"Me encantaría que se prohibieran los call-tv, el problema es que
es muy difícil explicarle al consejo de administración y a los socios que quieres quitarlos cuando es completamente legal y lo hace todo el mundo",
decía el consejero delegado de laSexta,
José Miguel Contreras, el pasado diciembre a raíz de un
supuesto timo por parte de uno de estos programas emitidos en la cadena de
Emilio Aragón.
Un negocio 'legal' y que, indudablemente, aporta numerosos beneficios económicos a las cadenas de televisión, pero sobre el que una vez más ha vuelto a aparecer la sombra del fraude, después de que el pasado miércoles el programa Sálvame negara un premio de un millón de euros a un concursante, al cual no se le explicó adecuadamente la dinámica del concurso.
"Por no ser el primer número seleccionado en la caja fuerte, sino el más cercano, te llevas un premio de consolación", decía Jorge Javier Vázquez a un sorprendido concursante, que se resignaba a llevarse tan sólo un premio de 1.200 euros. Era razonable su sorpresa. Minutos antes el presentador había dicho que podrían "entregar un millón de euros". Algo totalmente falso según las bases del concurso: "Sólo la primera llamada se llevará el premio gordo".
Una metedura de pata por parte de Vázquez, que proporcionaba al perjudicado las pruebas necesarias para que pueda denunciar a Telecinco ante la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones por comunicación engañosa.
Un negocio más que rentable
Sin estimaciones aún sobre el negocio de los números 905 y 907, ya que la ley de tarificación única entró en vigor en julio de 2009, "sólo hay que echar un vistazo a la programación de las cadenas de televisión para ver los beneficiosos que son los call-tv", dice Alejandro Perales, presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación. "Dónde antes había programas de teletienda, ahora hay este tipo de programas", añade.
“Actualmente se reciben muchas quejas, pero después hay un largo camino hasta que se convierten en denuncias”, comenta Perales.
Unas denuncias que rara vez se convierten en sanciones graves. "Las sanciones pueden ir desde la retirada del número 905 a la cadena, algo insignificante pues el usuario no memoriza estos números; hasta multas de entre 50.000 y 300.000 euros si se demuestra que hubo comunicación engañosa (no publicar las bases de un concurso, por ejemplo)”. Un negocio más que rentable si tenemos en cuenta el bajo coste que tienen este tipo de programas.
Aprovecharse de la buena fe de la gente
Aun así, de lo único que se les puede reprochar a las cadenas de televisión, empresas al fin y al cabo, es de aprovecharse de un tipo de público fácilmente manipulable y más en tiempos de crisis. "Una cosa es la ilegalidad o las prácticas ilegales y otra es que las cadenas abusen de la buena fe de la gente a través de este tipo de programas de carácter invasivo", comenta Perales.
“Ahora las cadenas buscan que el usuario llame más, ya que la tarificación es única, no como antes que era por minutos y aguantaban las llamadas”, añade el presidente de la AUC. Actualmente, y tras la ley de julio sobre tarificación única, las cadenas están obligadas a informar sobre el número de llamadas que ha recibido el programa a lo largo de su emisión para que el concursante conozca las oportunidades reales de llevarse el premio.
Aun con todo, los espectadores siguen arriesgándose a menudo a ser 'timados'.