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OPINIÓN
NOTEBOOK ,  

El 'españolismo inteligente'

BIOGRAFÍA

José Antonio Zarzalejos es licenciado en derecho por la Universidad de Deusto y periodista. Ha desempeñado puestos de distinta responsabilidad tanto en el Grupo Correo, primero, como en Vocento, después. Fue director del diario ABC de 1999 a 2008. Su "cuaderno de notas" pretende ser una aproximación certera a la realidad política, económica y social española e internacional.

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José Antonio Zarzalejos.-  22/01/2011

El ex presidente de la Generalitat José Montilla, junto al lehendakari, Patxi López (EFE)

El “españolismo inteligente” que propugnaba Salvador de Madariaga, uno de nuestros más ilustres intelectuales del siglo XX, liberal y republicano, era incompatible tanto con el centralismo como con el separatismo. En el prólogo a una de sus obras más célebres, Memorias de un Federalista (1967), Madariaga reconocía que “el problema más grave de cuantos asedian a España es el de su pluralidad frente a su unidad”. El gran autor condensaba así sus ideas al respecto: “pluralidad natural de España dentro de una asombrosa unidad natural; fracaso del centralismo unitarista; necesidad de organizar el país en forma federal; conveniencia y aun necesidad de autonomías no sólo culturales sino políticas; temor a que se malogre este programa por el extremismo español, menos a causa del centralismo que, en sí, ya va de capa caída, que por el potencial estímulo que recibe y más aún por el que recibirá del separatismo”.

Madariaga creía que el centralismo excitaba al separatismo y contestaba así las excusas de los unitaristas para no asumir la pluralidad de España: Que los separatistas son pocos: verdad, pero tal sucede siempre con los promotores de los cambios más radicales de la historia (…); Que los separatistas son los viejos: lo dudo, sé de gente joven separatista y hasta la violencia; Que los separatistas son los extremistas: cierto hasta la perogrullada, pero quizá no lo bastante sutil. Nada hay más delicado y difícil que el trazado de la frontera entre el separatista y el autonomista. El autonomista en un acceso de mal humor se hace separatista. El separatista en un momento de buen humor se hace autonomista (…); Que el separatismo es pura táctica para lograr la autonomía: este modo de razonar me ha parecido siempre un error desastroso. Partamos de una afirmación evidente: el separatismo no es una autonomía aumentada: es lo contrario de la autonomía (…)”.

Estado asimétrico o federal

Las ideas de Salvador de Madariaga siguen plenamente vigentes al día de hoy. El autor de una colosal obra -España- ya comprobó cómo el federalismo cantonalista había fracasado durante la I República; él mismo vivió el también fracaso del modelo de Estado integral de la Constitución republicana  de 1931. El hallazgo del Estado autonómico en la Carta Magna de 1978 fue, en consecuencia, fruto de una experiencia histórica controvertida y difícil y se pensó en los términos que explicaba con claridad Jorge de Esteban en el diario El Mundo el pasado jueves. Decía el profesor que “el gran fallo de la Constitución de 1978 (…) es que no establecía ningún modelo concreto de Estado desde el punto de vista de la descentralización del poder. Sin embargo, con el Título VIII se podía haber llegado a escoger entre tres modelos diferentes: el selectivo, el asimétrico y el igualitario. De Esteban reconoce que en “principio, la idea originaria era resolver el problema de las peculiaridades catalana y vasca, y en menor medida, la gallega, permitiendo que tuviesen una cierta autonomía como se concibió en la II República”. Pero todo se complicó y haciendo uso del principio dispositivo constitucional, alentado por la clase política, todas las comunidades entraron en una dinámica de emulación,  por la envida idiosincrática española, que uniformizó prácticamente el sistema autonómico. Para De Esteban -y como conclusión de su artículo- “o se establece un Estado asimétrico, en donde haya territorios que tengan más competencias que los demás, o se acaba aprobando un estado federal, en el que todos los territorios tengan semejantes competencias. Estas dos tendencias hoy irreconciliables, saldrán a flote tras las próximas elecciones generales y exigirán (…) que se reforme de una vez  una  Constitución (…) que nació inacabada (…)”.

