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@Efe.- 27/08/2009 6:00h Actualizado: 27/08/2009 08:02h
La izquierda de EE.UU. se ha quedado sin una voz fundamental en el seno del partido demócrata y en la política nacional con la desaparición de Edward Kennedy, que ha muerto cuando su sueño de un seguro de salud para todos está más cerca que nunca. Desde que abandonara sus ambiciones presidenciales en los 80, Kennedy, de 77 años, se convirtió en un hombre de izquierda sin miedo de serlo, que usaba la etiqueta de "liberal" sin vergüenza, pese a que los republicanos han transformado ese epíteto en casi un insulto.
El senador de Massachusetts, agraciado con uno de los apellidos más exclusivos de Estados Unidos y una infancia de lujo, fue defensor de los pobres, los inmigrantes y de una educación de calidad para todos, desde la convicción de que el Estado no es el problema, como dijo Ronald Reagan, sino la solución. "Su muerte es un desastre para el ala progresista del partido demócrata y para la esperanza de que el Presidente (Barack) Obama se incline hacia la izquierda", dijo a Efe Benjamin Barber, un ex asesor de Bill Clinton y de otros demócratas de peso que se auto-incluye en el movimiento progresista del que habla.
Pese a que el partido demócrata tiene la mayoría en el Congreso y posee la Casa Blanca, su banda izquierda está muy debilitada, según Barber, y dominan los políticos de centro. Kennedy, que dio un respaldo crucial a Obama durante su campaña electoral, gozaba de un acceso privilegiado a la oreja del presidente y su ausencia dejará sin adalid a los que quieren un giro a la izquierda en el Despacho Oval. Su gradual evanescencia del Senado durante los largos meses de enfermedad ya se ha dejado sentir en las negociaciones sobre la reforma del sistema de salud, la cual pretende cubrir a los casi 50 millones de estadounidenses sin seguro.
"El hecho de que haya estado muy enfermo ha tenido un impacto muy serio", dijo Steven Greene, profesor de ciencias políticas de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. "El proyecto de ley habría avanzado más si él hubiera podido jugar un papel importante", explicó. Lo reconoció hace unos días su colega republicano John McCain, quien confesó que "si estuviera aquí Ted Kennedy, todo sería más sencillo".
El Senado, sin 'super-mayoría'
Su partida deja a los demócratas sin la "súper-mayoría" de 60 de los 100 escaños del Senado que impedía a los republicanos adoptar tácticas dilatorias para bloquear proyectos legislativos. Su sustituto saldrá de una elección especial que será celebrada en Massachusetts en unos cinco meses, en la que probablemente ganará un demócrata, dado el cariz del electorado del estado. Hasta entonces, el partido estará debilitado en el Senado, a menos que la legislatura estatal atienda a la petición que el propio Kennedy realizó el 2 de julio en su última carta pública y dé al gobernador, Deval Patrick, que es demócrata, el poder de designar a un reemplazo temporal.
Aparte del escaño número 60, los demócratas han perdido a un hombre con una capacidad inigualable para mover los hilos para que los proyectos de ley salieran adelante. Kennedy defendía en público unos ideales que repelen a buena parte de los conservadores del país, pero al mismo tiempo tendió la mano a sus colegas republicanos para impulsar iniciativas en la que había intereses comunes, desde inmigración hasta salud.
"Muchos republicanos le tenían cariño. Sus declaraciones de condolencia de hoy son sinceras y no forzadas", dijo Larry Sabato, profesor de política de la Universidad de Virginia. El senador Orrin Hatch, por ejemplo, le calificó como "un amigo preciado", y McCain señaló que Kennedy es "irremplazable en la institución que amaba (el Senado) y en el afecto de sus miembros".
Con su muerte, el partido demócrata y Obama han perdido a un hombre querido incluso por sus contrincantes, en un momento en que necesitan todos los apoyos posibles para una reforma del sistema de salud que aspira a ser histórica. La izquierda del país, en particular, se ha quedado huérfana y sentirá la ausencia de la voz de Kennedy en muchos más debates que en el de la salud.
Opiniones de los lectores (20)
20.
CANTIMPLORO»27/08/2009, 13:44 h.
Pues nada, que ZP, Pepiño o la pajín aprendan o mejoren el inglés y que opten al puesto
19.
ZooropaK -the one-»27/08/2009, 12:32 h.
Grande Ted!!
18.
Malinche»27/08/2009, 12:12 h.
#16 Al margen del peso del apellido Kennedy y de sus errores y tragedias personales, creo que fue un político que desarrolló una abrumadora actividad en el Congreso, un trabajador nato. Seamos, pues, serios y valoremos al político y al legislador que supo remontar la adversidad para que un error tan grave como el de Mari Jo, no lo enterrase políticamente hablando.
Ya quisiéramos en nuestro Congreso de curliparlantes diputados, vergonzosamente vacío, muchos Ted Kennedys. Ya quisiera Zapatero haber trabajado en sus 14 años como diputado la centésima parte de lo que trabajó Ted Kennedy.
El senador Kennedy fue autor de más de 2.500 leyes durante su larga carrera en el senado, de las cuales varios cientos fueron aprobadas y que se han convertido en mejoras para una gran parte de la población.
Seamos serios y demos al César lo que es del César sin quedarnos con la nota frívola de su pasado personal o de sus hermanos. Está claro que cuando los habitantes de Massachusetts seguían votando por él, era por algo más que el glamour de un apellido.
http://kennedy.senate.gov/imo/media/doc/Kennedy%20Accomplishments.pdf
17.
izaldu»27/08/2009, 11:09 h.
El titular es de Pepiño.
16.
principiopeter»27/08/2009, 10:20 h.
Decía James Ellroy en "America" que John Fitzgerald Kennedy era un comecoños compulsivo. La sociedad americana no lo sabía y si lo sabía se lo perdonaba por lo distinguido y "chic" de su apellido. Edgar Hoover, en cambio, sí que lo sabía y para nada se lo perdonaba. JFK llegó en su paroxismo de impunidad sexual, Marylines aparte, a encamarse con la amante de un elevado capo mafioso. Eso es ya lo máximo de lo mínimo. No estamos hablando de un oficinista cualquiera sino del presidente de la nación más atorrantemente puritana que hay en el mundo. Que se lo pregunten a Gary Hart.
Su hermano Robert se intercambiaba las amantes con él, estando todavía la cama caliente después de la última "performance" de uno u otro.
El ahora fallecido tuvo un safari con una mecanógrafa que acabó en muerte.
Todos, todos, los miembros de aquel adorado Camelot eran en realidad unos adictos al sexo revestidos de una pátina de respetabilidad irlandesa y millonaria de buena cuna.
Me quedan tres preguntas por hacer:
1] ¿Quién lanzó y encarnizó la guerra de Vietnam?
2] ¿Porqué somos todos tan papanatas?
3] ¿Asistirán los familiares de Mari-Jo Kopeckne a los funerales de Ted Kennedy?
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