Miércoles, 24 de mayo de 2006

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El mexicano González Iñárritu alza una torre de Babel hacia la Palma de Oro

Koji Yakusho, Cate Blanchett y Alejandro González Iñarritu. (Efe)  

El mexicano González Iñárritu alza una torre de Babel hacia la Palma de Oro

Al igual que en los dos anteriores filmes del cineasta, la viga de sustento de la trama es un hecho accidental en un vehículo.

Eliseo G. Nieto. Cannes (Francia).

Martes, 23 de mayo de 2006

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Ni siquiera un error de proyección pudo impedir que un largo y clamoroso aplauso cerrara en Cannes el pase de prensa de Babel, obra con la que el mexicano Alejandro González Iñárritu se convierte sin sombra de duda en firme aspirante a la Palma de Oro. "Intenso", "apasionante", "profundo", eran los adjetivos que se oían a la salida entre los periodistas y críticos que atestaron la Gran Sala Lumiere del Palacio de Festivales para ver uno de los filmes más esperados del 59 Festival de Cannes, pese a que su autor tiene sólo dos largos en solitario en su haber.

Pero qué dos largos: Amores perros (2000), que estuvo en Cannes fuera de competición, y 21 Grams (2003), que elevó al Olimpo al director y al escritor Guillermo Arriaga, premiado ya en Cannes en 2005 por el guión de The Three Burials of Melquiades Estrada (en España, Los tres entierros de Melquiades Estrada).

Protagonizada por Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Adriana Barraza, Koji Yakusho, Rinko Kikuchi, Said Tarchani y Boubker ait el Caid, Babel cierra la trilogía con suma coherencia y sin que se perciba merma alguna en las cualidades que encumbraron a sus autores, incluido el director de fotografía mexicano Rodrigo Prieto y el músico argentino Gustavo Santaolalla. Al igual que las dos precedentes, esta torre tiene como cimientos el poder del azar, la fatalidad y la inexorabilidad del destino, y como andamiaje tres historias muy diversas cuya interconexión era en principio insospechable.

Y también al igual que en las dos anteriores, la viga de sustento de la trama es un hecho accidental en un vehículo. Solo que esta vez, Iñárritu y Arriaga amplían sus ambiciones y, si el desencadenante se da en Marruecos, sus consecuencias repercuten tan lejos como en México y Japón.

Entre medias, Babel da cabida en sus múltiples plantas a temas tan diversos como la emigración mexicana en EEUU, la paranoia antiterrorista y el aislamiento originado por una minusvalía. Quizá el algo forzado implante de la rama nipona en el desarrollo de la historia es el único y mínimo "pero" que podría ponerse a esta cinta de ritmo apabullante. Tan apabullante que, pese a que la repetición de uno de los rollos obligó a interrumpir la proyección durante unos minutos, todo el público pareció reconectar de inmediato apenas se oscureció de nuevo la sala.

Toda una proeza, agrandada porque ese problema vino en el tramo final de una cinta de casi dos horas y media y exhibida en un horario tan intempestivo como las ocho y media de la mañana, pese a lo cual ni uno solo de los asistentes abandonó la sala. Quizás porque el cemento con el que se alza esta torre, que los mantuvo pegados a la butaca, tiene algún contacto con la bíblica historia de Babel.

Ni personajes malos... ni buenos

Pero la confusión de lenguas no es "el problema" para González Iñárritu. "El problema son los prejuicios que nos separan a los seres humanos", subrayó a la prensa el director acompañado por su elenco, con excepción de Pitt, que se excusó por el inminente nacimiento del hijo que va a tener con Angelina Jolie. "Quería que mi película, precisamente, tratara de lo que nos une", porque de un extremo a otro del mundo, e incluso en una misma familia, "como seres humanos, nuestro concepto de la felicidad es muy distinto, pero lo que nos hace sentir mal es lo mismo para todos: la imposibilidad de sentir y expresar el amor", explicó.

"Eso es lo que une a los personajes", entre quienes "no quisiera que hubiese malos y buenos", agregó González Iñárritu, quien sin embargo, no eludió criticar que entre México y EEUU, "lo que pasa en la frontera es terrible". Ese asunto se trata en la cinta con los personajes encarnados por los mexicanos García Bernal y Barraza, en papeles distintos a los que asumían en Amores perros.

"Cuando hicimos esta película tuvimos interdependencia, todos compartimos un sentimiento de fragilidad", explicó García Bernal, en lo que coincidió Blanchett, quien opina que la cinta "tiene que ver con las relaciones de padres e hijos", lo cual le ayudó a recurrir a "experiencias propias" para preparar su papel. "Es peligroso no entender a los demás, ya sea entre países o entre padres e hijos", apostilló González Iñárritu, confirmado tras la proyección como firme aspirante a la Palma de Oro, hasta el punto de que un periodista le preguntó si tenía preparado discurso para recibirla.

"Lo mejor es no esperar nada, para poder mantener la calma", replicó el realizador con una sonrisa.

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