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Diego Pastrana o la muerte de los periódicos

medios de comunicación periódicos crisis credibilidad Diego Pastrana

@José Antonio Zarzalejos - 05/12/2009

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Philip Meyer escribió en su libro The Vanishing Newspaper que el primer trimestre de 2043 será el momento del fallecimiento del último periódico en Estados Unidos. Pero, al paso que vamos, puede que la fecha del deceso se anticipe. ¿Por qué pueden morir los periódicos? No sólo –ni acaso principalmente—por la crisis económica o las mutaciones tecnológicas, sino también porque su función social, se extinga. Como acaba de escribir Arcadi Espada (El fin de los periódicos, Editorial Duomo) un diario “se parece a cualquiera de esos tipos que aparecen apuñalados en un callejón y nada más empezar a investigar el asesinato la policía se da cuenta de lo difícil que sería encontrar alguien que no hubiese querido matarle.”

He pensado en esa frase tan afortunada del periodista catalán al intentar valorar el enorme daño que los medios en general, y algunos muy en particular, han causado a Diego Pastrana, ese joven de Parla que vive en Canarias al que una concatenación de errores le arrastró a las primeras páginas de varios diarios con la terrible acusación de haber asesinado, y antes abusado, de la hija de su compañera, de tres años de edad. La demostración inmediata de su inocencia total -más aún, de su benemérito comportamiento trasladando a la criatura herida de una caída para que fuese atendida en el hospital- ha avergonzado a parte de la profesión periodística, esa que aún no ha desarrollado una epidermis paquidérmica. Muchos ciudadanos de buena fe se sintieron agredidos con la urgente acusación al muchacho -sin respetar ni uno solo de sus derechos constitucionales- y la inmensa mayoría, cuando se conoció de su inocencia, habrían reclamado un acto de contrición en toda regla y de todas las instancias implicadas en el linchamiento.

Crisis de credibilidad

Los que durante muchos años hemos escrito en periódicos consideramos el ejercicio de la profesión en los diarios de manera aristocrática respecto de otros medios. Pero episodios como los de Diego Pastrana, desmienten de forma alarmante las ventajas de los rotativos sobre otros soportes informativos, audiovisuales y digitales. Sometidos a la presión de vender noticias -y a espectacularizarlas para lograr más lectores- los periódicos se han ido dejando en el camino sus fortalezas, que eran -y debieran seguir siendo- el esfuerzo por la veracidad, el rigor, la defensa de los valores cívicos, la proscripción del sensacionalismo, la capacidad de referencia y la fiabilidad. En definitiva: la credibilidad. Ignacio Ramonet, uno de los teóricos más reputados en estos asuntos, director de Le Monde Diplomatique, escribió en septiembre de 2005 que la crisis de los periódicos “tiene también causas internas que obedecen principalmente a la pérdida de credibilidad”.

El paroxismo de este decaimiento deontológico de los periódicos se produjo con el ya conocido como caso Jason Blair, (2003), un brillante reportero que, en realidad no era más que un plagiario: publicaba magníficos reportajes (inventados) y agudos análisis (copiados) en las venerables páginas de The New York Times. El gran periódico estadounidense encargó una investigación interna que encomendó a uno de los subdirectores del rotativo, Allan M. Siegal, que, después de varios meses, llegó a conclusiones escalofriantes. Había fallado todo, pero, en especial los factores de carácter moral, aquellos que hacen renunciar a un buen titular porque no está contrastado; evitar una fotografía porque invade zafiamente la intimidad o la imagen de un ciudadano en plenitud de sus derechos; la omisión de la responsabilidad de control por los responsables de la redacción y de la línea editorial del periódico y la frivolidad en entablar una carrera alocada con medios -radio, TV, Internet- que disponen de otras potencialidades diferentes a las de la prensa.

Los “perros guardianes de la democracia”

Los periódicos están, sí, en crisis. Porque se ha producido una hecatombe publicitaria; porque las nuevas generaciones prefieren soportes digitales; porque se ha impuesto el llamado periodismo ciudadano y porque sus modelos de negocio se han quedado obsoletos. Pero el descenso de las ventas de diarios responde también a causas no materiales sino racionales: los lectores quieren estar  seguros -y no lo están- de que el rotativo por el que pagan un determinado precio hace un constante esfuerzo de veracidad y adquiere cotidianamente un serio compromiso con los valores de carácter político y social que le singularizan como una opción editorial entre varias. La verdad -o, más exactamente, la veracidad y el rigor- no siempre son rentables a corto plazo, pero lo son en el medio y, sin duda, en el largo.

