BIOGRAFÍA
José Antonio Zarzalejos.- 31/03/2010
Rita Barberá, alcaldesa de Valencia e integrante del grupo de mujeres (junto a Celia Villalobos y Teófila Martínez, entre otras) que adelantó en los municipios y provincias la victoria del PP en 1996, se ha convertido ahora en el alma mater del partido en la Comunidad Valenciana y en una referencia nacional de primer orden. De no ser por esta mujer valiente e íntegra, el caso Correa habría erosionado a los populares valencianos más allá de lo que imaginarse pueda. La alcaldesa, con pulso, firmeza, perseverancia y convicción, es sin duda el puntal de la organización allí y una de las dirigentes más admiradas y respetadas en toda España.
Una característica de Barberá es la de su arrojo: lo demostró el viernes pasado cuando ante la Reina y en una invectiva dirigida a la vicepresidenta primera del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega –también valenciana— reprochó que el V Encuentro de Mujeres España-África por un Mundo Mejor no hubiese “convocado” protocolariamente al Presidente de la Comunidad. La alcaldesa de Valencia tiene razón: el representante ordinario del Estado en la autonomía valenciana es Camps y debió estar invitado. Si en citas anteriores sus homónimos no lo estuvieron, mal hecho; y bien reivindicado por Barberá, le gustase o no a Fernández de la Vega que en un gesto impropio -¿enrabietado?- evitó saludar a la edil valenciana tratando de dejarla en evidencia cuando, en realidad, era ella la que se ponía en un brete.
La vicepresidenta primera ha cambiado mucho. Ahora le persigue un rictus de amargura en un rostro que evoca infelicidad y desasosiego, una suerte de malestar que descarga agriamente contra estos y aquellos, e, incluso, con los propios que desean ya que Rodríguez Zapatero le ofrezca el descanso que sus afanes merecen.
Mientras Fernández de la Vega se atribuyó la representación de los españoles, Barberá, desde la mesa, negaba con la cabeza y con ella lo hacían millones de ciudadanos que no pueden verse reflejados en la gestualidad, el énfasis y la factura de determinados discursos de la segunda autoridad del Ejecutivo, que se adjudica arbitrariamente una capacidad referencial que ni lejanamente ostenta. En Rita Barberá -a la que importa bien poco que Fernández de la Vega le salude o no- encontró la vicepresidenta la horma de su zapato.
Toque de atención para Sinde
Como la ministra González Sinde, que invitada por la alcaldesa valenciana a recorrer el barrio de El Cabanyal, se negó yéndose por su cuenta con Alborch y compañía. Rita le puso en su sitio: “La ministra Sinde no sabe de política; sabrá de cine, pero no de política”. Lo cual es estrictamente cierto porque la Ministra de Cultura desconoce que la política, cuando se ostenta una cartera ministerial, ha de desarrollarse de manera institucional y no sectariamente. Pues bien, Barberá puso a la una y a la otra en su lugar, cantándoles las verdades del barquero. Y sin faltar un ápice a sus obligaciones como representante máxima de la ciudad anfitriona, lo que incluyó la recepción cordial al presidente del Gobierno.
Este tipo de actitudes políticas, serias, serenas y firmes, educadas pero resistentes, son las que hacen falta en España. Rita Barberá, hasta en los peores momentos del caso Correa, supo estar, supo contestar, supo acompañar, supo ser leal, supo ser consciente y supo estar a la altura de las circunstancias. La alcaldesa de Valencia logró descomponer a Fernández de la Vega -se habló más de su gesto hosco y desabrido eludiendo saludarla que de su rutinario discurso- y reclamar que el feminismo no se convierta en una coartada para la propaganda progresista de una izquierda que, poco a poco, va perdiendo todas las banderas.
Pero por encima de otras consideraciones, Barberá demostró que ni la vicepresidenta, ni la ministra de Cultura, tienen la fibra necesaria para ejercer las graves responsabilidades que sus cargos implican. Por alguna razón, Valencia, con o sin Gürtel, seguirá siendo del PP; por alguna razón, la alcaldesa de la ciudad del Turia seguirá siendo Barberá; por alguna razón las mujeres del PSOE -tantas y en todos los sitios- no han encontrado el hilo conductor de actitudes y comportamientos que sí han logrado localizar con naturalidad las del PP, desde Ana Pastor a Soraya Sáenz de Santamaría, de María Dolores de Cospedal a Luisa Fernanda Rudí, de Mercedes de la Merced a Elvira Rodríguez, de Pilar del Castillo a Arantza Quiroga, de Lucía Figar a Alicia Sánchez-Camacho, de Pilar Martínez a Elena Pisonero… y es que aunque las comparaciones sean odiosas, a veces resultan necesarias. El feminismo no es unívoco y el de la derecha democrática sobrevuela al tópico de esta izquierda que con tanta reiteración confunde propaganda con política e igualdad con sectarismo.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
19 COMENTARIOS
19 .- La individua Barberá, estaba muy enfadada, por dos razones, la primera que los organizadores no fueran el Bigotes y Cia. y la segunda por no haber llevado el bolso que le regalaron los gurtelidos.
18 .- #16 Prepotentes se vuelven todos cuando lleván una media de 6 años en el poder...La señora Barberá es una señora de los pies a la cabeza..y creo que es de lo poco q se salva en el PP actual... Tiene sus defectos como todos...pero, también, muchas virtudes
17 .- #13 paita no, pata negra
16 .- El arrojo de la Barberá fue un acto más machista que la de muchos hombres. Si verdaderamente quiere dignificar a la mujer, lo primero que tiene que hacer, es admitirse a sí misma, tal y como es, que no es poco. Rita Barberá tiene muchos valores pero también unas debilidades que son más de un talón de Achiles. Y con los años se ha vuelto demasiado prepotente ante la seguridad que nadie le puede en Valencia. Así no se puede seguir ni se le puede alabar en esa actitud.
15 .- Algunas notas sobre el acto de Valencia y el incidente de la "Vice-Rita Barberá":
- Los incidentes de protocolo, o de falta de él, son muy enojosos y lo son en proporción directa a la categoría de la persona que presida el acto.
- En cualquier acto oficial a que asistan el Rey, o la Reina, ES EL, O ELLA, QUIEN PRESIDE EL ACTO, con independencia de quién lo organice. Así era, en efecto en el acto inaugural que comentamos.
- En consecuencia, y en cualquier actividad a la que asistan los Reyes, es la CASA REAL LA QUE OBVIAMENTE DEBE SUPERVISAR EL PROTOCOLO DEL ACTO, para evitar una situación como esta [o peor].
Con independencia de mi simpatía [POCA] por la Monarquía, es impresentable que los Reyes vayan como "pardillos" a actos como este organizados sectariamente por el PSOE, y en el cual se olvida el mínimo protocolo, que establece la prioridad del Presidente de la Comunidad.
-Conclusión: Los Reyes y la Casa Real, en Babia, desde hace tiempo [faltó que la Reina le dijese a Rita: ¡Y porqué no te callas!].