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OPINIÓN
NOTEBOOK ,  

20-N, episodios de una guerra interminable

BIOGRAFÍA

José Antonio Zarzalejos es licenciado en derecho por la Universidad de Deusto y periodista. Ha desempeñado puestos de distinta responsabilidad tanto en el Grupo Correo, primero, como en Vocento, después. Fue director del diario ABC de 1999 a 2008. Su "cuaderno de notas" pretende ser una aproximación certera a la realidad política, económica y social española e internacional.

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José Antonio Zarzalejos.-  20/11/2010

Almudena Grandes es una notable escritora que acaba de publicar Inés y la alegría, una novela en la que narra la invasión del Valle de Arán por el Ejército de Franco en octubre de 1944 para conjurar el supuesto peligro de que allí se proclamase una especie de República en miniatura. Pero lo llamativo es que la autora -que milita en el izquierdismo más activo- nos promete hasta cinco novelas más bajo el epígrafe de Episodios de una guerra interminable. Y ciertamente, para los que no la vivimos y éramos unos jóvenes universitarios cuando Franco falleció, hoy hace 35 años, la guerra, y sobre todo el franquismo, nos parece una historia interminable. Porque para la literatura -en ocasiones, de magnífica factura-, el régimen del dictador se ha convertido en argumento o en contexto para obras de ficción, y para la izquierda, en una suerte de coartada que transforma el antifranquismo en una ideología reactiva cuando los socialismos -como en el caso español- no han sabido reformularse. También una extrema derecha xenófoba, emboscada en grupos de música metálica y explosiva, se enrola en la engañosa nostalgia del 20-N español para buscar su minuto de gloria.

La guerra primero, y el franquismo después, pueden considerarse la fuente de inspiración de muchos jóvenes y maduros literatos españoles de nuestros días. Además de Almudena Grandes, un veterano editor que falleció sin conocer el enorme éxito de su único libro, Alberto Méndez, escribió en 2004 Los girasoles ciegos, cuatro relatos de guerra y posguerra que conmovieron al mundo cultural español. Méndez obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el de la Crítica, aunque no pudo disfrutarlos. De aquellos relatos salió una discreta película que mezcla los argumentos que Méndez reunió en un libro de amor, odio, compasión, memoria y olvido. Anagrama, la editorial, vendió la considerable cifra de 250.000 ejemplares, que seguramente superó Javier Cercas en 2001 con Soldados de Salamina, una extraordinaria novela -Cercas es quizás, hoy por hoy, uno de los mejores  autores españoles, dueño de una prosa tan expresiva como las cimeras de la literatura española- en la que se cuenta cómo el ideólogo falangista Rafael Sánchez Mazas es salvado del fusilamiento por un miliciano. También hubo versión fílmica que, ni de lejos, llegó a la fuerza de la novela.

Son la militancia de este socialismo banal en el antifranquismo y la catarata de literatura que exprime el régimen de Franco y la guerra civil, los factores que frenan el desenvolvimiento dinámico de la sociedad española

Tiempo entre costuras, de María Dueñas, ha sido el gran éxito editorial de este año: una historia amena y humanísima durante el franquismo, siempre ambientalmente presente. Antonio Muñoz Molina ha ambientado también su última obra en esos humores de la guerra y la posguerra, lo mismo que Julia Navarro y tantos otros que merecerían mención. Y Eduardo Mendoza, el gran autor catalán que retrató la capital del Principado en La ciudad de los prodigios, irrumpe de nuevo ganando el Premio Planeta con Riña de Gatos. Madrid 1936. Es decir, en el escenario prebélico fratricida.

Muchas de esas obras son literariamente buenas y han obtenido rotundos éxitos. Pero todas se enmarcan en una época histórica y, desde la ficción o desde recreaciones de hechos reales, nos mantienen anclados en aquellos años fomentando, queriéndolo o no, una particular memoria histórica que es obviamente la de los perdedores del conflicto. Incluso, como cuando ahora se edita la obra de Agustín de Foxá (Nostalgia, intimidad y aristocracia), un autor fervientemente adherido a los primeros años del régimen franquista a través del falangismo y autor de la notabilísima Madrid de corte a checa, la memoria histórica -la de los ganadores- entra en una liza que ha sido aprovechada por el socialismo de Rodríguez Zapatero con la Ley memorial e inútil de 2007, que despierta a los españoles de la voluntaria amnesia acordada en la Transición. Y así nos reconduce a una suerte de sutil discriminación entre “vencedores” y “vencidos”, cuando de unos y de otros quedan los justos en la España que este PSOE impulsó en los años ochenta y ha frenado y retrotraído al pasado en la primera década del siglo XXI con Zapatero al frente.

