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BIOGRAFÍA
José Antonio Zarzalejos 12/03/2011

En su último libro, el sociólogo Víctor Pérez-Díaz (Alerta y desconfiada. La sociedad española ante la crisis) dice textualmente que “en cuanto a los políticos, las encuestas que hemos analizado muestran una notable distancia de la población respecto de ellos. Los políticos pueden intentar hacer los que ellos consideran pedagogía cívica, pero en realidad, no deben de estar haciéndolo cuando al público le parece que no gestionan bien la crisis, que no se saben los temas, que se enredan en rivalidades exageradas. Como los políticos protagonizan el sistema de debate público, la desconexión entre la sociedad y los políticos provoca que el sistema mismo quede de facto devaluado a los ojos de la sociedad”. El criterio de este sociólogo -que ha escrito el libro reseñado con Juan Carlos Rodríguez, publicado hace apenas dos meses- describe de un plumazo la distancia sideral -emocional y efectiva- que se está produciendo entre los españoles y sus dirigentes. Es tanta que en el último barómetro del CIS (febrero de 2011) la preocupación por la clase política era para los españoles una de las principales y tanto el Gobierno como el Parlamento alcanzaban una valoración inusualmente baja: en torno al 3,5, muy lejos del aprobado.
En este contexto se han producido anécdotas que, en realidad, se erigen en categorías. Que el consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid afirme en sede parlamentaria que “el metrobús ya no existe” constituye, pese a la rectificación posterior, una ignorancia insultante para los millones de contribuyentes que todos los días laborales toman el transporte público e invierten varias horas de su tiempo en desplazarse a sus lugares de trabajo si son tan afortunados de tenerlo. ¿Qué denota el patinazo? Simplemente, que el consejero del ramo se traslada siempre en coche -oficial o no- y desconoce el mundo de los mortales. Parece un auténtico sarcasmo que el responsable de los transportes en Madrid incurra en desconocimientos tan groseros. Como grosero fue el ministro de Industria, Miguel Sebastián, que el pasado febrero comparó la repercusión del incremento de la tarifa de la luz con la consumición de “un café”. Al margen de la frivolidad de la metáfora, las asociaciones de consumidores ya le corrigieron al alza: el impacto en las economías familiares era muy superior a la que banalmente se refirió el ministro. Y recuerden ustedes cuando el presidente del Gobierno en el programa de TVE Tengo una pregunta para usted, interrogado al respecto, no acertó a dar, ni por aproximación, el precio medio de una taza de café en un establecimiento público.
Crisis de representación
Estos episodios, que descontextualizados podrían considerarse casi como chascarrillos, resultan denotativos de una auténtica crisis de representación como denuncia el sociólogo Pérez-Díaz en su último libro -basado en estudios estadísticos-, coincidente con las conclusiones a que han llegado también varios politólogos en la obra La Calidad de la democracia en España, según los cuales “la sociedad se ve a sí misma incapaz de influir en las decisiones políticas, al mismo tiempo que tampoco parece tener niveles de participación y acumulación de capital social suficientes para ser un actor relevante en el proceso político, más allá de su participación electoral. Una sociedad civil pasiva y desmotivada por la política y un sistema de representación caracterizado por la lejanía de los ciudadanos y por su falta de sensibilidad y respuesta a los problemas de aquellos, constituyen una mezcla peligrosa para la salud de la democracia española”
En general, hay un giro a la derecha -el último en Irlanda- en toda Europa, en muchos de cuyos países se han consagrado dirigentes que con propuestas terminantes parecen haber conectado con el sordo cabreo ciudadano mucho mejor que los líderes convencionales
Aunque según el CIS más del 30% de los españoles se posiciona ideológicamente en zonas de templanza y moderación, es cierto, sin embargo, que la irritación ante la mediocridad de la clase dirigente, los episodios de corrupción que afectan a los dos partidos nacionales, PP y PSOE, y los síntomas evidentes de que los dirigentes desconocen las realidad de las vidas de los ciudadanos -ignorantes de que existe el metrobús o desconocedores de cuánto cuesta una taza de café-, a nadie debe extrañar que se esté produciendo una radicalización en la opinión pública acompañada de un cada día más notable desprecio hacia los cargos públicos, electos o designados.
Esta crisis de representación ha alcanzado en algunos países manifestaciones muy rotundas que han alterado el mapa político. Podría estar sucediendo en Francia: Marine Le Pen, la nueva líder del Frente Nacional, sucesora de su padre, está convulsionando a la nomenclatura gala después de que una encuesta -aunque de dudoso rigor- le augure nada menos que entre un 23 y un 24% de voto en la primera vuelta de las presidenciales del próximo año, por delante del candidato socialista y del propio Sarkozy. En general, hay un giro a la derecha -el último en Irlanda- en toda Europa, en muchos de cuyos países se han consagrado dirigentes que con propuestas terminantes parecen haber conectado con el sordo cabreo ciudadano mucho mejor que los líderes convencionales.
En España estamos en puertas de una doble confrontación electoral -la del 22-M y las posteriores generales- y aunque no han surgido fuerzas alternativas a las tradicionales, la clase política debe tomar nota de la enorme disfunción que se está produciendo en el sistema representativo. Porque si no lo hace con prontitud, las circunstancias sociales crearán nuevas herramientas para la gestión política. La solución pasa, no sólo por la ejemplaridad y las competencias necesarias en la gestión de los asuntos públicos, sino también por el acercamiento real, por la empatía con los problemas e inquietudes de los ciudadanos. Las boutades del metrobús y del precio del café resultan así síntomas evidentes de la concepción de la política, en muchos casos, como una profesión de poder alejada de cualquier designio de servicio público. Todo lo contrario a lo que debe ser una democracia auténtica. Atentos, pues, que el deterioro socio-político es galopante y, en alguna medida, ya irreversible.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
137 COMENTARIOS
137 .- ...Si es que son unos fenómenos...
ABC 14-03-2011
Detenido ebrio y dormido al volante en un semáforo un concejal del PP de Santiago
136 .- No hay mayor ciego que el que no quiere ver PP=PSOE.
Los dos tienen montado un chiringuito montado para vivir en el lujo, el amiguismo, la corrupción [más de 500 condenados entre los dos] y los privilegios.
Esto hay que cambiarlo pero debemos ser nosotros, los ciudadanos. Nadie puede esperar que esta casta cambie nada de sus privilegios.
La responsabilidad del cambio es nuestra, luego no podemos quejarnos, no podemos seguir votando a los de siempre para que hagan lo de siempre.
Cambiemos el voto hay otras opciones.
135 .- Sr Zarzalejos, sus dotes lingüisticas son de elogiar, quizá algún partido debería ficharlo. Es capaz de es cribir todo un articulo
para simplemente decir lo archisabido: estamos cansados de nuestros políticos. Lo repite Ud una y otra vez.
134 .- #133
Una curiosidad:
¿Como se escribe en vasco "11-03-2004"?
¿Se escribe, por casualidad, "11-03-2004"?
Qué curioso: en árabe también...y en francés, y en portugués, y en italiano, y en alemán...
133 .- #128 gunter, o fantástico, no sé cómo llamarte.
Si dos semanas después de pillar una furgoneta de ETA en la A1 cargada de explosivos con un mapa de atocha y la fecha marcada en vasco, resulta que explota la estación de atocha, y no crees que ETA está detrás, es que no te da la gana ver que ETA está detrás así te lo digan a la cara.