




Sábado, 16 de diciembre de 2006
En la comunidad del Mare Nostrum, como llamaron los romanos al Mediterráneo, existen múltiples pasos a tierra, cada cual más interesante. Entre los del norte de África, se encuentra la belleza sin igual de Túnez, herencia de la antigua Cartago y capital de un país homónimo que abre los brazos a millones de turistas anualmente para los que se vuelca obteniendo excelentes resultados: el recuerdo imborrable de tesoros, arte, lujo y placer.
Las imágenes más características de Túnez, las que más aparecen en las postales, son sus puertas. De un azul brillante, como si Nuestro Mar se reflejara en cada una de ellas, destacan de un continuo blanco de fachadas con curvas interminables. La luz que desprenden es cegadora y contrasta con la penumbra en el interior de sus amplios muros que refrigeran un más que cálido ambiente.
El Estado tunecino se ha volcado en el turismo. De ahí que el ser grandes anfitriones, característica habitual de las gentes del norte de África, se multiplica con creces por estos parajes. La tunecinos actuales son descendientes de los bereber y de los numerosos pueblos y civilizaciones que han invadido o migrado a la zona a través de miles de años: desde los fenicios, hasta los romanos y vándalos. Túnez fue protectorado francés hasta 1956, país con el que conserva fuertes vínculos políticos, económicos y culturales. Una rica mezcla que sirve de condimento a interesantes conversaciones e intercambios de pareceres con sus habitantes.
En el territorio del Túnez actual floreció la mítica ciudad de Cartago, conquistada más tarde por los romanos. Allí puede admirarse impresionantes lugares púnicos y romanos como las termas de Antonio. Pero hay otros emplazamientos en los que hallar verdaderas joyas arquitectónicas: el templo romano de Dugga, la necrópolis púnica de Útic, el templo romano de Sbeitla, las villas romanas de Bulla Regia y el Coliseo de El Jem. Entre los monumentos de arte islámico, destacan la Gran Mezquita de Kairuán, la Gran Mezquita Ezzeituna así como la Medina o ciudad antigua de Túnez.
Dicen que Túnez es el lugar de ensueño para dorarse al Sol, practicar submarinismo, la vela, o dedicarse a la pesca a lo largo de sus 1.300 kilómetros de playas de arena blanca. No hay que olvidar las espléndidas estaciones balnearias para el turismo de salud tan recurrente en los últimos tiempos. Sobrada fama poseen Tabarka, Hammamet, Sousse y Djerba. Para admirar parajes desérticos hay que acercarse al sur. Allí aguardan la típica estampa del paisaje sahariano con sus oasis donde reconocidos cineastas se han acercado para sus rodajes.
Hoja de ruta:
Cómo llegar: Vuelos directos desde Madrid a Túnez (capital) con Tunis Air, Air France e Iberia. Desde Barcelona, las aerolíneas mencionadas además de Air Algerie y Alitalia.
Dónde dormir: Abounawas Le Palace, Abounawas Tunis, Africa, Corintia Khamsa, Golden Tulip Carthage, Hana Internacional, La Maison Blanche, Mercure Gammarth, Miramar Carthege Thalasso, Reinaissance Tunis, The Residence, Sheraton Tunis Hotel & Towers.
Dónde comer: Aubon Vieux Temps, Bistro-Garden, Dar bel Haj, Dar el Jeld, Dar Zarrouk, Diwan dar el Jeld, El Mawel, El Mazar, Essaraya, Gaston’s.
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