BIOGRAFÍA
José Antonio Zarzalejos.- 29/12/2010
La TV ha sufrido en España bajo el Gobierno del PSOE una extraordinaria degradación en la dignidad de sus contenidos. La expresión más acabada del desentendimiento de alguna emisora privada -la más favorecida por la nueva financiación de TVE- de un cierto prurito de responsabilidad es la patética figura de Belén Esteban. Lejos de criticarla, profeso hacia ella un sentimiento de conmiseración: es víctima de una explotación sin escrúpulos que ella acepta a cambio de dinero y notoriedad. Su éxito de audiencia -es decir, el acúmulo de beneficios que reporta a su emisora- le acerca paso a paso hacia su autodestrucción. No tardará en convertirse en un muñeco roto destinado a caer en la sima más profunda del olvido. ¿Cuándo ocurrirá tal evento? Cuando sus recursos de empatía con un determinado segmento social en España se hayan agotado.
Aquellos que la empujan a su histrionismo de pequeña pantalla estarán perfilando ya un nuevo producto para que, cambiando el belenismo televisivo, nada cambie y sus beneficios no mermen un ápice. Para ellos, todo medio de comunicación es un soporte para captar publicidad y ganar audiencia, lo que se traduce en más facturación y más beneficios. La deontología profesional de los editores y periodistas constituye para estos personajes una milonga de biempensantes fracasados y envidiosos.
Belén Esteban es la expresión más inhumana y cruel de la mentalidad incívica de quienes la manipulan. Pero ha pasado de la anécdota a la categoría, porque el fenómeno Esteban ha provocado un síndrome basurero que consiste en enganchar telespectadores a base de imprecaciones, insultos, descalificaciones, gritos más o menos histéricos, violación pagada y aceptada de los derechos al honor, la intimidad y la imagen de personajes en muchos casos cretinos -en el sentido etimológico del término- que se consideran bien retribuidos a cambio de que su reales o inventadas hazañas amorosas, sexuales, familiares, profesionales, sus éxitos y sus fracasos, la exposición de su familia y amigos, en fin, todo eso que cubre el manto de la privacidad sea alzado como un telón en una nueva forma de “pan y circo”.
Gabilondo hace mutis por el foro cuando nuestra profesión amenaza derrumbe, los gestores ponen en la calle a miles de periodistas experimentados sustituyéndolos por mileuristas multiusos y el debate político en la TDT parece haberse contagiado de esa pulsión amarilla, bronquista y tabernaria de los programas de entretenimiento
Algunas complicidades personales -no precisamente italianas- con esta amoralidad democrática que se ampara en el derecho a la libertad de expresión que los jueces y tribunales han banalizado con resoluciones inconsistentes (salvo cuando a ellos les afecta, claro está) resultan decepcionantes. En todo caso, la responsabilidad no es de aquellos que, en tantos casos por necesidad, participan en este baile de despropósitos televisivos, sino de los que se embolsan los sustanciosos dividendos de una facturación que, en plena crisis, ha engordado como puerco por San Martin.
Y en estas, cierra CNN+ (por razones económicas según crónica amplísima de El País de ayer), el canal de noticias de Digital+, que se lleva por delante a profesionales de la TV que, se comulgue o no con sus ideas y planteamientos, constituyen un grupo veterano y con capacidad de referencia periodística en el centro-izquierda y en la izquierda española. No daré nombres -y hay unos cuantos- porque los sintetizaré en el de Iñaki Gabilondo. El donostiarra -querido por muchos y denostado por otros, dualidad propia de toda personalidad social que se precie de serlo- hace mutis por el foro cuando nuestra profesión amenaza derrumbe, los gestores ponen en la calle a miles de periodistas maduros y experimentados sustituyéndolos por mileuristas multiusos y hasta el debate político en las decenas de TDTs que han irrumpido en los receptores parece haberse contagiado de esa pulsión amarilla, bronquista y tabernaria de los programas de entretenimiento.
