Sábado, 21 de abril de 2007
Hay muchos tipos de fantasmas y cada palacio tiene el suyo. Unos son espíritus invisibles al ojo humano, parecen sacados de un poltergeist, vuelan y en ocasiones dejan sustancias mucosas a su paso, otros espectros, en cambio, tienen cierta consistencia material, pueden aparecerse a los vivos y generan psicofonías como las del Palacio de Linares. Todo muy real. Dentro de esta última categoría se encuentran esos ‘conversos de los números’ que se prodigan tanto en la realidad española, fantasmas que en vidas anteriores presumían de ser economistas independientes y que ahora se desenmascaran como políticos de traje de látex y látigo con pinchos.
Por la torre Azca del BBVA han pasado unos cuantos fantasmas, aunque por suerte para FG (los fenómenos paranormales ahuyentan a la clientela) ya quedan pocos. La mayoría ha abandonado sus dependencias, algunos por razones de edad, otros por estar ocupados en road shows judiciales, y un tercer tipo, los conversos, por ínfulas políticas. Es el caso del estudioso económico David Taguas, otrora subdirector del Servicio de Estudios del BBVA, quien no hace mucho decidió quitarse la sábana blanca, soltarse las cadenas y mostrar su verdadero rostro, el que ya muchos conocían.
Está doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad de Navarra y es técnico diplomado del Instituto Nacional de Estadística, realizando estudios de postgrado en el Banco de España y desarrollando su actividad profesional en el Ministerio de Economía y Hacienda como asesor de la Secretaría de Estado de Hacienda (1991-96) y asesor de la Secretaría de Estado de Presupuestos y Gastos (1996-97). Pero a diferencia del economista al uso, enclenque, bajito, con gafas de pasta y pelo raleado, Taguas es alto y de complexión fuerte. Tiene bolsas en los ojos y la voz ronca, como de ultratumba, como si fumara tres cajetillas de Ducados al día, pero la cajetilla entera, nada de cigarro tras cigarro. Es persona de mucho carácter y cara de cabreo crónico. Sus próximos hablan bien de él y lo describen como una persona afable. Pero para los demás, los que no lo conocen tan a fondo, el Taguas acojona. Muy pocos le han visto sonreír.
Pero no siempre fue así. Toda transmutación requiere de una catarsis, y la de Taguas se produjo cuando Francisco González puso de patitas en la calle a Miguel Sebastián por trabajar más para el PSOE que para el BBVA. Ese día Taguas se convirtió en un fantasma. Habían echado a su jefe, a su amigo, a su confidente. Por si fuera poco, en vez de promocionarle en el escalafón, le habían dejado como subdirector de un departamento que, por imperativo de la jerarquía superior, había quedado postergado a un segundo plano tras la ‘polémica Sebastián’. Triste y cabizbajo, se pasó los años siguientes deambulando por los pasillos del servicio de estudios del banco, primero en Azca y después en el Palacio del Marqués de Salamanca, quejándose entre dientes de lo politizadas que estaban las finanzas y de lo complicado que era ejercer el librepensamiento en un área a priori independiente como era la suya.
Un submarino del PSOE en el BBVA
A veces quedaba a charlar con alguno de los pocos periodistas amigos con los que contaba, entre ellos alguno de este diario, El Confidencial. Lo hacían en la cafetería del El Corte Inglés de Nuevos Ministerios y allí Taguas, midiendo las palabras como si tuviera miedo a no ser entendido, o mejor al revés, como si tuviera miedo a que lo calaran, a que descubrieran su trasfondo de armario de cuatro por cuatro, se ponía a criticar de forma velada a Rato y a Francisco González, decía que el del BBVA se había dejado engañar por el ahora director del FMI y que se había creído a pies juntillas que Sebastián era un submarino del PSOE en el banco, que vaya tontería, que Sebastián era independiente, como él, que la política española da asco, tan timorata, tan intervencionista, que lo que había que aplicar era el tipo único en el IRPF y quitar las deducciones a la compra de vivienda, que eso es la economía moderna, que los demás no entienden, que Sebastián y él son unos incomprendidos.