Y España claudica de nuevo

Pero no son sólo la Ley de Memoria Histórica, la militancia de este socialismo banal en el antifranquismo y la catarata de literatura que exprime el régimen de Franco y la guerra civil con reiteración, los factores que frenan el desenvolvimiento dinámico de la sociedad española. Son los propios acontecimientos presentes, mal gestionados por nuestra clase política dirigente, los que decoran la vida nacional como hace exactamente 35 años. Valgan dos ejemplos: Sáhara Occidental y el Valle de los Caídos.

El 6 de Noviembre de 1975, con el dictador agonizante y víctima ya de un ensañamiento terapéutico brutal, Hassan II puso en pie a 350.000 civiles marroquíes y a 25.000 soldados de su ejército para invadir el Sáhara Occidental español. Tuvimos que ceder -evito detalles que están en los libros de la reciente historia- de manera claudicante, pero no muy diferente a como lo está haciendo el actual Gobierno de Zapatero. Entonces nos retiramos y suscribimos los acuerdos tripartitos de Madrid (España, Mauritania y Marruecos), pero ahora el Ejecutivo de izquierdas -esa izquierda que se hizo prosaharaui por su pulsión antifranquista más que por ninguna otra razón- se calla y asiente a lo que ha podido ser un episodio bochornoso de avasallamiento de los derechos humanos. La ministra Jiménez aduce la realpolitik con la que debemos conducirnos con el reino alauita, pero semejante ataque de pragmatismo no parece compatible con el arrogante Zapatero que no se levantó al paso de la bandera de los EEUU en el Paseo de la Castellana de Madrid en octubre de 2003, ni tampoco con la retirada insolidaria y precipitada de nuestras tropas, en misión humanitaria, de Iraq. Poco le importó al Gobierno que España se indispusiese con la primera potencia mundial y, sin embargo, unos años después, Mohamed VI intimida al presidente y al Consejo de Ministros. ¿Qué diferencia, en lo esencial, cabe deducir entre aquella ominosa retirada del Sáhara de hace tres décadas y media y el silencio sepulcral del Gobierno ante lo que ahora allí ocurre? Alguna existirá, pero de matiz.

Así nos reconduce a una suerte de sutil discriminación entre “vencedores” y “vencidos”, cuando de unos y de otros quedan los justos en la España que este PSOE impulsó en los años ochenta y ha frenado y retrotraído al pasado en la primera década del siglo XXI

El 23 de Noviembre de 1975 se sellaba en el Valle de los Caídos la tumba de Francisco Franco, próxima a la de José Antonio Primo de Rivera. La abadía benedictina y la enorme Basílica de la Santa Cruz se convertían entonces en un gélido panteón. Creímos haber olvidado aquella magnificencia constructiva de dudosísimo gusto -a salvo de las esculturas de Ávalos-, transformándola en un lugar de culto católico y de inocua nostalgia franquista. No parecía dar para más. Sin embargo, de nuevo el abrupto despertar que propició Zapatero con la militancia antifranquista, devolvió el Valle de los Caídos a una actualidad desasosegante. El Gobierno, por razones un tanto confusas, impide el culto en la Basílica y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha dirigido al Presidente para preguntarle hasta cuándo el Estado va a seguir obligando a las víctimas del franquismo a financiar con sus impuestos la tumba del dictador”, mientras la Federación Estatal de Foros por la Memoria ha convocado una concentración allí. En los periódicos ha aparecido la propuesta -se comenta sola- de “volar” la cruz que señorea el Valle de los Caídos, al tiempo que el Arzobispado de Madrid, en una nota oficial, aduce los acuerdos de 1958 y 1979 -el primero con la Orden Benedictina y el segundo entre el Estado y la Santa Sede-, para que de inmediato los monjes puedan oficiar las misas en el interior de la inmensa basílica.

Sí, han pasado 35 años de la muerte de Franco (¿por qué su familia y la de Primo de Rivera no retiran sus restos y los inhuman en sus panteones familiares para circunscribir el Valle de los Caídos a una mera referencia religiosa como además prevé la Ley de Memoria Histórica?) pero parece que el tiempo se ha detenido. O lo han detenido quienes -generacionalmente vírgenes de las experiencias calamitosas de la guerra civil y de la durísima posguerra- zarandean la Transición con el recuerdo del dictador, obviando desde la Ley de Amnistía a la Constitución de 1978, y, por supuesto, el desarrollo jurídico-político de un pleno Estado de Derecho. Por no faltar, no ha faltado un magistrado que ha solicitado -siete lustros después- la acreditación certificada de la muerte del general; ni siquiera ha faltado tampoco el trance amargo de perder a Luis Berlanga que durante el franquismo dirigió el mejor cine español del siglo pasado -El Verdugo, Plácido- y hubiera podido retratar ahora en clave de astracanada lo que sucede  en la España que acaba de dejar para siempre. Como ha escrito el catedrático Francesc de Carreras en referencia a las películas del valenciano: “Eso sí que es memoria histórica de verdad, con todos sus tonos, luces y sombras, y no la película de buenos y malos con la que pretenden adoctrinarnos ahora los grandes simplificadores, aquellos que pretenden sacar réditos políticos de las tragedias humanas.