Para que no haya dudas: muchas veces, de modo discrepante, he colaborado en los programas de Gabilondo, tanto en la cadena SER como en estos últimos meses de CNN+ y he podido, antes y ahora, no sólo exponer con plena libertad mis puntos de vista -tantas veces disonantes con la línea editorial de esos medios- sino, además, he sido escuchado con el mismo respeto que presto a las tesis que son ajenas a mis criterios, principios o interpretaciones. Así que, cuando el síndrome basurero empuerca la TV en España -esperemos que el Gobierno no regatee la subvención a TVE-, doy fe de la lamentación mayoritaria -no unánime- que en la profesión periodística existe por la desaparición de CNN+ en cuanto significa resignación y aquietamiento empresarial al tsunami de soez vulgaridad -eso sí, muy rentable- que nos invade.
Un apunte final que hace más amarga esta reflexión: que se haya cumplido la sugerencia de Mercedes Milá de convertir en un continuum el “experimento sociológico” de Gran Hermano a través de la frecuencia por la que emitía CCN+, resulta tan grotesco como el rostro del payaso enloquecido y gordinflón que protagoniza la inquietante película de Alex de la Iglesia, Balada triste de trompeta. Una película inclasificable que solo puede entenderse -en su desquiciamiento argumental- desde el caleidoscopio de un país y una sociedad como la nuestra que permite -y aplaude con su aquiescencia- la degradación de un TV que destruye la capacidad de discernimiento social.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
67 COMENTARIOS
67 .- #56 Paisano. Por supuesto que sí. Aznar no le interesaba para nada la pluralidad de medios. Cuando subió al poder, su meta era crear su propio grupo 'prisa' a imagen y semejanza del original. Para ello se valió de su amigo de pupitre para la "pasta" y un chaquetero de conveniencia como era Antonio Asensio. Éso no podía acabar bien y no acabó bien. Al final le regalaron todo al 'enemigo'. El resto es conocido.
66 .- #65 Dice ud. cosas muy ciertas. Desde luego a mí toda esta protesta suavecita de los empleados me parece más bien una muestra de anonadado asombro. Me puedo imaginar perfectamente que por dentro están diciendo "pero, ¿esto no era lo que le tenía que pasar a los otros?"
65 .- Pues sí, resultan tristes los últimos minutos de CNN+, muy bien llevados por cierto, con dignidad y sin excesos, por sus trabajadores.
Pero no derramamos lágrimas ahora, salvo las que quieran derramar los afectados por su mala cabeza:
Ellos saben que han aplaudido hasta con las orejas una política, también informativa y de medios, que ahora les cierra.
Ellos saben que las intrigas de De la Vogue con las catódicas han llevado aquí.
Ellos saben que el Buda ideológico y, tras la muerte del Patrón, empresarial, además de cuidar muy mal la objetividad [a muchos nos retiró de sus pantallas] ha gestionado peor aún los intereses económicos de la firma, no así los suyos: se irá forrado y blindado.
Ellos saben que el Buda ideológico, antes lo fué del franquismo de Arias Navarro, tiene poderosos amigos en el Gobierno y el PSOE que han engrasado la aventura empresarial con toda clase de favores y privilegios.
Y ellos tienen que saber y comprender porqué no les acompañamos en el lamento; salvo al repudio de ese GH 24 que los nuevos patrones, traídos por el Psoe y de la Vogue, nos quieren endilgar. Y que yo no veré como no vi su información parcial; perfectamente envuelta, eso sí.
64 .- #62 No le voy a echar la culpa del GH, de los programas basura a ZP, la culpa la tienen Berlusconi, Vasile y los millones de individuos que ven esos programas. ^Pero habría que recordar que en España [en época de la UCD] existían programas plurales y formativos [por el nivel de los contertulios, muchos de ellos extranjeros] como la Clave de Balbín y cuando llegó FG, cerró ese programa al igual que la emisora Antena 3 Radio, regalo la SER al grupo PRISA y se cargo la pluralidad informativa que había en España.
63 .- Yo, la verdad, siento una cierta alegría por el cierre, no de un medio de comunicación, sino por la pérdida de un centro emisor de medias verdades [o medias mentiras, que son las peores], igualitarismo retroprogre y sectarismo con edulcorante.
¡Que se vayan al carajo!