"sin duda, es un partido protesta"

"Ya iba siendo hora de poder decir esto": claves del éxito de Alternativa para Alemania

El periodista Andreu Jerez y el politólogo Franco Delle Donne han escrito un libro analizado el fenómeno de AfD. Charlamos con el primero sobre el auge de la nueva ultraderecha alemana

Foto: Jörg Meuthen y Frauke Petry cantan durante el congreso de AfD en Stuttgart, en mayo de 2016. (Reuters)
Jörg Meuthen y Frauke Petry cantan durante el congreso de AfD en Stuttgart, en mayo de 2016. (Reuters)

“Están aquí para quedarse”. Es lo que opina el periodista Andreu Jerez sobre los nuevos de la política alemana, el partido Alternativa para Alemania (AfD), surgido (muy) a la derecha del espectro político tradicional pero que poco a poco se ha consolidado como una opción legítima para muchos votantes alemanes. Jerez, colaborador regular de El Confidencial, lleva varios años estudiando el fenómeno y, junto al politólogo argentino Franco Delle Donne, lo ha plasmado en el libro “El retorno de la ultraderecha a Alemania”, el primero en castellano sobre esta formación, que será publicado antes de las elecciones federales del próximo 24 de septiembre. Hemos conversado con él sobre las claves de este éxito electoral nada desdeñable.

Hay mucha gente que muestra cierto escepticismo respecto a sus posibilidades, pero no hay posibilidad de escepticismo porque ¡ya lo está consiguiendo! Y en estas elecciones tendría que haber un escándalo brutal para que no consiga entrar en el Bundestag [el Parlamento alemán]. Llegó a estar en un 15%, y ahora está entre un 8 y un 10%”, explica Jerez. “Hay que recordar el partido solo tiene 4 años de edad. Por eso, cuando algunos colegas alemanes me mencionan el 'mal resultado' obtenido por AfD en algunas elecciones regionales les digo: ¡Pero si es un partido recién creado! ¡Un 7% es muchísimo! Cierto es que, comparado con el temor al 16-17% que se le otorgaba hace un año, es poco, pero…”, comenta.

Para Jerez, eso no significa que el pueblo alemán se esté escorando peligrosamente hacia la ultraderecha. “Los estudios ya apuntaban que, desde del cambio de siglo, había entre un 18 y un 20% de la población alemana que tenía posiciones ultraderechistas. Por tanto no diría que la sociedad alemana se ha derechizado, sino que ha aparecido un partido que ha podido canalizar esas ideas”, explica.

“Tras la guerra hubo partidos nacional-patriotas en el Bundestag, pero desaparecieron en los 60 y jamás se volvió a saber de ellos a nivel federal. Ese espacio electoral desapareció del trablero. De hecho son célebres las declaraciones de Franz Joseph Strauss, padre de los socialcristianos bávaros, que dijo: 'A la derecha de la CDU/CSU no puede haber ningún partido democrático'. Sí ha habido en regiones, sobre todo en la parte oriental, por cuestiones históricas, por desengaño con la política, por desempleo estructural…”, señala el periodista. “Lo fundamental es que por primera vez han conseguido convertirse en un fenómeno político transversal, y con casi toda seguridad superarán el 5% del voto en toda Alemania, lo que es un requisito para instalarse en el Bundestag. Hasta ahora lo han logrado en casi todas las elecciones regionales desde 2013, en algún caso incluso superando a la CDU. Ese es el cambio de paradigma”.

¿Cómo definir a una formación que se resiste a aceptar toda etiqueta? “Para mí es un partido ultraderechista. Va más allá de la derecha tradicionalmente establecida, y coquetea con postulados neonazis, aunque no lo es. Y es un partido protesta, sin ninguna duda”, opina Jerez. “Lo más importante es que es un partido transversal. Recibe votantes de todos los partidos: SPD, CDU, CSU, la Izquierda, algunos Verdes, y también moviliza a muchos abstencionistas y primeros votantes”, apunta.

