el perfil de su líder está en decadencia

Le Pen 2022: el futuro inmediato del Frente Nacional

Los resultados abren la puerta a una guerra interna en el partido. Marine Le Pen corre el riesgo de convertirse en una figura obsoleta, pero hay un recambio: su sobrina Marion, aún más radical

Foto: Marion Marechal-Le Pen junto a su tía Marine, durante un homenaje a las víctimas del atentado de Niza, el 15 de octubre de 2016. (Reuters)
Marion Marechal-Le Pen junto a su tía Marine, durante un homenaje a las víctimas del atentado de Niza, el 15 de octubre de 2016. (Reuters)

“El cambio sobre el plan [del partido] para el euro llegó demasiado tarde”: Marion Maréchal-Le Pen, sobrina de la líder y nieta del fundador del Frente Nacional, ha retomado el ruido de sables en el seno del partido en la misma noche electoral.

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La línea del éxito que se marcó la ultraderecha estaba en el 40%, a sabiendas de que la victoria electoral inapelable de Emmanuel Macron dejaba, sobre todo, abierta al menos la posibilidad de una victoria ‘moral’ de Marine Le Pen. En las dos semanas que ha durado la campaña de la segunda vuelta, en las que Macron no conseguía despegarse de su rival -para incomodidad del llamado ‘frente republicano’- más de 20 puntos, alimentaron esa esperanza. Marine, con las encuestas en la mano, apelaba incluso a la ‘remontada’ -así, es español- con más voluntarismo que realismo. Sin embargo, ya tras su desastroso papel en el debate, entre las normalmente prietas filas del partido había empezado a cundir el nerviosismo y la inquietud.

La noche del domingo su boca articulaba “victoria”, pero sus gestos denotaban una decepción contenida. A pesar de haber doblado en votos a su padre, a pesar de haber conseguido el mejor resultado en la historia del FN, y de haber desbancado a Los Republicanos como fuerza dominante en la derecha, el discurso de Marine Le Pen fue más que nada un aviso a amigos y enemigos. Primero, a los de fuera, asegurando que la lucha queda marcada ahora entre “patriotas” -los suyos- y “globalistas” -macronistas y demás- de cara a las legislativas de junio. Segundo, a los de dentro, a los tiburones que están oliendo la sangre si el FN fracasa en las parlamentarias. Marine dijo que quiere refundar el partido y llamó a todos esos “patriotas” a unirse a ella, mencionando sus 11 millones de votos en esta segunda vuelta.

Este segundo mensaje parece dirigido especialmente a su sobrina Marion. En el partido hay antecedentes de intrigas familiares y Marine ve que su joven pariente podría estar esperando un tropiezo para sacarla del liderazgo. No en vano fue lo que hizo ella con su padre, Jean-Marie. Una nueva entrega del folletín palaciego de la ultraderecha.

Marine Le Pen tiene un gran problema y es que estas presidenciales eran una bola de partido para ella, porque su perfil está en franca decadencia. Mucho mayor que Macron, con un quinquenato por delante que terminará con apenas 44 años; con la desaparición del escenario de grandes figuras de la derecha como Nicolás Sarzoky, Alain Juppé o François Fillon, para dar paso a candidatos limpios y jóvenes; y con un Partido Socialista en plena desbandada en el mismo proceso de catarsis, Le Pen corre el riesgo de ser una antigualla política del panorama francés -junto a Jean-Luc Mélenchon-, contraproducente para una candidata que se quiere presentarse como ‘antisistema’.

Marion Marechal-Le Pen durante un discurso antiinmigración en Grambois, el 23 de octubre de 2016. (Reuters)
Marion Marechal-Le Pen durante un discurso antiinmigración en Grambois, el 23 de octubre de 2016. (Reuters)

Dos familias mal avenidas en la ultraderecha

Marion, poseedora de ese carisma, sorna y carácter innegable a los Le Pen, mucho más joven y telegénica, podría aspirar a ser la candidata en 2022, con el aval de ser una de las únicas miembros del FN en haber conseguido saltar el ‘cordón sanitario’ de los otros partidos y tener voz en la Asamblea Nacional. No obstante recientemente se guardaba las espaldas: “No está en el orden del día. No tengo ninguna gana. Marine Le Pen es una candidata joven”.

