



Viernes, 17 de marzo de 2006
Un restaurante de lujo en Madrid, un local recién abierto en el Museo Reina Sofía, un rincón propio en el Hotel Ars de Barcelona, premios nacionales e internacionales, el saber hacer de Ferrán Adrià… han marcado la meteórica carrera de Sergi Arola, un chef barcelonés de reconocido prestigio colocado en uno de los primeros puestos del escalafón nacional. Sin embargo, la televisión se cruzó en su vida y ha acabado quemado en los fogones de Telecinco.
Sergi Arola y su compañero, Mario Sandoval, decidieron un buen día entrar a formar parte del negocio mediático de la cocina, aunque con una propuesta muy arriesgada. Al contrario que Karlos Arguiñano o José Andrés, que simplemente proponen sus recetas a los televidentes, se convirtieron en protagonistas de un programa que mezcla las artes culinarias con el reality show. El resultado fue La cocina del infierno, emitido en Telecinco, en el que Arola y Sandoval dirigen a un grupo de famosos que tienen que aprender técnicas de la alta cocina.
Semana a semana, compiten en una gala en la que uno triunfa y otro ve como su trabajo es despellejado por críticos especializados en directo. Además, los famosos-cocineros juegan a convivir bajo las cámaras y los focos al más puro estilo de Gran Hermano, con peleas y confesionarios, con amores y desamores, con críticas a sus jefes, entre los que su mayor marioneta es Arola.
La cocina del infierno no ha llegado a buen puerto. Tras varias semanas en antena, Telecinco ha decidido darle un honroso final exprés para librarse de los famosos y de los cocineros e intentar solucionar un problema de baja audiencia. A su vez, este reality ha acabado minando la buena imagen de Arola, no así de su compañero Sandoval. Ha sido criticado e insultado por sus concursantes en los platós televisivos, lo que le ha convertido en un personaje más del cuore, en parte, por los malos modos que se gasta cuando hay que cocinar un plato.
Este aluvión mediático ha obligado a Arola a renegar de su propio trabajo en los medios. El cocinero ha señalado que no quiere saber “nada más de la televisión en muchos años”. Además, ha añadido que la gente no entiende el trabajo que realizan él y sus compañeros y que sólo le gusta “hablar de cocina”. Pero esto no lo ha dicho ahora, que el programa llega su fin, sino a las pocas semanas de su comienzo.
Concursantes rebeldes
Los concursantes famosos han sido los que más quebraderos de cabeza le han provocado a Arola. Según el propio cocinero, el problema es que “en este programa nadie quiere ser cocinero”. Con muchas de estas estrellas mediáticas ya ha tenido sonados enfrentamientos. El primero en abrir la caja de los truenos fue Pino d’Angio que, dentro del encierro mediático, puso de vuelta y media a su profesor, críticas que prosiguieron tras ser expulsado de la casa infernal.
Las reprimendas del exigente chef también han provocado que a más de uno, como a Bárbara Rey, se le salten las lágrimas. De hecho, en las últimas semanas han tenido numerosos encontronazos. Arola, tras los primeros programas, se ha aplicado el cuento y ha tratado a la vedette con indeferencia y frialdad, no en vano su futuro no está dentro de La cocina del infierno. Definitivamente, Arola se ha quemado en sus propios fogones de la fama.
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