Pero el gran secreto de su éxito, indica, es que están permitiendo que muchos alemanes puedan identificarse libremente con ideas que hasta hace poco estaban muy mal vistas. “Uno de sus grandes eslóganes es: 'Ya iba siendo hora de poder decir esto'. Y se refiere a determinadas cuestiones como la emigración, la identidad nacional, el patriotismo… Cuestiones que eran tabú en Alemania, por su historia reciente y sus condicionantes culturales, y que AfD ha sabido romper exitosamente a nivel electoral. Aunque insisto, no es un partido neonazi, pero puede tener discursos metaneonazis, cierto coqueteo con algunas ideas”, asegura.

Andreu Jerez y Franco Delledone trabajando en Berlín
Andreu Jerez y Franco Delledone trabajando en Berlín

¿La única alternativa?

“Los elementos son muchos: la crisis del euro, que ha sido fundamental; la crisis de refugiados, que ha dado un impulso importante discurso antimigratorio. Y sobre todo, que Alemania ha sido gobernada durante prácticamente 3 legislaturas por una gran coalición activa (CDU-CSU-SPD) o pasiva (SPD en la oposición, pero apoyando muchas de las leyes impulsadas por el Gobierno). En alemán hay un término, 'Alternativlos', que significa 'sin alternativa'. Angela Merkel lo utilizó durante mucho tiempo cuando quería justificar sus decisiones, como el rescate a la banca, la política de refugiados, etc. Al final, como resultado se ha generado una banalización del discurso político”, explica Jerez. “Y no en vano el partido se llama Alternativa para Alemania: se presenta como la única opción frente a ese abanico de partidos tradicionales. Eso les ha granjeado un apoyo electoral nada despreciable”, nos dice.

“También habría que añadir la crisis social. A nivel macroeconómico Alemania va bien, eso es indiscutible, y sin embargo se han producido evoluciones paradójicas: el PIB crece exponencialmente a raíz de la introducción del euro, porque abarata las exportaciones, pero al tiempo vemos un avance de la precariedad laboral y la desigualdad”, sostiene el periodista. “Mucho de esto es fruto de la llamada “Agenda 2010” del Canciller Schröder, y hoy Alemania es uno de los países con una mayor concentración de riqueza de toda la OCDE. Pero esto alimenta el discurso de la antipolítica, sobre todo entre las personas en mayor desventaja, como los trabajadores precarios o los desempleados larga duración”, afirma.

Eso no significa que los seguidores de Alternativa para Alemania estén cortados por un único patrón. “El libro empieza con una crónica de 3-4 páginas con un congreso de AfD en Coblenza. Estaban invitados Le Pen, Wilders FPÖ, Liga Norte, es decir, el 11 titular de la ultraderecha europea, y también estaba Frauke Petry, líder de AfD en el Estado de Sajonia y actual copresidenta del partido, que apuntaba como candidata a la cancillería, aunque al final no será. Ahí tuve la oportunidad de ver cuál es el perfil que predomina entre los votantes. No te digo que haya hecho un estudio, pero tuve la oportunidad de hablar con varios de ellos en profundidad e indagar en sus razones”, relata Jerez. “Uno podría pensar que serían gente en situación económica difícil, con pocos estudios… Pero nada más lejos de la realidad: eran gente de clase media, propietarios de pequeñas y medianas empresas, jubilados, antiguos funcionarios de medio-alto rango, situada bien económicamente, pero que tenían un desengaño absoluto con la política. Yo les preguntaba si no se daban cuenta de que era un discurso de extrema derecha y ellos me decían que no, que era un discurso de sentido común”.

“Es decir, y esto es importante, no toda la gente que vota está excluida de la sociedad. Mucha pertenece a la clase media, con educación… En ese sentido, AfD es un partido del centro –que no de centro-, no porque sean centristas sino porque sus seguidores pertenecen al núcleo central de la sociedad. Aunque estén votando una opción extrema, están en el corazón de la sociedad alemana”, comenta. "Sus responsables son gente muy inteligente, no son cuatro idiotas o indocumentados. Son gente que lleva mucho tiempo estudiando el tablero alemán y se han dado cuenta de que había un agujero por llenar. Salvando las distancias ideológicas obvias, han hecho como Podemos: han estudiado el espacio que había por copar, y en este caso han visto que por la ultraderecha se podía llenar", añade.

