habla el creador de la bóveda de semillas

La despensa de Svalbard: cómo alimentar al mundo en la era del calentamiento global

La Bóveda Global de Semillas pretende asegurar que la humanidad pueda seguir alimentándose en el incierto mundo del futuro. Lo explica Cary Fowler, alma mater del proyecto

Foto: La entrada de la la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega. (Reuters)
La entrada de la la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega. (Reuters)

¿Qué pasaría si, de pronto, la patata, el arroz o el trigo dejaran de existir? Es un escenario difícil de imaginar, pero que no está tan lejos de la realidad. Lo asegura el estadounidense Cary Fowler, uno de los principales expertos en biodiversidad agrícola e impulsor de la Bóveda Global de Semillas, una especie de despensa mundial de simientes capaz de resistir a guerras y catástrofes naturales. Situada en el Ártico, su objetivo es almacenar una copia de seguridad de todas las plantas comestibles de la Tierra para asegurar que están disponibles en caso de necesidad.

"Nos dirigimos hacia un nuevo clima que nunca ha existido en toda la historia de la agricultura. Y esto va a causar plagas y enfermedades en los cultivos con consecuencias gravísimas para la seguridad alimentaria global", explica Fowler en una entrevista con El Confidencial. Es un tema poco conocido, sobre el que todavía no hay demasiada concienciación. "Todo el mundo habla de preservar especies de animales o parques naturales, pero pocos saben de la pérdida de biodiversidad agrícola que sufre el planeta. Por ejemplo, seguro que, en España, mucha gente se preocupa por el oso polar o las ballenas a pesar de no haberlos visto nunca y, en cambio, muy pocos saben de la extinción de productos tan locales como ciertas variedades de melones o tomates", destaca.

Un grupo capitaneado por Fowler creó una especie de Jardín del Edén en el que conservar un duplicado de todas las semillas de la TierraÉl mismo, de hecho, empezó a interesarse por este asunto casi por casualidad. Corrían los años 70. Era un joven estudiante, inquieto, activo contra la Guerra de Vietnam y la segregación racial y tremendamente preocupado por el problema del hambre en el mundo. De repente, un día, se topó con un artículo del académico Jack Harlan. Trataba de la alarmante pérdida de diversidad genética que ya en aquella época empezaba a sufrir el mundo agrícola. Era la primera vez que Fowler oía hablar del tema y fue como una revelación, una nueva manera de ver las cosas. Desde entonces, no se ha dedicado a otra cosa que a recorrer el mundo alertando sobre la gravedad de la situación.

Agricultura solo si hay biodiversidad

Desertificación, aumento del nivel del mar, salinización de suelos que antes eran cultivables... Son algunos de los efectos del calentamiento global que más impacto tendrán en la agricultura. "Si queremos que nuestros cultivos se adapten a estas nuevas circunstancias, tenemos que preservar la biodiversidad del campo", remarca Fowler. Hoy en día, hay muchas variedades de granos, frutas o verduras que apenas se cultivan, ya sea por su sabor amargo, aspereza o debilidad ante determinados factores. Sin embargo, ciertos rasgos de estas especies podrían revelarse de gran importancia para la supervivencia de una determinada planta en el futuro.

"Los vegetales que consumimos a diario y que constituyen la base de nuestra dieta están domesticados, es decir, no se adaptan al medio por sí mismos, como por arte de magia, sino que lo hacen porque hay agricultores detrás que los están seleccionando. Para ello necesitan diversidad, múltiples variedades que les permitan disponer de todos los rasgos que se necesitan para ayudar a una determinada planta a adaptarse. Por ejemplo, puede que una variedad sea resistente a una enfermedad determinada, mientras que otra tolerará mejor la sequía".

Sin embargo, la industrialización masiva de la agricultura ha provocado la desaparición de muchas variedades. "Esta tendencia empezó en la segunda mitad del siglo XX. Era una decisión muy racional y comprensible de los agricultores, que dejaron de cultivar las especies de toda la vida por otras más comerciales y resistentes a determinados bichos o enfermedades".

