EL RÉGIMEN GANA DINERO ALQUILANDO UN EDIFICIO

Una noche en el hostal de Kim Jong-un en Berlín

El régimen de Pyongyang tiene alquilado un edificio a un popular hostal de Berlín. Parte del arriendo, pese a las sanciones, va directamente al programa de misiles norcoreano

Foto: El City Hostal Berlin, ubicado junto a la embajada de Corea del Norte, en la capital alemana.
El City Hostal Berlin, ubicado junto a la embajada de Corea del Norte, en la capital alemana.

​Parece un hostal más. Quizá se encuentra un poco más envejecido que la media de Berlín pero, a cambio, está asombrosamente céntrico. Se trata de un típico edificio de la Alemania comunista, de bloques prefabricados de hormigón. Gris, monótono y monolítico, oscuro. Pero en el corazón turístico de la capital alemana. A apenas 500 metros del 'checkpoint' Charlie y a 800 de la Puerta de Brandeburgo. Además, según se anuncia en internet, tiene precios especialmente bajos. Rara avis. Entro.

Dentro se han esmerado algo más. Colores vivos en las paredes, muebles que podrían ser de Ikea y unas máquinas para comprar café y bebidas. Lo estándar. A la izquierda, tras unos sofás, se abre la cafetería, con una pequeña terraza al fondo para fumadores. Un grupo de jóvenes estadounidenses discute animadamente. Avanzo y, casi de frente, se encuentra una recepción como la de cualquier otro albergue juvenil de Alemania.

"Hola, quería una habitación para esta noche. La más barata".

"Sí, por trece euros tienes cama en un dormitorio para ocho. El baño es compartido, está en el pasillo", responde el recepcionista, un treintañero alemán.

"Vale".

Pago en efectivo y tras una gestión mínima -contraseña para internet, toalla, horario del desayuno- me dan la tarjeta con la que se abre la puerta de mi habitación. La 216. Subo en ascensor y, tras atravesar un pasillo oscuro y de puertas simétricas tan aburrido como la fachada, llego a la habitación. Se trata de un rectángulo desnudo, con cuatro estrechas literas de metal pegadas, de dos en dos, a las paredes. Junto a la puerta, unas taquillas azules con llave. Al fondo, el cuadrado de cielo gris de la ventana. Nada más.

Todo normal. O Casi. Porque una porción de lo que paga cada turista por dormir en el City Hostal Berlin -con 450 camas distribuidas en 109 habitaciones- sirve para financiar el desestabilizador programa nuclear de Kim Jong-un, el dictador norcoreano. Porque las instalaciones de este albergue pertenecen a la adyacente embajada de Corea del Norte y están alquiladas a una empresa de hostelería desde 2004.

Las instalaciones pertenecen a la adyacente embajada de Corea del Norte y están alquiladas a una empresa de hostelería desde 2004Se habían juntado el hambre y las ganas de comer. En los tiempos de la República Democrática Alemania (RDA) llegaron a trabajar hasta un centenar de personas en la embajada de Corea del Norte en Berlín. Eran países hermanos, pero la caída del Muro de Berlín en 1989 y la reunificación alemana supusieron el inicio del declive de la actividad de la legación. En la actualidad apenas hay diez diplomáticos acreditados, según Berlín. A los norcoreanos les sobraba ese edificio, donde habían residido muchos de sus funcionarios, y les faltaba dinero.

El régimen tenía y tiene cada vez más necesidad de obtener divisas. A cualquier precio. Primero por los graves problemas económicos, que se han cronificado en Corea de Norte. Y, luego, a partir de 2009, por las sanciones internacionales que se le han ido imponiendo en respuesta a su programa para desarrollar armas nucleares, proyecto en el que Corea del Norte -primero con Kim Jong-il y ahora con su hijo, Kim Jong-un- sigue embarcada. El primer ensayo fue en 2006, el último tuvo lugar el año pasado.

Así, la exigua red de embajadas de Corea del Norte -con representación en tan sólo 47 de los alrededor de 200 países presentes en Naciones Unidas-, además de sus labores diplomáticas, tiene la misión de recabar divisas para una Pyongyang ahogada financieramente. Esto no es nuevo. El año pasado, un diplomático norcoreano fue descubierto en Bangladesh cuando intentaba introducir en el país de forma ilegal 1,6 millones de cigarrillos para su venta en el mercado negro.

El interior del City Hostal Berlin, cuyas instalaciones pertenecen a la embajada norcoerana.
El interior del City Hostal Berlin, cuyas instalaciones pertenecen a la embajada norcoerana.

No es un caso excepcional. En los últimos años se ha descubierto a funcionarios norcoreanos implicados en el contrabando de marfil, de cuernos de rinoceronte y también de oro. También se les ha relacionado con la venta ilegal de viagra y de alcohol en distintos países. Y también con la distribución de dinero falsificado y la compraventa ilegítima de armas y estupefacientes.

Solo en Alemania han trascendido varios casos. A finales de los años 90 un diplomático de Pyongyang fue descubierto por la policía cuando trataba de vender armas y heroína. Además, en varias ocasiones se les ha descubierto enviando a su país paletas enteras de artículos normales en muchos países, pero de auténtico lujo en Corea del Norte como Nutella, champú o cerveza. Las autoridades les pararon los pies en otra ocasión, cuando intentaron abrir un restaurante chino en el distrito centro de la capital.

Además, las fuerzas de seguridad alemanas detectaron ya hace unos años a los diplomáticos norcoreanos tratando de comprar a empresas del país piezas y componentes para su programa nuclear. Sin éxito.