Recuerden: El matrimonio McCann no asesinó a su hija en el Algarve portugués como llegó a publicarse. Dolores Vázquez no mató a Rocío Wanninkhof. Y, siendo casos diferentes pero conectados por la conversión de sospecha en insidia, Diego Pastrana no abusó ni asesinó a una criatura de tres años. Los periodistas debemos tener fresca la memoria de nuestros errores porque a estas alturas de la historia nuestra función no consiste sólo en elaborar y difundir noticias, sino en convertirnos en garantes de la veracidad de lo que se publica, en barómetros intelectuales de la trascendencia de los acontecimientos que se suceden a un ritmo endiablado y en intérpretes de la realidad líquida que nos arroya.

Si arrojamos la toalla y nos rendimos; si nos precipitamos por el acantilado del morbo, el sensacionalismo y la escabrosidad ¿para qué servimos? ¿En qué consiste el valor añadido que aporta nuestro trabajo? ¿Qué buenas razones existen para que la Constitución nos reconozca -especialmente a nosotros, los periodistas y en servicio a la sociedad- el secreto profesional y la clausula de conciencia? ¿Cómo vamos a cumplir la misión de ser los “perros guardianes de la democracia”? En definitiva, si no cumplen los periódicos la misión cívica a la que están convocados en una sociedad de libertades y derechos ¿qué buena razón tienen para superar la crisis y sobrevivir?

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Opiniones de los lectores (213)

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213. usuario registrado Spain Channel»10/12/2009, 11:07 h.

La inmediatez y la actualidad de la noticia es muy importante. Hay noticias que se dan en los periódicos que tienen no horas de retraso, sino de días. Leer un periodico por la tarde ya no me interesa. El periodismo en la era digital no hay quien la pare.

Spain Channel

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212. usuario registrado Arias Cortina»06/12/2009, 18:52 h.

He leído atentamente su artículo, que tan desafortunadamente usted titula "Diego Pastrana o la muerte de los periódicos". Y digo, desafortunadamente porque usted no predica con el ejemplo. Hay mucho de sensacionalismo en el titular. Es más, gracias a Diego Pastrana los periódicos aún conservan algo de credibilidad, aunque solo sea cuando rectifican, y aunque no sea el medio más rápido. Pero la rapidez, propia de la radio y del teléfono móvil, que agradece tanto la noticia como el mensaje, no es lo más aconsejable a la hora de vestir un artículo de opinión o de análisis que se precie. Tampoco basta con citar algunos libros o al mismísimo Le Monde Diplomatique. Ni siquiera es suficiente con ser tan erudito como las Páginas Amarillas. No sé si algún día se acabará el papel, de lo que estoy casi seguro es que el Periodismo, con tontos y sin ellos, seguirá.

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211. usuario registrado yarin68»06/12/2009, 13:07 h.

Muchas gracias por este excellente artículo, Sr.Zarzalejos. Quizás en una próxima ocasión pueda profundizar en otra de las causas de la pérdidad de credibilidad de los periódicos [y otros medios]: la sujeción de la noticia a los intereses politico-mediáticos de cada medio. No me refiero a la línea editorial de cada periódico, sino a la noticia misma. Obsevo que, cada vez más, el tratamiento de una noticia [forma, presentacion, ángulo e incluso a veces, su misma inclusión o no en un periódico, o en un noticiario] queda subordinado a intereses ajenos [e incluso contrdictorios] a la información veraz y objetiva.

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210. usuario registrado pithaguru»05/12/2009, 21:52 h.

#230 escéptico: O. K.

936.

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209. usuario registrado pithaguru»05/12/2009, 21:52 h.

#233 Ahí van unas coplillas, PHC:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.


Y sigue...

936.

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@José Antonio Zarzalejos

José Antonio Zarzalejos es licenciado en derecho por la Universidad de Deusto y periodista. Ha desempeñado puestos de distinta responsabilidad tanto en el Grupo Correo, primero, como en Vocento, después. Fue director del diario ABC de 1999 a 2008. Su "cuaderno de notas" pretende ser una aproximación certera a la realidad política, económica y social española e internacional.

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