Si los claros ejes de la campaña del Frente Nacional han sido, por un lado, el plan para un control más estricto de las fronteras, de la inmigración y la expulsión de extranjeros; y por otro el proteccionismo económico y la salida de la Unión Europea, el partido está dividido de igual manera en dos tendencias según el peso que se le da a cada uno de ellos.

La de Marion, sin duda, es la primera. Diputada por Vaucluse, en una zona de fuerte inmigración en el sureste de Francia, sus posturas sobre temas sociales se parecen mucho a las de su abuelo. Recientemente afirmó que ella sería garante, en caso de que Marine ganara, de derogar el matrimonio homosexual, vigente en Francia desde 2013. Para la candidata a la presidencia de la república ha sido tan difícil embridar a esta tendencia como acallar a su padre, que sigue dando quebraderos de cabeza desde la presidencia honoraria del partido. Esta tendencia del FN es la que entronca con el racismo intrínseco del partido, con los nativistas blancos, e incluso con, directamente, los neonazis. Esta es, además, la que cuenta con el apoyo mayoritario de los militantes. Una reciente encuesta de Ipsos revelaba que un 52% de los militantes se sentían más cercanos “a las ideas y valores” de Marion Maréchal-Le Pen -un 66% entre los jóvenes-.

La familia ‘rival’, que estaría encabezada por Florian Philippot, solo obtuvo en esa misma encuesta el 29% de las adhesiones. Pero el vicepresidente del Frente Nacional tiene bula por el momento dentro del partido por haber sido el director de la campaña que ha llevado, en todo caso, a unos resultados históricos a la ultraderecha. Su primer apoyo es la propia líder, pues sus destinos políticos están ligados. Idea de Philippot fue aplacar el mensaje abiertamente racista del Frente Nacional -escondiéndolo, dicen sus críticos-, también el darle una dimensión económica al programa, de corte proteccionista, más allá de lo testimonial, como era antes de su llegada a las altas esferas del partido.

El vicepresidente del Frente Nacional Florian Philippot en Lyon, el 5 de febrero de 2017. (EFE)
El vicepresidente del Frente Nacional Florian Philippot en Lyon, el 5 de febrero de 2017. (EFE)

¿Llegará Marine a 2022?

En resumidas cuentas, Philippot diseñó la campaña de “desdiabolización” del partido, el que le puso a la ultraderecha un traje y zapatos pulidos. No obstante su aura para los militantes no va más allá porque no lo es suficientemente rocoso para la extrema derecha. Paradójicamente, su perfil es parecido… al de Macron.

Formado, como el presidente electo, en la escuela de administraciones públicas ENA, fábrica de ministros y primeros ministros, tiene apenas unos años menos que Macron, 35, formó parte del entorno del político soberanista de izquierda Jean-Pierre Chevènement, al que votó Macron en la primera vuelta de las presidenciales de 2002, y también pertenece a esa Francia de familias “no tradicionales”: Philippot es abiertamente homosexual, aunque intenta no mencionarlo demasiado, alegando que dentro del FN hay “muchas sensibilidades”.

En las próximas semanas se podrá empezar a tomar la temperatura al partido ultraderechista y si el resultado electoral es suficiente para mantener el buen nombre de los que lo han “moderado” para obtenerlo. La primera prueba serán las legislativas de junio. Tan pronto como hayan pasado, Marine Le Pen podría estar enfrentándose a rebeliones. Si consigue un grupo de diputados suficientemente numeroso podrían empezar a crecer ‘barones’ que duden de su estrategia (y de la de Philippot) apoyados en una militancia media más 'ultra' que muchos de sus votante. Si por el contrario no consigue esos diputados su liderazgo, ya débil por su perfil de insider del sistema, se irá debilitando conforme pase en quinquenato.

Aunque la verdadera pulla llegaría si Macron consiguiera levantar la economía en cinco años, hacer bajar sensiblemente el paro, los niveles de pobreza y mejorar el estado del bienestar, ayudado quizás por un cambio de ciclo económico. Entonces el Frente Nacional perdería fuelle, nutrido como está por el descontento de la población, y los más radicales se preguntarían por qué tanto esfuerzo para reprimir sus convicciones últimas. Tras los resultados del domingo el Frente Nacional y su líder se enfrentan a una procelosa y tediosa legislatura, y el mantra de los abstencionistas en esta segunda vuelta de las presidenciales -que una victoria de Macron alimentará una victoria de Le Pen en 2022- tiene pocos visos de hacerse realidad.

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