Y aquellos que crean que Cataluña, País Vasco y Galicia no deberían instalarse en regímenes autonómicos diferenciados y acordes con la necesidad de evitar desgarros del Estado, que lean a Salvador de Madariaga y su Españolismo inteligente

España requería -y sigue requiriendo- un modelo descentralizado y autonómico como advirtió Salvador de Madariaga, pero no el “café para todos” que denuncia con buen criterio el catedrático Jorge de Esteban con otros muchos cuya cita se haría interminable. El grave problema político para la unidad de España provenía de Cataluña y del País Vasco, sólo apenas de Galicia, y con esos tres territorios -a los que la Constitución se refería con el término nacionalidades- debió construirse un Estado selectivo y asimétrico que evitase el reino de taifas en que España se ha convertido. La descentralización era compatible con este modelo y por lo tanto también el acercamiento de la Administración a los ciudadanos y hubiese resuelto mejor la cuestión catalana después de la vasca con el Concierto Económico, la policía autónoma integral y el sistema educativo se haya convertido de facto en una comunidad cuasi confederal.

La denunciada “inviabilidad” del Estado autonómico no reside en el modelo sino en la ejecución y desarrollo de una Constitución cuyo espíritu ha sido traicionado por las sucesivas clases políticas que han creado en autonomías -algunas de ellas perfectamente artificiales- réplicas emuladoras del País Vasco y de Cataluña. No se trata de negar derechos a unos y reconocérselos a otros, sino de ofrecer soluciones distintas para problemas también diferentes. Las diecisiete autonomías -con sus Gobiernos, sus cámaras legislativas, sus facultades administrativas que alcanza a aspectos fiscales que rompen la unidad de mercado- han sido en conjunto un mecanismo caro e ineficiente que, además, no ha logrado resolver el problema centrífugo que se sigue produciendo en Cataluña.

La desastrosa tutela de las cajas

Efectivamente, me decanto sin ningún tipo de rubor ni de complejo, y en línea con la racionalidad que aconseja la historia de España, por la necesidad de revisar el régimen autonómico actual, manteniendo, en tanto que nacionalidades, los más altos techos competenciales de Cataluña y País Vasco, resolviendo mejor para la primera su régimen financiero, y cortando el dispendio de la generalización autonómica. De ella proceden problemas tan graves como la catastrófica tutela de los Gobiernos autonómicos sobre las cajas de ahorro, cuyos órganos de administración se han llenado en muchos casos de políticos y que  han sido sometidas a criterios de gestión desde las conveniencias de los propios ejecutivos autónomos. Esta desprofesionalización gestora en algunos casos, entre otras causas, que obliga ahora a una segunda recapitalización (26.000 de euros en un FROB II) que las bancarizará y, en cierto modo, las nacionalizará. Por emulación autonómica también han surgido como setas televisiones públicas todas deficitarias que han abandonado cualquier criterio de servicio público y  la creación de empresas públicas que han servido para el clientelismo en una forma de caciquismo autonómico con el que hay que terminar.

Más de 110.000 millones de euros de deuda autonómica nos contemplan; una Cataluña insatisfecha y defraudada y unos partidos políticos -PP y PSOE- que habiendo gobernado las comunidades autónomas no han mostrado cohesión interna, lealtad a sus programas y respeto a una visión global del Estado. Partidos que ahora quieren ser los bomberos de la situación cuando antes se han comportado como pirómanos, muy en particular el socialista, que ha sido el que ha propiciado la derogación del techo de gasto de las Comunidades Autónomas; ha alentado una segunda vuelta de Estatutos de Autonomía por completo innecesaria -incluido el catalán, que sólo frustró al catalanismo por el rebase anticonstitucional de algunas de sus previsiones- e hizo circular la cantinela de la “España plural” dando carta de naturaleza a un vale todo autonómico que estamos pagando de forma directa (gasto público desbocado) e indirecta (derrumbe de las Cajas que representan el 50% del sistema financiero español y que podrían constituirse en un definitivo talón de Aquiles de nuestra economía, ya tan maltrecha).

Estado autonómico, sí, por supuesto, pero revisado. Debe ser selectivo y asimétrico para resolver el problema político del País Vasco -lo estará cuando ETA sea extirpada definitivamente- y el de Cataluña que sigue pendiente (sobre la mesa el pacto fiscal que plantea el catalanismo). Y para generalizar el bienestar en las demás regiones, bastaría un modelo uniforme de descentralización, con reducción del aparato administrativo local (diputaciones),  agrupación  de municipios y limitación de facultades de orden administrativo y legislativo para evitar este patio de Monipodio en el que se ha convertido el Estado. Hará falta, claro está, una reforma constitucional. Como le recordaba a Mariano Rajoy desde la Tercera de ABC el pasado día 11 de enero el ex ministro de UCD Ignacio Camuñas, también presidente del Foro de la Sociedad Civil, el próximo Gobierno del PP, si gana las elecciones, no podrá manejar la situación con parches, mejoras o retoques, sino con una operación de fondo, costosa políticamente pero imprescindible. ¿Habría que hacer una recentralización? Sí, en parte, pero sobre un modelo autonómico selectivo.

