0:46 Jueves, 22 de junio de 2006

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TEATRO

Al calor del pasado

@María José S. Mayo

Sábado, 17 de junio de 2006

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NINA

Director y adaptador: Salvador García Ruiz.
Autor: José Ramón Fernández.
Música: Pascal Gaigne.
Intérpretes: Laia Marull (Nina), Juanjo Artero (Blas), Ricardo Moya (Esteban).
Lugar: Café del Teatro Español, Príncipe, 25. Madrid.
Teléfono: 91 360 14 84. Venta telefónica en 902 10 12 12.
Horario: Martes a domingos a las 21h.
Fecha: Hasta el 9 de julio.
Precio: De 15€. Miércoles, 11€

“Al lugar donde has sido feliz nunca has de volver”, dice una canción; pero Nina lo hace. Ella ya no es la misma, y tampoco aquellos a los que quiso. Bajo una enorme tormenta, el hostal de un pueblecito en la playa recibe a esta chica sumida en la tristeza por lo que ha visto en las pocas horas que ha pasado en ese lugar, que decide abandonar a primera hora de la mañana.

Laia Marull, encumbrada al éxito por su trabajo en Te doy mis ojos, se mete en la piel de este delicado personaje bajo la dirección de un debutante en teatro, pero un cineasta que ya le había dirigido en dos películas –Mensaka y Las voces de la noche-, Salvador García Ruiz.

El intimismo de esta historia de tres personajes la convertía en el terreno idóneo para García Ruiz, al igual que el recientemente habilitado espacio teatral del antiguo café del madrileño Teatro Español era el escenario perfecto. Ese pequeño lugar conserva la barra del bar y el suelo ajedrezado, ideales para hacer las veces del hostal y restaurante en el que se desarrolla la acción, y un lugar limitado a acoger sólo a un pequeño grupo de espectadores, el numero justo que necesita un montaje inundado de gestos que valen su peso en oro; de confesiones, de intimidad.

Juanjo Artero, conocido por sus trabajos en televisión –El comisario y, sobre todo, Verano azul-, interpreta a Blas, uno de los amigos del grupo de Nina. Durante la noche antes de su partida ambos recordarán hechos de su pasado común y confesarán con amargura los de un presente nada esperanzador en el que han perdido el control de sus vidas. El propiciador de este encuentro es el personaje de Esteban, interpretado por Ricardo Moya, una mezcla de racionalidad y bondad que pone a Blas ante su dolorosa verdad.

Laia Marull dota de vida a un personaje difícil, que tal como confiesa el autor del texto, que se llevó en el 2003 el premio Lope de Vega, José Ramón Fernández, se llama igual que un personaje de La gaviota de Chejov, porque como ella esta mujer se ha hecho consciente de que sus ilusiones se han quedado irremisiblemente rotas en el camino. La actriz catalana está perfecta en los momentos en los que ha de mostrarse frágil y desamparada, pero flojea en esos otros en los que ha de poner más carácter al personaje.

Se echa de menos una mayor garra, un mayor impacto en determinados momentos, lo que en parte de debe a un texto que pedía más sutilezas, mantener un poco el misterio de lo que le ha pasado a esta mujer tras dejar el pueblo. Porque no da la impresión de que tras lo que se dice haya mucho más y eso limita a los personajes: les resta complejidad humana.

Por su parte, Moya está perfecto, mesurado, haciendo que nos creamos todo lo que dice; mientras que Artero va poco a poco poniendo en pie un personaje que llena de la fuerza y vulnerabilidad que necesita, con momentos en los que de verdad emociona.

Nina es un montaje para saborear la interpretación de los actores, en la que se brinda al espectador la posibilidad de situarse en la irresistible posición de mirón; pero en el que el texto se queda un poco rezagado con respecto al que clima de alto voltaje que brindan sus interpretaciones, que es sin duda la gran baza por la que recomendar la obra.

En cartel:

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