
Sábado, 02 de junio de 2007
EL ÚLTIMO VALS

Director: Carlos La Rosa.
Autor: Louis Aragón.
Intérprete: Fernando Guillén.
Música: Alfredo Valero.
Lugar: Sala pequeña del Teatro Español, Príncipe, 25. Madrid.
Teléfono: 91 360 14 84. Venta telefónica en 902 10 12 12.
Fecha: Hasta el 17 de junio.
Horario: Martes a domingos, 21h.
Precio: 15 €. Martes y miércoles, 11 €.
www.esmadrid.com/teatroespanol
Cuando Luis Aragón, uno de los fundadores del surrealismo, escribió El último vals para el número postrero de la revista Les Lettres Françaises -de la que era director- sabía que acabaría suicidándose. Hay en el texto una tremenda lucidez y una mezcla de soledad y pesimismo del que dice conocer el fondo del abismo, el “negro pozo” oculto tras las esas hojas que son las palabras.
Cuando Fernando Guillén, uno de los grandes actores de nuestro país, decide acabar su carrera sobre las tablas eligiéndo el texto como antes lo hicieran Jean-LouisTringtinant o Patrice Chereau, muestra una voluntad de finalizar un viaje cargado de memorables paradas en la intimidad de un lugar como el pequeño espacio del Café del Teatro Español de Madrid (no caben más de 80 personas). Y solo ante el peligro. O casi, porque aquí la música del acordeón (el instrumento que mejor combina con la nostalgia, sin duda), compuesta e interpretada por el joven Alfredo Valero le echa un cable reforzando la poderosa magia del texto, siendo el perfecto contrapunto a sus envites desgarradores y el silencioso testigo en los momentos de reflexión más profunda.
Con todo, hay en esta hora y cinco minutos con Fernando momentos de dinamismo juguetón en esos viajes entre el sueño y la realidad en los que Aragón se ve a sí mismo a caballo visitando estrambóticos lugares de elementos dalinianos, maggrittianos o, incluso, balthusianos. Surrealistas al fin y al cabo.
El sencillo escenario se compone de un viejo escritorio con libros amontonados incluso por el suelo –alma inquieta la de Aragón-, con una lamparita que marca como una claraboya en el medio del mar la realidad del lugar de estudio cuando Fernando, siempre bien colocado en escena, se aleja de allí para divagar sobre alguno de los puntos de su discurso, para explicarse, para profundizar en sus recuerdos de niñez y rememorar ese vals que le tocaba su abuela.
Y así es como trascurre este baile dirigido con sencillez y oficio por Carlos La Rosa en el que Guillén demuestra tener pies ligeros: emociona y convence haciendo suyas las palabras de Aragón, tremendas y sobrecogedoras cuando sostiene creer “en el poder del dolor”; actuales, también, cuando arremete contra los “pedagogos del todo va bien”, contra los optimistas convencidos. Y así nos hace salir, conmovidos, casi como en un universo paralelo al jolgorio que nos espera fuera, en las terrazas veraniegas de la plaza de Santa Ana.
En cartel en Madrid:
Todos los derechos reservados © Prohibida la reproducción total o parcial