Cary Fowler sostiene paquetes de semillas durante la construcción de la Bóveda Global de Semillas, en Svalbard. (Reuters)
Cary Fowler sostiene paquetes de semillas durante la construcción de la Bóveda Global de Semillas, en Svalbard. (Reuters)

El campo y la pérdida masiva de variedades

La contrapartida es que este proceso ha supuesto una extinción masiva de muchas especies. Por ejemplo, de las más de 7.100 clases distintas de manzanas que se cultivaban en Estados Unidos en el siglo XIX, hoy solo quedan 300. Por no hablar de las variedades de arroz que hace un siglo existían en la India. En la actualidad, solo queda un 10%.

Los genetistas empezaron a dar la alarma hace años. Muchos países tomaron conciencia del problema y empezaron a construir bancos de semillas nacionales y regionales con el objetivo de preservar el mayor número de variedades. Hoy en día hay unos 1700 centros de este tipo en todo el mundo. Pero en caso de guerras, catástrofes naturales o un cambio de clima generalizado, las semillas que albergan estos centros corren el riesgo de desaparecer para siempre. De ahí que un grupo de científicos capitaneado por Fowler empezara a hablar de la necesidad de crear un gran banco de semillas global, una especie de Jardín del Edén mundial en el que conservar un duplicado de todas las semillas de la Tierra.

Almacén a prueba de bombas

Después de llamar a muchas puertas e insistir ante las más altas instituciones, sus esfuerzos han dado fruto y la Bóveda Global de Semillas es hoy una realidad. El proyecto, que se estrenó en 2008, cuenta con el apoyo de numerosos gobiernos, entre ellos el de Estados Unidos y el de Noruega, y la colaboración de algunas de las mayores fortunas del planeta, como la Bill&Melinda Gates Foundation o la familia Rockefeller.

Ubicada en el archipiélago noruego de Svalbard, en pleno Océano Ártico, la bóveda se halla en uno de los lugares más estables del planeta, tanto política como geológicamente hablando. Para mayor seguridad, sus fundamentos se encuentran en el interior de una montaña cubierta todo el año de hielo permanente. Su temperatura media anual es de 18 grados bajo cero y sus impulsores aseguran que lograría mantener las semillas congeladas incluso en caso de que fallara el suministro eléctrico.

Un trabajador porta una caja de semillas durante la inauguración de la Bóveda Global. (Reuters)
Un trabajador porta una caja de semillas durante la inauguración de la Bóveda Global. (Reuters)

La mayor colección de semillas del mundo

Con más de 864.000 muestras distintas, la bóveda ya contiene la mayor colección de semillas del mundo, con variedades procedentes de los cinco continentes. "Es una solución que no implica inventos tecnológicos que no tengamos ni grandes inversiones de dinero y que ya ha demostrado ser de gran utilidad", asegura Fowler. En 2015, sin ir más lejos, el Centro Internacional para la Investigación Agrícola en Zonas Áridas, situado en la ciudad siria de Alepo, se vio comprometido por las bombas y tuvo que echar mano del duplicado de sus semillas que se hallaba en Svalbard.

En 2015, el Centro Internacional para la Investigación Agrícola en Zonas Áridas, en Alepo, tuvo que echar mano del duplicado de sus semillas en SvalbardEra la primera vez que ocurría algo así. Desde entonces, el equipo científico sirio se ha tenido que trasladar temporalmente a Líbano y Marruecos para poder seguir adelante con sus proyectos. Sin la copia de su colección que se hallaba en Noruega no solo se habrían perdido importantes variedades de semillas, especialmente resistentes a la escasez de agua, sino que también se habrían echado a perder valiosos años de investigación científica.

Las semillas que contiene la Bóveda pertenecen a los países y centros que las depositan. Ellos son los únicos que pueden volver a disponer de ellas cuando lo necesiten. De la gestión, en cambio, se encargan el Gobierno de Noruega, el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NorgGen) y el Crop Trust, la organización internacional surgida de la FAO que tiene como misión velar por la biodiversidad agrícola en el mundo. Fowler, de hecho, fue director ejecutivo de este organismo entre 2005 y 2012 y a día de hoy sigue prestando servicios como consultor.

El cambio climático y la escasez de recursos al que se enfrenta la Tierra del futuro plantean unos retos enormes, que tienen que ser abordados desde múltiples ángulos. Pero Fowler lo tiene claro: "preservar la biodiversidad constituye un prerrequisito indispensable para que la humanidad pueda seguir alimentándose el día de mañana".

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