Activistas protestan contra el congreso de AfD en Colonia, el 22 de abril de 2017. (Reuters)
Activistas protestan contra el congreso de AfD en Colonia, el 22 de abril de 2017. (Reuters)

Ambigüedad sobre el pasado

¿Cómo se ha visto la irrupción de AfD en el panorama político alemán desde otros ámbitos? “Cuando surgió, al principio la reacción, tanto de partidos como de medios, fue la mofa. La gente se rió de ellos. Luego, cuando se dieron cuenta de que había una base social dispuesta a darles su voto, se pasó de la burla al nerviosismo. Los políticos profesionales se encontraron con el pie cambiado, al darse cuenta de que la gente de AfD sabía argumentar, ir a platós y defender sus posturas de forma profesional. Entonces los partidos trataron de rearmarse dialécticamente para combatir a AfD, pero este partido estaba en una posición ventajosa, con la llegada de cientos de miles refugiados a Alemania”, cuenta Jerez. “Lo que consiguieron fue que cada vez que se mencionaba la palabra 'refugiado' en las noticias fuese inmediatamente seguida de 'AfD'. Ellos se subían a la ola; llegaron a tener una intención de voto por encima del 15% en las encuestas, y ahora se mueven entre un 7 y un 10% del resultado en las proyecciones para las elecciones federales”.

Una de las cuestiones más interesantes respecto al partido es su relación con el controvertido pasado de Alemania. “Es un tema interesante. Uno de los elementos fundamentales de su agenda es la identidad nacional. El historiador y politólogo alemán Herfried Münkler me dijo que los estados europeos tienen que redefinir su identidad cada 30 años. Deben abrir un debate sobre quiénes somos y adónde vamos. Para Alemania, la última vez fue durante la reunificación. Han pasado 30 años y Alemania se encuentra otra vez en ese punto. Pero es una caja de pandora que nadie quiere abrir. En el contexto alemán, solamente la palabra patriota ya chirría. Y AfD se ha aferrado a ese clavo: 'Ya está bien de tener vergüenza de ser alemán. Alemania ha tenido momentos brillantes en la historia, y esos 12 años de nacionalsocialismo no pueden definirlo todo'”, comenta Jerez.

"En Alemania quien sacaba mucho la bandera ya era visto con suspicacia. De hecho, la primera vez que los alemanes lo hacen de forma masiva desde el 45 fue en el mundial de fútbol de 2006, porque además era el país organizador. AfD ha leído muy bien eso y ha ido a saco. De hecho Gauland, quien durante 40 años fue militante de la CDU, no es precisamente un filonazi, ha declarado: 'Ya está bien de que siempre los que tienen orgullo de ser alemanes se sientan sospechosos de algo'. El historiador e intelectual Sebastian Haffner ya dijo que el peor crimen de Hitler, además del Holocausto, haya sido robarle la identidad nacional a los alemanes. Y eso es algo que líderes como Gauland hoy en día subrayan", opina el periodista. "En AfD juegan siempre a eso: a relativizar lo que fue el nacionalsocialismo y a decir que los alemanes, no sólo los judíos y otras minorías, fueron también víctimas de ese régimen. Ahora otros partidos han empezado a hablar de estas cuestiones, de la cultura alemana, cuál es y tal, pero a la hora de la verdad el resto de partidos están fuera de fuego. AfD ha pillado a los políticos casi siempre a contrapie".

No obstante, los autores no creen que vaya a producirse una explosión electoral similar a la experimentada por el partido Marine Le Pen en Francia. "Es un caso muy diferente. En Francia el Frente Nacional es una opción de poder, pero en Alemania AfD es un partido menor, no tiene capacidad de gobernar dentro de 4 años", explica Jerez. Eso no significa que no sea un factor a tener en cuenta. "Los partidos tradicionales dicen que solo van a establecer coaliciones con los partidos democráticos. Eso excluye a AfD del juego del poder, pero al mismo tiempo le sirve para reforzar su discurso de antipolítica, para demostrar que, como aseguran, son la única oposición política en Alemania. Estamos en ese ‘impasse’. Veremos cómo reaccionan cuando estén en el Bundestag, cómo se posicionan los partidos tradicionales y cómo AfD reacciona a eso".

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