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@Javier D. Box.- 15/11/2009

Esta semana se ha sabido que las películas El lince perdido y Planet 51 han sido preseleccionadas para optar al Oscar en la categoría de animación. Un motivo para alegrarnos que sin embargo se convertirá en una noticia que tristemente pasará casi desapercibida. En esta sociedad nuestra de la adulación y el culto a la fama, de crear (y destrozar) mitos; siempre acabamos por retener tan sólo a las caras visibles del séptimo arte, es decir, los actores.
A nadie le costará recordar que Javier Bardem estuvo nominado por Antes que anochezca (2000), y que lo consiguió por No es país para viejos (2007); o que Penélope Cruz acarició la preciada estatuilla por Volver (2006), llevándoselo para casa finalmente por Vicky Cristina Barcelona (2009). No fue hasta pasada la cincuentena de la invención de estos premios, cuando Jose Luis Garci con Volver a empezar (1982) abriría la veda, ostentando a su vez el récord de cineasta más veces nominado, le seguirían Sesión continua (1984), Asignatura aprobada(1987) y El abuelo (1998). Por su parte, Fernando Trueba logró nuestro segundo galardón con Belle époque (1993).No todo el cine español allende nuestras fronteras es Almodóvar o Amenábar. El director manchego estuvo como finalista por Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Esta cinta constituye uno de los mayores éxitos internacionales del cine español, y aún hoy se sigue hablando de cómo pudo perder aquella noche, frente a una gran película danesa pero de la que hoy nadie parece acordarse. Lo consiguió con Todo sobre mi madre (1999); así mismo posee el privilegio de ser el único cineasta español en estar nominado a mejor director y de conseguirlo por el guión de Hable con ella (2003). Con respecto a Alejandro Amenábar, el que fuera nuestra más joven promesa ya convertida en toda una realidad, cosechó con Mar adentro (2005) el cuarto Oscar para la cinematografía española. Hasta aquí todos estos nombres nos suenan, entre otras razones porque siguen en activo.
Pero la lista sigue, en 1958, La venganza de Juan Antonio Bardem, como si no tuviera razones para ser recordado más que por haber sido tío de quien es, inauguró para España la terna de mejor película extranjera. Un cineasta a revalorizarse, sin lugar a dudas, como uno de los mayores baluartes de nuestra filmografía, inmerecidamente a la sombra de otro de los grandes, Luis García Berlanga. Ambos idearon esa obra cumbre que es Bienvenido Mister Marshall (1952), pero el esperpéntico Berlanga no fue nominado por esta obra, sino por Plácido (1961), indiscutiblemente uno de los grandes clásicos del cine español.
En los '60, fue Francisco Rovira Beleta con Los Tarantos (1963) y El amor brujo (1967), quien consiguió sendas nominaciones. Sin embargo cayó en el olvido siendo injustamente tildado de folclorista. Así, el cine español no supo sacar suficiente partido de uno de sus directores más ambiciosos.
Palabras mayores es nombrar a Luis Buñuel, nuestro cineasta más universal (amén de Almodóvar). El director turolense nos representó con Tristana (1970) y Ese oscuro objeto del deseo (1977), de esta última obtuvo también nominación a mejor guión. Consiguió el mismo doblete con El discreto encanto de la burguesía (1972), obteniendo finalmente el premio a mejor película de habla no inglesa, pero desgraciadamente, representando a Francia.
Jaime de Armiñán consiguió con dos de sus películas, Mi querida señorita (1972) y El nido (1980) llegar a la ansiada final. También estuvo cerca Carlos Saura, con Mamá cumple 100 años (1979), Carmen (1983) y Tango (1997), esta última representando a Argentina. Cierra la lista, Montxo Armendáriz con Secretos del corazón (1997).
No todo son directores
Pero en la larga historia de los Oscar han existido más nombres españoles. Son una larga serie de grandes profesionales que por no estar delante de las cámaras, se ha ignorado su labor injustamente. El artista Antoni Clavé consiguió una doble candidatura por la dirección artistica y diseño de vestuario de El fabuloso Andersen (1952).
También obtuvo doble nominación el intelectual, escritor y ex-ministro de cultura Jorge Semprún, por los guiones de La guerra ha terminado (1966) y Z (1969).
Gil Parrondo, todavía en activo, es uno de los grandes directores artisticos de este país y que más ha trabajado para la cinematografia americana. Directores como David Lean, Orson Welles, George Cukor, Richard Lester o Franklin J. Schafner contaron con su genio creativo. Recibió el galardón junto a otro español, Antonio Mateos, por Patton (1970); repitió al año siguiente con Nicolás y Alejandra (1971) y finalmente estuvo nominado por Viajes con mi tía (1972). Con la antes mencionada Nicolás y Alejandra, superproducción rodada en España, el diseñador de vestuario Antonio Castillo también logró alzarse con el Oscar. Asimismo, en la categoría de dirección artística, Eugenio Caballero y Pilar Revuelta, ganaron la estatuilla con El laberinto del fauno (2006).
Si existe un director español de fotografía por antonomasia, ese no es otro que Néstor Almendros. Trabajó especialmente para el cine francés y americano, siendo el fotógrafo fetiche de Eric Rohmer y François Truffaut. Logró el Oscar con la cinta de Terrence Malick, Dias de cielo (1978), y estuvo nominado por Kramer contra Kramer (1979), El lago azul (1980) y La decision de Sophie (1982).
Nuestro compositor más internacional, Alberto Iglesias, fue finalista con El jardinero fiel (2005) y Cometas del cielo (2007). En otras categorias como maquillaje, nos han representado el nominado Manolo García por Mar adentro (2005) y los galardonados David Martí y Montse Ribé por El laberinto del fauno (2006).
Una de las categorías más infravaloradas, y de la cual salen valores en alza, es la de cortometrajes. En ella han despuntado los españoles (siempre como finalistas) Juan Carlos Fresnadillo con Esposados (1996); Nacho Vigalondo con 7:35 de la mañana (2003); Javier Fesser y Luis Manso por Binta y la gran idea (2007) y Borja Cobeaga con Éramos pocos (2007).
Por ultimo, destacar la labor de los avances técnicos premiados con sendos Oscar, uno en 1970 a Juan de la Cierva y Hocens (sobrino del famoso inventor) quien ideó un estabilizador óptico contribuyendo a eliminar los moviemientos, vibraciones y desenfoques de la cámara. Más tarde, en 2008, Víctor González e Ignacio Vargas, idearon el software RealFlow, capaz de crear y simular fluidos; gracias a esta labor consiguieron el Oscar especial a la mejor contribución técnica.
Como aquella primera obra maestra de Buñuel, Los olvidados son muchos. Todos ellos han aportado su profesionalidad y talento al séptimo arte, que no es otra cosa que el cúmulo de las demás (literatura, teatro, fotografía, arquitectura, música…). Sirvan por tanto estas lineas, como recuerdo a su inmensa labor, sean o no tocados por la gracia (muchas veces caprichosa) de los premios.
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