario y el reforzamiento del papel del empresario frente al del trabajador. En el congreso del PP, en cambio, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, calificó la reforma de “justa, buena y necesaria”, aunque sin rectificar ni una coma su diagnóstico pesimista respecto a la destrucción de puestos de trabajo al menos en el año en curso. En eso no hay mucha diferencia entre los cálculos del Gobierno y los de los sindicatos: de momento la reforma laboral hará crecer los despidos y, por tanto, el paro. A partir de ahí, los cálculos a medio y largo plazo nos remiten a una cuestión de fe cruzada con el mantra de la competitividad.
Guindos lo explica estupendamente. Eso se conseguía antes con la devaluación de la peseta. Entonces todos perdíamos poder adquisitivo. Ahora no se devalúa la moneda –no podemos-, pero se devalúa el salario. Así el poder adquisitivo solo lo pierden los trabajadores. Que se aguanten. Lógica del mercado. O, mejor, lógica de las relaciones de poder. A las perdices no se las consulta la ley de caza. Las perdices no hablan. Sí hablan los trabajadores. Los trabajadores y sus representantes, según la Constitución (1978) y el Estatuto de los Trabajadores (1980), en el marco de un Estado social y democrático de Derecho.
El sindicalismo español es una maquinaria averiada pendiente de modernización. No solo del templo. También de la doctrina. Pero mientras sean instituciones reconocidas en nuestra Carta Magna como cauces representativos de los intereses de los trabajadores, merecen el mismo respeto que la CEOE, los partidos políticos, el Tribunal Constitucional, las Fuerzas Armadas o el CGPJ. Dicho sea por la demagógica campaña de los sectores más radicales del PP, alentados por un Gobierno que no oculta su esperanza de que las movilizaciones de ayer, y las del día 29, desacrediten aún más a los sindicatos. En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del viernes, la vicepresidenta, Sáenz de Santamaría, nos colocó el mensaje de que si ahora se movilizan contra la reforma del mercado de trabajo es porque saben que ésta les quita poder y privilegios.
Un discurso oportunamente secundado por las terminales mediáticas del PP, empeñadas en presentar a los sindicatos como un nido de ‘paniaguados’ dirigidos por unos vividores de la ostentación y las comilonas por cuenta del dinero publico. El líder del PSOE, Pérez Rubalcaba, ha calificado la campaña de “repugnante”. Sin perjuicio de que tenga razón, que la tiene, es evidente que el acercamiento de los socialistas a los sindicatos, su apoyo a las movilizaciones, así como su anunciada batalla parlamentaria contra la reforma laboral del Gobierno Rajoy, forman parte de una operación política de reencuentro con sus desalentados votantes.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
79 COMENTARIOS
79 .- #73 Yes. But the really good GTs.
Hay mucamas latinas por ahí?
Yo es que a las europeas, ni las miro.
Y excepto españolas e italinas, encima tienen pelos en las piernas.
Un horror.
78 .- #72 Niña:
Que te Dios te bendiga, y visitaré el convento o como se llame, porque soy un arquitecto frustrado
77 .- Efectivamente, amigo Casado, los sindicatos merecen merecen el mismo respeto que la CEOE, los partidos políticos, el Tribunal Constitucional, el CGPJ y los periodistas de cuadra [me da igual que sea del PP o del PSOE]: NINGUNO. Dan vergüenza. No voy a comentar nada más. Créame: voté, y lo hice por Rajoy, con una pinza en la nariz. Pero me da asco ver en qué manos está España.
Salud y suerte a todos. Vamos a necesitarla.
76 .- #75 Estimado señor Cónsul:
No sé lo que diría en su día la tal Cristina Chilín, a la que no tengo el gusto de conocer, pero sí el disgusto de que usted se burle de su obesidad.
Lo que sí le puedo decir, es que la geometría es una ciencia exacta y en ella no cabe más cera que la que arde.
En un metro cuadrado pueden caber desde 0'00...01 personas, hasta un máximo de 6 ó 7, que ya están bastante apretaditos. Y por ello precisamente, se estima por término medio que en cada metro cuadrado de manifestódromo, se ubican habitualmente 4 manifesteros.
Vistas las fotos aéreas de los del domingo pasado y teniendo en cuenta que se conocen el truco y ahuecan lo suficiente para que corra el aire con comodidad, a la manifa del domingo, yo no le doy más de 2 individuos por cada unidad de superficie.
Si en Madrid apenas consiguieron llenar un espacio que medido con generosidad no supera los 26.000 m², no estamos hablando de más de 62.000 personas.
Otra cosa es que usted cuente como manifestantes a todos los ciudadanos que paseaban por las calles aledañas y por el parque del Retiro, con lo cual también me puede contar a mí, que estaba en el jardín de la casa de un amigo.
Saludos señor Cónsul
75 .- A las manifestaciones van los que van, pero luego cada uno las cuenta según el medio de comunicación al que pertenecen.
La cosa empezó con el extinto Caudillo que convocaba a un millón de personas en la Plaza de Oriente, aunque cálculos de gente que se sabe la tabla de multiplicar, ya tenían claro que en esa Plaza no caben mas de 150.000 personas.
Pero con la llegada de la democracia, hubo libertad de exageración, y todos los hombres españoles pasaron a tener un pene erecto de no menos de 20 cm.
Y con el asunto de las manifestaciones, hubo algunas, en la que la rubia walkiria de la COPE, la oronda y obesa Cristina Chilin-Chilin, llegó a calcular tal cantidad de personas, que realizado el oportuno cálculo, hubo que presumir que en un metro cuadrado cabían 35 personas.
Naturalmente, Cristina Chilín-Chilín, trabaja en la COPE, y por tanto, no le es extraño el hecho de las multiplicaciones milagrosas, como la que se cuenta en los Evangelios,que con 5 sardinas y 4 colines dieron de comer a cinco mil personas. Y aún sobraron 6 sardinas y 5 colines.
La cosa de exagerar, en mas o en menos, como ve, viene de antiguo
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