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DE INTERÉS

11-S: el cómic como instrumento de propaganda

Los Estados Unidos de América ostentan una larga y conocida trayectoria de sugestión masiva que, desde tiempos inmemoriales, llevan poniendo en práctica a través de cualquier modalidad artística habida y por haber. La de convencer e hipnotizar es una capacidad que los americanos han ido desarrollando a partir de la Segunda Guerra Mundial, pero que se ha visto impulsada desde aquel 11 de septiembre en el que tres aviones se estrellaran contra los centros de poder económico-político del país. Desde entonces, la Administración se viene esforzando por reconstruir una identidad nacional herida de muerte por el derrumbe del Worl Trade Center. El último recurso utilizado en el empeño: el cómic.

Aquella bocanada de cruda y cruel realidad que provocó el nacimiento de una nueva América, herida y vulnerable, a estas alturas ha sido superada ya en el plano de la ficción. El informe que la Comisión del Congreso estadounidense se encargó de elaborar para esclarecer los detalles de lo sucedido aquella calurosa mañana del verano de 2001, un lustro después, ha dado la vuelta a medio mundo.

Tras ser publicado de forma íntegra como libro, convirtiéndose en un best seller que vendió más de un millón de ejemplares, no hace mucho que parte de ese escrito era llevado al cine de la mano de Greengras en la película United 93. Ahora, con la intención de contárselo a los más pequeños de la casa, la intrahistoria de la historia se transformará en historieta. Dos veteranos del siempre heterodoxo, original e iconoclasta mundo del cómic, el guionista Sid Jacobson y el dibujante Ernie Colón, serán los encargados, previo mandato del Pentágono –qué duda cabe-, de distribuir la verdad oficial sobre el 11-S a través de los trazos coloristas que darán forma a las viñetas de su nueva creación. El proyecto recorrerá minuto a minuto aquella luminosa mañana de aquel septiembre tan negro, y estará listo para ser devorado por los incondicionales del género a partir el próximo otoño.

La nueva adaptación para el cómic, que llevará por título The 9/11 Report: A Graphic Adaptation, reconstruirá de forma aséptica, con pretendido verismo gráfico, los pormenores de aquellos atentados, tal y como han sido narrados en el informe de la Comisión. Ni una sola viñeta; ni un solo diálogo; ni el más mínimo trazo podrán ignorar el guión diseñado por el entramado de poder. La pretensión final es la de contarlo todo con la intensidad narrativa necesaria para enganchar al lector más joven, utilizando para ello una pretendida inhibición crítica. Los caminos de la Comisión son inescrutables.

A la sombra de las torres

Tras aquella catástrofe que estaba llamada a cambiar el mundo, los ciudadanos estadounidenses se vieron sometidos a continuadas restricciones de todo tipo, sobretodo en los ámbitos directamente relacionados con la inmigración, la seguridad nacional o las relaciones internacionales. La industria del cómic no pudo mantenerse al margen de semejante cruzada, y se vio obligada a participar en aquella lucha que los americanos empezarían a librar, desde entonces y para siempre, en nombre de la libertad.

Los superhéroes fueron completamente ultrajados, sacados de contexto, despojados de sus ropas; de sus poderes e intereses habituales, y dedicaron varios números especiales a rendir tributo a los caídos aquel fatídico día de septiembre. Pronto, la empresa que en su día creara a Spiderman y que además gestiona la vida de tantos otros superhéroes, Marvel Comics, sacaría a la venta un especial al que denominaron Real Heroes, donde, ¡sorpresa, sorpresa!, aparece el Increíble Hulk sosteniendo una flameante bandera americana, con sus 13 barras y 50 estrellas. Cuesta creer el diseño de dicha imagen, cuando esa especie de ‘masa’ verde, paradójicamente, se había peleado con medio ejército estadounidense en las viñetas que le habían dado forma desde los 60. Hubo también polémicos episodios en los que el ‘hombre murciélago’ recorría las calles de Gotham en busca del más sanguinario de los malvados a los que se había enfrentado hasta entonces: un villano que pretendía hacer un uso poco recomendable de una serie de sobres repletos de Ántrax. Los malos ya no son lo que eran.

Marvel fue la primera editorial en sumarse a las campañas de propaganda, poniendo a disposición del Pentágono la laboriosa trayectoria profesional de todo su plantel de superhéroes. No sería la única. En diciembre de 2001, el dibujante Jim Steranko, apoyado por Vanguard Productions y la distribuidora Diamond, publicaba una edición limitada de 2.500 ilustraciones de The Spirit of America: una más que impresionante viñeta protagonizada por un Capitán América abiertamente dispuesto a luchar por LA CAUSA. “Tras la estela de muerte y destrucción terrorista, América se ha reunido con un sentido renovado del patriotismo y una poderosa resolución para proteger la libertad de la nación”, editorializaron por aquel entonces las empresas promotoras del proyecto, al tiempo que intentaban colocar el producto el mercado. La propuesta fue todo un éxito.

La construcción del héroe

No deja de ser curioso que un sector alejado, en cierto sentido, de la dinámica panfletaria que cobija gran parte de la cultura anglosajona y que, en ocasiones, ha ridiculizando abiertamente los excesos yanquis en relación al patriotismo y al autoritarismo, haya cedido al chantaje. Nadie pudo, de todos modos, resistir el torrente reformador de una administración que necesitaba a toda costa crear ciertos héroes nacionales que a su vez ayudaran a reconstruir una moral que se les había venido a bajo con las torres. Lo que demuestra y, más en el caso de los estadounidenses, hasta qué punto una sociedad, al identificar y definir a sus ídolos, se está identificando y definiendo a sí misma.

El mito del héroe como parte de la historia reciente ha adquirido desde el 11-S una connotación social que se inserta y cobra relieve en el desarrollo del devenir histórico. Sobre todo a partir del momento en el que los americanos se empeñaron en identificar a dichos superhombres con individuos corpóreos, reales y necesarios. Los pilares que sustentan la construcción de cualquier semidiós en el marco cultural estadounidense son el fiel reflejo del total de su cultura. Lo cual no es moco de pavo porque, nos resistamos o no, la ideología estadounidense tiene una naturaleza hegemónica. Razón por la cual, sus héroes, muy a menudo, son también los nuestros.

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