publicidad

  

OPINIÓN
NOTEBOOK ,  

Ni 'lepenismo' ni xenofobia, es miedo

BIOGRAFÍA

José Antonio Zarzalejos es licenciado en derecho por la Universidad de Deusto y periodista. Ha desempeñado puestos de distinta responsabilidad tanto en el Grupo Correo, primero, como en Vocento, después. Fue director del diario ABC de 1999 a 2008. Su "cuaderno de notas" pretende ser una aproximación certera a la realidad política, económica y social española e internacional.

 Deja tu comentario

BUSCAR USUARIOS

José Antonio Zarzalejos.-  23/01/2010

El pasado miércoles comparecía ante los tribunales de La Haya el líder del llamado Partido por la libertad, Geert Wilders, acusado de incitación al odio, discriminación e insultos a los musulmanes. Este dirigente, benignamente calificado de populista, se ha permitido la licencia de comparar el Corán con Mein Kampf,  de Adolf Hitler. Este episodio tan reciente ocurre en la modélica Holanda, esos países bajos, que han sido iconos de las democracias occidentales. Los holandeses se horrorizaron cuando un fanático islamista asesinó al cineasta Theo Van Gogh en 2004 en venganza por un documental crítico con su religión. Ahora en aquel país, la xenofobia vende políticamente.

Antes también vendió en otros países. Por ejemplo, Italia, cuando una radicalizada Liga Norte quiso representar un nuevo y aligerado fascismo del que ya ha renegado. No obstante allí está sembrada una mala semilla, como se manifiesta ahora con los linchamientos de emigrantes clandestinos en Rosarno, en la región de Calabria. Tampoco puede olvidarse lo que ocurrió en Austria con el célebre y malogrado Jör Haider, líder del ultraderechista FPO, segunda fuerza política del país en las elecciones de 1999, que llegó a gobernar con los socialdemócratas en el año 2000, provocando así el aislamiento del Gobierno austriaco en la Unión Europea. Y no se puede obviar al francés Jean Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional, quintaesencia de la nueva ultra derecha europea, que hizo hasta principios de los años 2000 un discurso –llamado lepenista—de furioso nacionalismo y xenófobo.

El error del multiculturalismo

Estos fenómenos políticos, con expresiones electorales muy significativas, han tenido un desencadenante: la inmigración, que ha sido tratada de manera sistemáticamente confundida por los partidos de izquierda con la implantación del llamado multiculturalismo –es decir la coexistencia estanca e incomunicada de diversas culturas políticas y sociales— frente a las tesis liberal-conservadoras que han abogado siempre por políticas de integración, es decir, consistentes en que los inmigrantes asuman los compromisos de carácter cívico y democrático que presiden la vida política y social de los países que los reciben.

Cuando se propugna el multiculturalismo, cuando se mantiene la falsa ecuación de que el progresismo significa un acogimiento indiscriminado y, por lo general, desordenado y permisivo de los flujos migratorios, los episodios de xenofobia, de lepenismo, pueden producirse con relativa facilidad.

En España, por fortuna, no puede afirmarse con rigor que exista xenofobia (odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros); tampoco que sea detectable una deriva lepenista de mínima relevancia. Pero lo que sí se detecta en nuestro país es que la recesión económica ha introducido miedo ante un futuro incierto en el que la escasez será mayor porque los bienes y servicios –desde el empleo hasta la sanidad— habrán de compartirse con personas que vienen de otros países y que permanecen en el nuestro en situación irregular. Ese miedo, que si no es atajado con un discurso político de serenidad y sensatez puede transformarse en brotes de xenofobia y de extremismo nacionalista, es el que hay, primero, que entender, y después, combatir.

Contrato moral o de integración

En Vic, Ayuntamiento que incumpliendo la ley ha venido negando el empadronamiento a los inmigrantes sin visado y/o sin permiso de residencia, un tercio de la población es inmigrante, y en España hay muchos casos semejantes a los de la ciudad catalana. En aquella comunidad autónoma están empadronados 1.184.182 de inmigrantes, y en la de Madrid 1.043.133. El total nacional empadronado supera ya los cinco millones y medio. No es extraño que comiencen a articularse movimientos en las comunidades inmigrantes para formar candidaturas ante las elecciones municipales de 2011 porque más de 600.000 extranjeros no comunitarios tendrán para entonces derecho a votar. Y eso no es deseable, porque lo adecuado resultaría que los partidos nacionales –desde el PP al PSOE, pasando por todos los demás— acogiesen a inmigrantes regularizados y nacionalizados que introdujesen en la política nacional una dinámica de integración y no de multiculturalismo, un modelo del todo negativo para la mejor convivencia general.

En estas circunstancias los progresistas al uso no debieran empezar con la salmodia de que en España se están produciendo  fenómenos de xenofobia, de lepenismo o de insolidaridad. Hay que entender que en la conciencia colectiva de los españoles han aparecido miedos, temores e inquietudes; que el trabajo escasea; que la presión sobre los servicios públicos (sanidad, educación) se incrementa y merma su calidad; que la seguridad pública se deteriora y que en muchas ciudades han arraigado guetos dominados por comunidades inmigrantes que se declaran ajenos a los criterios de civismo y convivencia pacíficamente aceptados.

