Jueves, 01 de febrero de 2007
Buen estreno de Sánchez Dragó al frente del informativo diario que ocupa la madrugada de Telemadrid. La interesante y cuidada entrevista del lunes a Ortega Lara, más en lo humano que en lo estrictamente informativo, y a pesar de las excesivas parrafadas interpretativas que se marcó el presentador, otorga a Diario de la noche uno de los mejores datos de la temporada y posibilita que el escritor sitúe los niveles de audiencia muy por encima de la media que alcanzaron sus predecesores al frente del espacio: Germán Yanke y Armando Huerta. Así pues, cabría decir que el primer día el novato se ganó el sueldo.
Ahora bien, una vez aparcadas las entrevistas estrella, la expectación del estreno y los abrazos homoeróticos con el ex funcionario de prisiones, la cosa ha ido bastante peor en todos los sentidos. Las dos ediciones posteriores del programa sólo han servido para certificar lo que uno ya se temía: que el nuevo espacio de este intelectualoide de lengua retorcida es tan farragoso como alguna de sus novelas. Y la audiencia se ha percatado y se lo ha hecho saber, llevando de nuevo al programa hasta sus datos habituales. Algo que hace pensar que Dragó es flor de un día.

El tipo es pedante e impertinente en grado superlativo. No le faltan ganas, eso es cierto, pero le sobra chulería por los cuatro costados. El resultado de un mes de laboriosa preparación es un informativo desordenado, arrítmico, con una caótica organización del espacio y donde el concepto de autoría dibuja una línea invisible entre la información y la opinión que confunde, pero no embelesa, que es lo que en realidad se pretende. En un par de programillas a Dragó ya se le ha visto el plumero. Nada que objetar. Que lo enseñe, que para eso lo tiene.
El principal problema es que, además de mostrar el plumero, el tipo no ha tenido reparos en llevarse al estudio todos los trastos que tenía por casa: su atril y sus gafas a medio poner fundamentalmente, que unidas a esa estética 'tipo' Cuéntame que les ha dado por poner a los de Telemadrid en todos los platós de la cadena, hacen patente un airecillo a geriátrico de no te menees. En los planos medios y frontales, el amigo parece el abuelo Cebolleta contando sus anécdotas sobre la Guerrra Civil, sobre todo porque su verborrea linda demasiado con lo narrativo.
Todo hace indicar que el advenimiento de Dragó a la pequeña pantalla, lo que son las cosas, va a reducir aún más el índice de lectura de nuestro país. De pronto se torna innecesario echar un vistazo a una obra literaria cada madrugada para poder quedarse frito con una mayor facilidad. Y es que el lenguaje telegráfico del que hace gala el escritor tiene un efecto somnífero en el receptor infinitamente más efectivo que el “Vamos a la cama” de la familia Telerín.
Antena 3, esa eterna chapuza
Lo de Antena 3 no tiene remedio. Y mira que quien avisa no es traidor. No hace mucho que El Confidencial publicó un artículo en el que describía la situación precaria por la que pasaba la cadena prácticamente en todas sus franjas y le auguraba un porvenir poco prometedor a tenor de los estrenos futuros, hoy ya presentes, que por entonces se hicieron públicos. Pues dicho y hecho: todos los nuevos espacios, excepto Sorpresa Sorpresa (éxito dudoso, coñazo incuestionable) se han pegado un golpe de escándalo.
Aun así, no se vayan a creer ustedes que los directivos de la cadena se tocan todo el día la nariz o que cualquiera puede servir para trabajar en San Sebastián de los Reyes. Muy por el contrario, los requisitos son infinitamente superiores que para optar a un puesto de trabajo en otra emisora amiga, ya que allí uno tiene que tener más fe que el Papa, más moral que el Alcoyano y la suficiente entereza como para no meterse un lingotazo de ácido clorhídrico cada mañana al ver los resultados de audiencia del día anterior.
En fin... y resumiendo:
-Unan1mous, un reality en el que lo peor de cada casa se encierra en un búnker y se lía a contar mentiras (lo llaman juego de estrategia), sólo será recordado por haber tenido el peor estreno de un programa de convivencia en la historia de la cadena. Desde aquí, nuestra más sincera enhorabuena por el logro. Y que dure mucho.
-Manos a la obra, ese guiño nostálgico a la España que aún se coloca la boina calada cada mañanita, a la ficción más chusca y chapucera, ha perdido audiencia en cada una de sus emisiones. Empezó con un 25% y ya va por un 16. Y cuidadito porque han cogido carrerilla y no se sabe muy bien dónde pueden acabar. Y es que segundas partes...

-Y la nueva mañana de la cadena... Qué decir de la nueva mañana. Es cierto que La ruleta se desayuna todos los días a Ana Rosa, pero Susana Griso y su Espejo público no pasan aún del 12,5% de media, El toque Ariel de un 13% y Los más buscados de un 12,6%. En fin, no hay mucho más que decir.
Bueno sí, otra cosa: los programas que ocupan ahora la franja matinal han empeorado los datos conseguidos por la Campos la temporada pasada. Una María Teresa -ojo al dato- que, aún estando en su casita, sigue chupando del frasco porque está ligada contractualmente a la cadena nada menos que hasta junio. Así que si uno se hace un croquis conceptual y se lía a echar cuentas, se percatará de que en Antena 3 la audiencia disminuye en una relación inversamente proporcional al dinero que va saliendo de sus arcas. Mal asunto.
AUDIENCIAS

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