Sabias palabras para un pueblo, el español, cansado de que sus dirigentes se encelen con sus fracasos históricos en vez de con sus aspiraciones de éxitos futuros. Pero ésta es la coyuntura de España: hoy los franquistas, cuando griten “¡¡Franco!!” y se contesten “¡¡Presente!!”, puede que tengan razón. Es la consecuencia de las políticas que se practican bajo el epígrafe “episodios de una guerra interminable”.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 222 COMENTARIOS

222 .- Lamentablemente, si cuando comparo este sistema con aquel digo -por que es verdad- que prefiero aquel con sus defectos, errores y censuras morales es porque veo en este los mismos defectos agravados por el hecho de no saber quien esta detrás del poder que nos esta destruyendo, y llevando con mano segura al desastre, con medios que tratan de ocultarnos le realidad, en definitiva un sistema político demoniaco tan censurable como el otro....

kj26

21/11/2010, 22:46 h.

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221 .- "Tantos comentarios de comprension hacia el franquismo,tanta loa aun regimen fascista y asesino,"--> Yo no elegiria nunca entre el franquismo y una democracia tipo Suecia. Pero loq eu Usted no quiere ver, es que comparando a Zapatero con Franco lo que pretendo subrayar es que esto no es una democracia aunque la vistan de seda. Y moralmente es tan censurable como aquel, solo que los medios y algunos foreros reman a favor.

Sobre el fascismo, cuidadín, cuidadín. El fascismo es al teoria política que prima al estado frente al individuo. Hoy aqui en españa , podemos ver multitud de casos enlos que se da prioridad al estado fente al individuo y su liberatd: ejemplo rotular en castellano en Barcelona -acción claramente fascista-. Franco nunca se escondió, ni oculto el origen de su poder. Ahora tratan Ustedes de ocultar que aqui, hay vientos fascistas que anteponen el bien del estado al bien personal o individual.
Sin embargo, Usted califica de fascista aquello para degradarlo. Sin embargo, oculta que aqui hay vientos fascistas ahora mismo.
Cuando se prohibe fumar, en todas partes soplan vientos fascistas. Cuando hay que volar el valle de lso caidos -soplan vientos fascistas-...

kj26

21/11/2010, 22:44 h.

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220 .- 203,204,205,206
Usted debe de ser como el conductor que oye por la radio que un suicida va en dirección contraria por la autovía y dice, como que uno?? todos van en dirección contraria.
Se ha definido perfectamente y con gente así lo único que puede haber son accidentes.

olvega

21/11/2010, 22:33 h.

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219 .- #211 Pierre he leido sus ultimos post con interés. Parece Usted buena persona, y además convencido de lo que dice.
"La historia , como todo el mundo sabe debe conocerse para norepetirla , y jamas una perspna democratica podria considera como provocacion la condena de cualquier regimen autoritario asesini,sea de inzquierdad o de derecha"--> estoy de acuerdo pero por favor, no cambie la historia a su favor. La II republica cayó por que la tiraron entre todos: desgobierno generalizado, miedo, asesinatos de personas de derechas,persecución religiosa, aquello terminó como Usted y yo sabemos. No podia terminar de otra forma. Lo que mal se lleva mal acaba.

"a los que creen que esa dcitadura era moralmenete inaceptable y deberia ser condenda por el estado español al menos su amoralidad"--> estoy con Usted, morlamente inaceptable. Pero tambien pienso que es moralmente inaceptable el sistema de gobierno actual. Donde un grupo de personas se han hecho con el poder de los partidos, y el ganador de las elecciones se ha hecho con todo: legislativo, judicial y ejecutivo. Es que esto no es una democracia, una oligocracia presidida por los poderosos de los partidos.

.../...



kj26

21/11/2010, 22:30 h.

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218 .- #203 El PP ya condeno el franquismo en el Congreso en el año 2002. Sabe lo que pasa Pirre, que en España, siempre se insta a que se digan lo malos que fueron unos y los angelitos de la caridad que fueron otros, y ya nos cansamos de siempre la misma historia. Todavía no he escuchado al PSOE pedir perdón porque uno de sus afiliados le pegara un tiro en la cabeza a uno de los lideres de la oposición, Calvo Sotelos [detenido por fuerzas gubernamentales].

winchel

21/11/2010, 22:21 h.

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