Los que le escuchaban decir esto tenían la impresión de estar sentados en un aula de la Universidad Carlos III y le daban la razón como autómatas, pues uno acaba fiándose más de la ciencia económica que de la verborrea de los políticos, y entre un ministro y un técnico de los números, es preferible optar por este último, que al menos sabe lo que vale un café de máquina. Curiosamente, pocos meses después de todo aquello, Sebastián se convertiría en el asesor de Zapatero encargado de elaborar el programa económico del PSOE para las elecciones generales de 2004 (au revoir doctorado por la Universidad de Minnesota, bonjour despachete en Ferraz).
El Confidencial siguió el hilo del nuevo gurú socialista y se encontró con la madeja de los colaboradores que le habían estado ayudando en sus nuevos cometidos. Lo publicamos en un artículo titulado Por sus iniciales les conoceréis: economistas del Banco de España, Cemfi, BBVA y Carlos III escriben el programa electoral del PSOE. Desde entonces, David Taguas no se le ha vuelto a poner al teléfono a El Confidencial. Quizá por miedo, pues entonces trabajaba en una empresa privada, quizá por sentirse ofendido, creyendo, como el que se repite una mentira muchas veces, que él no tenía ascendencia política y que era un mero técnico.
En este caso, el tiempo no ha servido para curar heridas, pero sí para desenmascarar a aquellos economistas a los que se les llenaba la boca de términos como ‘independencia’ y ‘libre competencia’, y que ahora se dedican a hacerle zancadillas a Manuel Conthe (basta con ver quién se sienta en la CNMV) por defender el recto funcionamiento de los mercados y a ponerle una alfombra roja a una compañía pública extranjera como Enel para que se haga con una compañía privada como Endesa, otrora joya de la corona del empresariado patrio.
‘Sebastian's Boys’
Todos ellos formaban parte de los ‘Sebastian's Boys’, un grupo de amigos próximo a los socialistas que durante los Gobiernos del PP se reunía casi de forma clandestina para hacer de think tank económico en ambientes académicos y financieros, y que tras la llegada del PSOE al poder ha comenzado a copar puestos relevantes en la Administración. Solían compartir mesa, mantel, botella de vino y un ideario económico que, paradójicamente, poco tenía que ver con las tesis progresistas de Zapatero. Además de Sebastián y Taguas, a esos encuentros petit comité también acudían Soledad Núñez, directora general del Tesoro y representante del Ministerio de Economía en la CNMV; César Molinas, ex managing director de Merrill Lynch para Europa y ahora consejero de Altamar, el private equity de Claudio Aguirre, y Antonio Zabalza, ex secretario de Estado de Hacienda y ahora presidente de Ercros.
Con el tiempo, Sebastián se llevaría a Taguas como machaca al Palacio de la Moncloa para Zapatero. Es el que le hace las sumas y el trabajo sucio. O eso dicen. De sus manos ha salido el Informe Económico del Presidente del Gobierno 2007, documento que ZP presentó el pasado lunes en la madrileña Plaza de Lealtad en olor de multitudes y que venía a glosar las bondades de España. “Somos la octava potencia mundial”, que dijo Taguas en boca del presidente. A uno le cuesta imaginar que estas palabras hayan salido del magín del director de la Oficina Económica de Moncloa, persona siempre crítica, quizá en exceso, con la complacencia de este país nuestro, por lo que habría que entenderlas exclusivamente dentro de un contexto electoral, que en eso estamos.
Ahora Sebastián es candidato a la alcaldía de Madrid y su segundo, Taguas, anda enredando entre italianos. Desde Keynes hasta Galbraith, todo gran economista que se precie se mueve por impulsos ideológicos. Ese no es el problema. Lo grave llega cuando uno se traiciona a sí mismo, se olvida de los principios que decía defender, de la competitividad, de la creación de empleo, y se pone a mangonear en las empresas por orden del ‘jefe’, beneficiando a los amigos y perjudicando a los que no lo son. Por desgracia para Taguas, ya no tiene ninguna sábana donde esconderse.
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