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De Madrid al cielo… o no

@Jacobo Corujeira

Sábado, 04 de noviembre de 2006

El vuelo partía de Barajas y tenía el número 1251 de Air Madrid, una aerolínea con algo más de dos años que ha transportado a casi tres millones de pasajeros en este tiempo. El billete de Horacio Álvarez había costado 860 euros. El destino, Buenos Aires: unas vacaciones para visitar a la familia, reencontrarse con los amigos… todo lo que uno suele hacer cuando vive lejos del lugar donde nació y regresa unos días. “Llegué al aeropuerto a las 7.30 y había una cola que medía unos 150 metros”. Aún quedaban veinticuatro horas y varios disgustos antes de llegar a su destino. Volar de Madrid al cielo se convertiría en una pesadilla.

Horacio empezó a sentir que algo extraño podía ocurrir. En los medios había visto alguna imagen de pasajeros protestando en la oficina de la compañía del aeropuerto de Barajas, “pero uno nunca piensa que le vaya a pasar”, confiesa ahora, algún tiempo después del viaje. La fila para facturar era en realidad un gran atasco del que nadie con billete podía escapar, como en el cuento La autopista del sur de Julio Cortázar: la cola no avanzaba y los pasajeros parecían resignarse a esperar.

Fueron pasando las horas y todo seguía igual. Al principio nadie hablaba, pero con el paso de los minutos la empatía venció a la intriga e hizo que la confianza fuera abriéndose paso entre los que esperaban. Allí había varias chicas que habían ejercido como árbitros en el mundial de hockey que se acababa de celebrar en España, gente que no pudo realizar sus conexiones con otros vuelos cuyo importe nadie les iba a devolver por ser con otras compañías o pasajeros que perdieron la reserva del hotel en Argentina. Horacio estaba especialmente impactado por el caso de un joven que ya no podría llegar al entierro de su padre en Buenos Aires. “Aquel chico daba mucha pena”.

El vuelo debía salir a las once de la mañana, pero un cuarto de hora antes todo hacía indicar que ninguno de los que estaba en la fila del mostrador de facturación tomaría el Airbus que ya estaba preparado en la pista listo para recoger al pasaje. “A esa hora vino un empleado de la compañía. Le pregunté si el vuelo salía en hora y me dijo que sí”.

‘Overbooking’ multitudinario

En un principio Horacio no comprendía lo que estaba ocurriendo, pero vio la luz enseguida: “Evidentemente había salido en hora, ¡pero con los pasajeros que llevaban esperando desde el día anterior!”. El vuelo que debía haber partido hacia Argentina 24 horas antes tampoco había podido despegar, por lo que sus pasajeros eran los primeros en la lista de espera antes que Horacio y sus compañeros de cola. Una de las características que diferencia el negocio de Air Madrid de otras compañías aéreas es el número de personas que vuelan en sus aviones, como señalan desde la empresa: “Podemos tener precios mucho más bajos porque nuestra media de ocupación es del 85 al 90%”. Por eso cuando hay un problema de overbooking, lo hay con centenares de personas y no con cincuenta o setenta clientes.

En el último mes, Air Madrid ha sufrido retrasos cada día en sus vuelos con destino a América Latina. Desde la compañía señalan como causas la revisión de dos de sus nueve aeronaves, que se ha alargado más de lo previsto, y las obras en el aeropuerto de Guayaquil (Ecuador). Sus rutas con destino a Costa Rica, Panamá, Cartagena de Indias, Buenos Aires, Quito o México DF han partido en algunos casos con retrasos de más de veintiséis horas, y el regreso de los aviones a España ha sido igual de tumultuoso en muchos de los casos, aunque en la empresa ponen todo su esfuerzo en destacar que “veintinueve de los treinta vuelos que tiene Air Madrid en un día salen a su hora y eso no se recoge en la prensa”.

A eso de las once y algo de la mañana, Horacio ya tenía asumido que tendría que pasar un día más en Madrid. Primero hubo que hacer cola en un mostrador donde cambiaban el billete por uno para el siguiente vuelo, veinticuatro horas después. Después, otra fila más para presentar una declaración sobre el suceso y finalmente, el compromiso por parte de los empleados de la compañía de un futuro resarcimiento económico. Los pasajeros que no residían en Madrid fueron trasladados al hotel Auditórium, a unos kilómetros escasos del aeropuerto, por los empleados de la compañía: “Lo primero que hacemos es reubicar al pasaje en el hotel; hacemos todo lo que podemos”. Hasta que llegaron al hotel, los que tenían moneda argentina tuvieron que cambiar sus divisas por euros para poder comprar algo en la cafetería de Barajas.

Horacio no necesitaba un alojamiento temporal porque reside en Madrid, pero tuvo que esperar pacientemente a que su esposa saliera del trabajo y pudiera recogerle: la compañía sólo se hacía cargo del transporte del pasaje hasta el hotel, no hasta sus casas. Veintiséis horas más tarde pudo embarcar en el Airbus 330; catorce horas de vuelo y una escala después el avión aterrizaba en uno de los aeródromos de la capital argentina. “La primera parte de la película termina con mi llegada a las nueve y media de la noche del día siguiente al que habría tenido que partir”.

El viaje ya se había demorado demasiado, así que Horacio tuvo que retrasar un día su vuelo de vuelta a Madrid: “Como yo sólo iba para siete días, tuve que cambiar mi regreso, si no iba a estar más en el avión que en Buenos Aires”. A su regreso ya se fiaba poco de la puntualidad de Air Madrid, así que llegó al aeropuerto bonaerense con cinco horas de antelación. “Total, el vuelo acabó saliendo a las seis de la tarde cuando tenía que haberlo hecho a las once de la mañana, así que estuve once horas esperando”.

Aviones en revisión, aeronaves alquiladas

Las caras de los pasajeros no eran especialmente amigables en el momento del embarque, que se hizo en un avión de bandera portuguesa alquilado por Air Madrid. La compañía se ha visto obligada a contratar los servicios de estas aeronaves después de que la revisión rutinaria de dos de los nueve aviones de largo recorrido que posee se haya alargado más de lo previsto. Sin embargo, no siempre logran encontrar los aparatos apropiados: “En ocasiones no damos con el avión que tenga la capacidad de pasaje ni la autonomía necesarias, y en estos casos se da un efecto dominó; el recorrido de los aviones es tan largo que el retraso acaba siendo mucho mayor del que habría en un vuelo Madrid-Barcelona”.

Horacio viajó en dos vuelos que entran dentro de la media de retrasos de la compañía. Air Madrid ha acumulado en el último mes una cancelación o retraso diarios en los 30 vuelos que efectúa cada jornada, motivo por el que la Dirección General de Aviación Civil, dependiente del Ministerio de Fomento, ha abierto un expediente que podría acarrear sanciones de hasta 450.000 euros o medidas excepcionales si las alegaciones presentadas por la aerolínea (tiene hasta el siete de noviembre para entregarlas) no convencen a las autoridades.

Si todo sale bien, el servicio debería volver a funcionar con normalidad en los próximos días, cuando regresen los aviones que se encuentran en revisión y comiencen a incorporarse las aeronaves que la empresa presidida por el empresario turístico José Luis Carrillo ha adquirido (el plan de negocio contempla contar a finales del año próximo con más del doble de aeronaves que ahora). Mientras se resuelve el expediente, continúan los retrasos y los pasajeros como Horacio esperan, con la misma paciencia con la que hicieron cola en los aeropuertos, que Air Madrid le ingrese en su cuenta bancaria los 600 euros que le prometieron como indemnización.

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