Los diplomáticos norcoreanos en Berlín han sido llamados a reuniones en el Ministerio de Asuntos Exteriores en repetidas ocasiones para exigirles que acaben con estas actividades ilegales. Pero ellos ignoran totalmente a los apercibimientos de Berlín. Solo escuchan a su líder, que les insta a enviar remesas de divisas a casa. Sea como sea.

Kim Jong-un insta a los diplomáticos norcoreanos a enviar remesas de divisas a casa. Sea como seaLa puerta se abre. Una pareja joven entra en la habitación. Saludan, eligen camastro y dejan sus mochilas junto a la ventana. Revisan sus móviles y un mapa de papel. Luego se presentan. Son dos estudiantes colombianos, Christian y Milena, que están simplemente de paso por Berlín, tras visitar a una amiga en Leipzig.

"¿Corea del Norte?", repite Christian, incrédulo abriendo mucho los ojos al escuchar mi historia, "no teníamos ni idea".

"La verdad es que nos hemos fijado que justo aquí estaba la embajada de Corea del Norte. Pero nada más", comenta Milena.

Han dado con el albergue a través de internet. Aparece bastante bien situado en los principales portales de alojamiento turístico y tiene buenas críticas. En Trip Advisor, la principal web de valoraciones de destinos y hoteles, obtiene un 3,5 sobre 5 y el 47% de los viajeros lo califica como "muy bueno". En Booking.com logra un 7,8 sobre diez. La ubicación, el personal y el precio son lo más destacado. Ni rastro, claro, de Corea del Norte ni de Kim Jong-un en las críticas.

Abajo, en la recepción, nadie consigue tampoco hilvanar sus vacaciones en Berlín con el programa nuclear norcoreano. Ni la pareja de argentinos frisando los sesenta que se pelea con la máquina de café. Ni el joven matrimonio alemán con dos hijas que acaba de llegar con el coche cargado de maletas para una visita a la capital. Ni el grupo de estudiantes estadounidenses que, con una conocida empresa internacional de cursos de idiomas, se encuentra en la capital alemana con un programa intensivo de inmersión lingüística. Nada en el City Hostel Berlin apunta hacia Pyongyang.

El City Hostal Berlin,  en el corazón turístico de la capital alemana.
El City Hostal Berlin, en el corazón turístico de la capital alemana.

Las pistas, no obstante, están ahí. A la vista. El hostal y la embajada comparten una valla en la que se ha dispuesto una vitrina con fotos del actual dictador norcoreano, Kim Yong-un, y sus dos antecesores en el cargo: su padre, Kim Jong-il, y su abuelo, Kim Il-sung, fundador de este aislado e impredecible régimen comunista hereditario y, según la denominación del aparato propagandístico, presidente eterno de Corea del Norte. Y en el sótano, tras una gran sala con sofás y un pasillo, hay una gran puerta metálica cerrada a través de la cual se puede acceder directamente al recinto de la embajada de Corea del Norte.

El propio Gobierno alemán, consciente del negocio y de las intenciones de Pyongyang, quiere tomar medidas. Según un reciente reportaje del 'Süddeutsche Zeitung', Berlín desea acabar lo antes posible con la entrada de divisas para el régimen que supone el alquiler del edificio al albergue y de un salón de congresos anexo. En el Ministerio de Asuntos Exteriores estiman que Corea del Norte se embolsa sólo por el hostal unos 40.000 euros al mes. De ser asi, desde 2004 habría obtenido unos 5 millones de euros por este concepto.

El Gobierno alemán desea acabar lo antes posible con la entrada de divisas para el régimen que supone el alquiler del edificioPor eso, el Gobierno alemán está estudiando endurecer las sanciones contra Pyongyang. Se trata "secar de forma aún más consecuente" las "fuentes de financiación del programa nuclear" norcoreano, asegura el secretario de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Markus Ederer. Berlín quiere poner fin a los contratos de alquiler del hostal y el salón de congresos.

Las bases legales está ahí. En la resolución 2321 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada el pasado noviembre, tras el quinto y -por el momento- último ensayo nuclear del régimen de Pyongyang. El artículo 18 de este texto dice explícitamente que "todos los estados miembros deben prohibir a Corea del Norte utilizar inmuebles que ésta posea o tenga arrendados en sus territorios nacionales para destinos que no sean actividades diplomáticas o consulares". El hostal quedaría aquí claramente incluido.

Para colmo, según han revelado las televisiones NDR y WDR, la embajada norcoreana en Alemania no ha pagado nunca a la ciudad-estado de Berlín los impuestos a los que está obligada por el alquiler del hostal y el salón de congresos, así como por otros conceptos. La cantidad total adeudada asciende a unos diez millones de euros. Tras una queja formal del fisco regional, el Ministerio de Asuntos Exteriores medió y se llegó a un acuerdo para que la legación diplomática pagase unos 7.000 euros al mes. Pero nunca los ha abonado, según fuentes del gobierno regional.

Ha oscurecido. A la habitación 216 del City Hostel Berlin llegan ruidos desde dentro y fuera del albergue. Jóvenes en animada conversación y algún coche. Las luces anaranjadas de la calle se cuelan también en el dormitorio compartido. No hay persianas. La cama es estrecha y no especialmente cómoda. El rectángulo de la litera superior domina mi campo de visión. Tan solo es una noche en el hostal de Kim Jong-un en Berlín.

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