ElConfidencial.com > Opinión > Al Grano > Antonio Casado
BIOGRAFÍA
POST ANTERIORES
Rajoy y Rubalcaba encubren a los culpables de Bankia
Los cinco mandamientos de Rajoy para salir del agujero
Privilegios fiscales de la Iglesia y oportunismo del PSOE
Antonio Casado.- 10/01/2012
Los viejos caciques de nuestro siglo XIX (y parte del XX), como Romero Robledo (el “pollo de Antequera”) en su visión más romántica, o el odioso don Heliodoro descrito por Arturo Barea en “La Forja de un rebelde”, se acababan metiendo en política por un mejor control de vidas y haciendas en un territorio ya marcado. Ahora es otra cosa. Ahora el cacique es un producto de la política. Se hace a posteriori, en el ejercicio diario de un mandato popular, sin un plan preconcebido.
Es el caciquismo sobrevenido que encuentra en las urnas la clave de acceso al dinero público para llenarse los bolsillos. Baleares despacha dos acabados ejemplares de napoleoncito territorial modelo siglo XXI, que llega a sentirse por encima de la ley y los controles políticos o administrativos. Uno es María Antonia Munar (ex líder de la ya disuelta UM), bien reflejada en el libro del colega Esteban Urreiztieta (“Mallorca és nostra”), imputada en varias causas judiciales. El otro es Jaume Matas (PP), cuyo paso por el banquillo cubre de vergüenza la honorable condición de dos títulos cosidos a su biografía: ministro del Gobierno de España (2000-2003) y presidente de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares (1996-00 y 2003-07).
La corrupción es tan antigua como la tos. Lo nuevo, en todo caso, es precisamente que ahora nos enteramos. Y que estas conductas se persiguen con creciente contundencia en nuestra reciente historia democrática
Aquella gloria ha quedado reducida a la condición de “¡ladrón!” que ayer le otorgaron los mallorquines de a pie que le esperaban a las puertas de la Audiencia Provincial de Palma, a su llegada por la mañana y cuando abandonó la sala de vistas para el almuerzo de mediodía. Demasiada corrupción detrás de su esbozo de sonrisa displicente, como diría mi viejo amigo Andréu Manresa. Empezando por la compra de un periodista de cámara, Antonio Alemany, mediante procedimientos ilegales de contratación directa y de retribución indirecta. Es lo que se está juzgando ahora. Solo una pequeña parte menor del voluminoso sumario hilvanado en el llamado caso Palma Arena (Hasta veintiséis piezas separadas, una de las cuales es la que afecta al yerno del Rey, Iñaki Urdangarín).
La vista del caso no ha hecho más que empezar. Se calcula que durará un mes por lo menos. Suficiente para reflexionar sobre la corrupción en la vida política y los resortes del Estado de Derecho para perseguirla. A nadie puede sorprender la aparición de nuevos casos. La corrupción es tan antigua como la tos. Lo nuevo, en todo caso, es precisamente que ahora nos enteramos. Y que estas conductas se persiguen con creciente contundencia en nuestra reciente historia democrática. A este tiempo pertenecen los sonoros casos bautizados como: “Brugal”, “Pretoria”, "Malaya", “Poniente”, “Soller”, “Gürtel”, “Babel”, “Palma Arena”, y otros vinculados a profesionales de la política.
Sectarismos, fuera. Deberíamos aprender a ver la lucha policial y judicial contra la corrupción al margen del partido afectado. Como un quehacer de todos los Gobiernos, también al margen de su color político. Los mismos policías, guardias civiles, inspectores de Hacienda, fiscales y jueces que persiguieron la corrupción bajo mando de un Gobierno socialista seguirán haciéndolo exactamente igual –igual de bien- con un Gobierno del PP. Tolerancia cero contra la corrupción. Venga de donde venga.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
179 COMENTARIOS
179 .- Si, de acuerdo. Pero por que el columnista de cámara del PSOE no cita, por poner un ejemplo, el caso del Consejero de Trabajo andaluz , drogata, chorizo, golfo y todo lo incalificable, todo presuntamente, claro. Est, en mi opinión, bate todos los récords de lo citado por el periodista "progresista". Casi un millón de euros de nuestros bolsillos dilapidados en sus juergas jonkis con su chofer. Vivir para ver. O para leer...
178 .- ¡Leñe! me voy a ver Frasier por la "2" en su enésima reposición
177 .- #172
Con tantos ¡FUERA! me ha recordado usted las viejas veladas pugilisticas en el Madrid de Fred Galiana, y sobre todo Legrá.
"SEGUNDOS FUERA", se gritaba por la Mesa, al tiempo que se golpeaba la campana para inciar el combate y los asaltos.
176 .-
Ni siquiera sois igual ante el delito.
Nosotros pedimos que pague el que sea, caiga quien caiga, y da igual del partido que sea.
Los socialistas, siempre con maniobras de distracción. La más usada, es que todos son igual. Que jodíos.
El problema de los socialistas es que son tuertos del ojo izquierdo Y NIEGAN LOS DELITOS DE LOS SUYOS. En cambio, tienen el ojo derecho miope completamente. Ven AUMENTADOS los delitos cometidos por alguien del PP. Incluso, si no hay delito, se lo inventan.
Hay mucha diferencia entre unos y otros. Incluso ante el delito.
175 .- El deshonor de Chaves: la corrupción de la política y en especial, la andaluza socialista.
Así podría haber titulado el artículo nuestro insigne titular.
Contenido:
1.- Glosa y detalle de la mangancia realizada por el ex vicepresidente con su sobrino, condenado a 3 años y medio por tocamientos deshonestos a dos menores. Y con antecedentes de exhibicionismo.- Y que gracias a alguna intercesión familiar le pusieron en tercer grado, que ahora han retirado y le obligan a entrar en el talego.
2.- Glosa y detalle de la mangancia realizada por el hijo del expresidente [con ayuda del Padre] para poner el cazo por un importe similar [o superior] al de Urdangarín.
3.- Ay, esta familia. ¿Y que decimos de la hija del cabezón?
4.- Y un toque andaluz. Lo del fulano que se gastaba la pasta en putas, cocaina y algun que otro detallito, con dinero procedente de las subvenciones que el mismo facilitaba a su compadre.
Lo de gastarse el dinero en putas igual hay que considerarlo un acto de nepotismo familiar.
[No es el primer socialista que se lo gasta en putas y cocaina]
Remember al director socialista de la GC en calzoncillos.
No, no todos son iguales.