En Vic ha bastado que surgiese una agrupación –eso sí, xenófoba— denominada Plataforma por Cataluña para que se haya comenzado a esparcir la especie de que nuestro sistema de convivencia registra una falla esencial en sus esquema éticos. La inmigración tiene su cara y su cruz y, como ha reconocido el propio Gobierno, su regulación es en muchos casos contradictoria –repatriaciones compatibles con estancias por completo irregulares— y carece de una interpretación unívoca. A este problema hay que darle cara sin echar por delante calificativos peyorativos generalizados, sin volver a trazar una línea entre los progresistas (buenos) y los conservadores (malos).

Parece inevitable que el debate sobre la regulación de la inmigración –a la vista de lo ocurrido en Vic y en Torrejón y a las posiciones de CiU y del PP— forme parte de la discusión electoral de las autonómicas catalanas del próximo mes de noviembre. Si el debate es sensato y eficaz, será bueno; si excita los sentimientos –los peores sentimientos de insolidaridad y egoísmo— será malo y lo aprovecharán aquellos que querrán medrar políticamente rentabilizando el miedo y la angustia que se percibe, reptante, en amplios sectores de la sociedad española sobrecogidos por las dimensiones de la recesión económica.

Pero, de momento, ese miedo no es ni ultranacionalismo lepenista ni es xenofobia. Es una humana y colectiva reacción defensiva que la política ha de reconducir con la formación de modelos de convivencia integradores. Por eso, elevar las exigencias de compromiso de los emigrantes con el país –mediante el llamado “contrato moral” o de integración— sería bueno. Y así no sucederá como en Suiza, cuyos ciudadanos votaron por la prohibición de erigir minaretes en las mezquitas.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 196 COMENTARIOS

196 .- #51 Perdón. Es una cita de Ortega, no de García Márquez. Ha sido un lapsus.

nsimalen

11/12/2010, 20:18 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

195 .- Ademas de todos los temas supersensatos que plantean los foreros [sobran 5 millones], no se integran, nos pretenden cambiar nuestras costumbres y nuestro orden, van a acabar con las prestaciones sociales de las que tanto se vanagloria el indigente intlectual y moral que nos preside, etc; se ha olvidado señalar que lo que ha entrado en este país, legal o ilegalmete es morralla, lo peor de cada casa, gente que no aporta nada, que nos va a llevar [como si no fueramos capaces de ir solitos] a la porra.
No se puede admitir que haya 4 millones de parados y que tengamos que alimentar a 8 o 10 millones de parias.
Hambre y problemas tienen miles de millones de personas en el mundo.
En ningun pais serio se atiende y se cuida a quien no paga, llevo treinta años pagando impuestos y SS y no quiero que la expolien quienes nos desprecian y NO APORTAN NADA, Ilegales a su pais, permanencias de mas de un año sin contrato a CASA, copago en la SS y en la enseñanaza.
Ya esta bien,
Rajoy, pelotudo has perdido mi voto.

roberto

24/01/2010, 22:58 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

194 .- Acabando de ver la película Invictus me dá verguenza leer ciertos comentarios.

boulbi

24/01/2010, 18:32 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

193 .- Tiene su gracia. ¿El qué tiene gracia? No lo sé pero tiene gracia. Aquí no cabemos todos y hay que echar a los sin papeles. Y, ¿quienes son los sin papeles? Pues, que quiere que le diga: Cataluña es una "sin papeles". También Euskadi, es una "sin papeles", Navarra tiene pasaporte de turista y debería salir para renovar el visado. En fin, que no cabemos todos. Oiga, ¿y cuantos son todos? Por lo menos, el alcalde de Vic, que es el que más asoma la cabeza y el brazo con la gamada. Pero, ¿no caben los tatuados en España, si tienen papeles? Bueno, hay que defender los papeles, tiene usted razón. Mañana hablamos de las personas y de las naciones, que no tienen papeles en España. Que no tienen pito que tocar.

Arias Cortina

24/01/2010, 17:35 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

192 .- #191 Tadeo-veo.- ¡¡¡e ute un felisofo, oooones!!!. Diga Vd. que si, que si nos igualan por ... abajo ... ¡¡¡eso si que no!!!, que al que le falte ..., pues eso.

Vd. se imagina igualarle a Vd, cerebralmente hablando, por ej. con Cub-illo o Cindy, aunque fuese por arriba. ¿Llegarian al limite minimo?

alejo9

24/01/2010, 15:27 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

MÁS COLUMNAS DE OPINIÓN

MIENTRAS TANTO

“Besa humildemente vuestra sandalia...”

Carlos Sánchez

los más leidos los más leidos los más comentados los más enviados
Ediciones anteriores      Suscripción al boletín                                              Anúnciate
Auditado por Ojd