Y aquellos que crean que Cataluña, País Vasco y Galicia no deberían instalarse en regímenes autonómicos diferenciados y acordes con la necesidad de evitar desgarros del Estado, que lean a Salvador de Madariaga y su Españolismo inteligente, texto publicado el 15 de  diciembre de 1954 en la revista Ibérica editada en Nueva York -estaba en el exilio- y que, con otros escritos, editó en España Espasa-Calpe en 1982 con selección y prólogo de Victoria Kent.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 384 COMENTARIOS

384 .- #382
Y... ¿De verdad, de verdad cree que a nuestros políticos les preocupa la opinión o el voto de los ciudadanos que tienen capacidad intelectual para discernir semejantes argumentos?
¿Por qué cree que la educación siempre, siempre ha sido la "niña pobre" de todos los gobiernos?
Tal vez, si la mayoría de ciudadanos españoles tuviéramos los suficientes mimbres mentales e intelectuales, la cohorte de mediocres que nos gobierna no tendría cabida en una concepción elemental de la democracia.
Mientras tanto, la voluntad popular mayoritaria es acorde con la mediocridad que surge de las urnas. Nada se puede sacar de donde nada hay.
El Estado de las Autonomías no es otra cosa que un engendro por el que esos mediocres se han procurado el acceso a la correspondiente cuota de poder que, en una sociedad civilizada, les sería inalcanzable.

Hermano Lobo

23/01/2011, 22:18 h.

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383 .- #325 entiendo que un constuctor de provincias sea nacionalista; sabe que así podrá acceder mejor a las obras públicas que les otorgará graciosamente el cacique de turno, debidamente untado.

¿pero un ciudadano de a pie?

A los nacionalistas de todas las regiones, lo único que les falta por controlar férreamente es la Justicia, ¿Cree sinceramente que un Tribunal de JUsticia de Cataluña como última instancia judicial, es bueno para las libertades de un catalán?. Por supuesto a Felix Millet y a tantos otros les encantaría que lo juzgasen magistrados elegidos por "el pueblo catalán" [Parlament o Generalitat].

Tampoco un Supremo en Madrid es garantía de nada. Sólo un poco más. Lo ideal es que hubiese una suerte de Supremo europeo, pero no como 4ª instancia para contadas materias, sino con competencias plenas y amplias, no como el Tribunal de Luxemburgo, o el de Estrasburgo en materia de Derechos humanos. Yo me sentiría muchísimo más seguro con mi gobernantes lejos de mi, cuanto más mejor. Sólo así tenemos uan posibilidad de ser iguales ante la Ley

widham

23/01/2011, 20:49 h.

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382 .- Es tarde y posiblemente esta opinión no sea tenida en cuenta, pero allá va. Se ha dicho que el "Plan Ibarreche" y la versión no corregida por el Constitucional del "Estatut", al rechazarse, es prueba de la negativa de muchos al establecimiento de un estado federal. Estoy en absoluto desacuerdo y temo que quienes así opinan o no saben qué es un estado federal [cómo nace, cómo funciona] o quieren confundir. No hay "asimetrías" en las federaciones. No existe el derecho a la autodeterminación del estado de Rhode Island o de California sin el concurso de los restantes y así sucesivamente. Buenas noches.

OSAMAYOR

23/01/2011, 20:43 h.

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381 .- #325 yo no soy nacionalista español, me encantaría que hubiese algo parecido a unos Estados Unidos de Europa, con igualdad de derechos y obligaciones para todos los miembros. Cuesta mucho montar un Estado, por eso me refiero España, la unidad de convivencia que considereo dimensión mínima y syuficientemente implantada, para que las instituciones funciones, sin que el poder local acabe por imponer un sistema caciquil y liberticida.

En ese orden de cosas, les quitaría muchísimas competencias a los alacalde, desde luego las urbanísticas.

widham

23/01/2011, 20:35 h.

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380 .- Hace un par de días supe que me habían subido 4 puntos porcentuales la retención del IRPF y me dije, claro, la rumbosidad hay que pagarla, que va ser si no de los:
8.112 alcaldes, 65.896 concejales, 1.206 parlamentarios autonómicos, 1.031 diputados provinciales, 650 diputados y senadores, 139 responsables de Cabildos y Consejos insulares y 13 consejeros del Valle de Arán. ¿Hasta cuándo vamos a consentir este desastre? Ustedes mismos.

rido eleonora

23/01/2011, 19:44 h.

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