"EL GOBIERNO ENVÍA EL MENSAJE EQUIVOCADO"

Ni siquiera la visita del Papa saca a los coptos de la desesperanza: "Nada va a cambiar"

La comunidad cristiana de Egipto se encuentra en un momento crítico, atrapada entre la violencia de los fanáticos y la indiferencia de las autoridades, sin que la llegada de Francisco altere la situación

Foto: Cristianas coptas durante una misa de Pascua en la Catedral Copta de San Marcos, en el Cairo, el 15 de abril de 2017. (EFE)
Cristianas coptas durante una misa de Pascua en la Catedral Copta de San Marcos, en el Cairo, el 15 de abril de 2017. (EFE)

Podría haber sido un cotilleo de vecindario, pero se convirtió en un linchamiento público. Los rumores de que un cristiano tenía una relación amorosa con una mujer musulmana se extendieron por un pequeño pueblo de la provincia de Minia, en el alto Egipto, donde reside una de las mayores comunidades coptas del país. El episodio, ocurrido hace un año, acabó con una anciana copta de 70 años desnuda en mitad de la calle mientras una marabunta la golpeaba. La policía respondió dos horas después de iniciarse el ataque, y para entonces ya no quedaba nadie de los al menos 300 atacantes que describen los testigos. Ishak Ibrahim, investigador de la Iniciativa Egipcia para la Información de Derechos humanos, una ONG local, recuerda el suceso con indignación, pero también con la aceptación de aquello que, por frecuente, se ha convertido en la norma para la minoría religiosa copta en Egipto.

Este viernes el Papa Francisco aterrizará en El Cairo, donde durante dos jornadas se reunirá con el presidente Abdel Fatah el Sisi, con el Papa Tawadros II, cabeza de la Iglesia Copta Ortodoxa y con los líderes de la Iglesia católica. La visita llega en un momento en que los cristianos se ven más amenazados que nunca por la violencia sectaria, con sucesos como el de la anciana de Minia, pero sobre todo por el auge del islamismo radical que ha echado raíces en la Península del Sinaí donde los yihadistas locales han rendido pleitesía al Estado Islámico. Desde allí, donde la comunidad vive secuestrada en un fuego cruzado entre el Ejército y los terroristas, denuncian que el norte del Sinaí es una especia de Iraq o Siria en miniatura donde impera la 'sharia' y su vida no vale casi nada.

Ibrahim no tiene grandes expectativas ante la visita papal. Para el investigador, “tendrá un importante valor simbólico”, pero poco más. “¿Van a cambiar el Gobierno o la Iglesia sus políticas porque el Papa diga algo?”, se pregunta. Y él mismo responde “No”, con el escepticismo de quien lleva años intentando rascar algún derecho para la comunidad copta egipcia.

Los coptos suponen en torno al 10% de la población del país y siempre se han quejado de la desigualdad de oportunidades que tienen cuando se trata de acceder a puestos de trabajo de alto nivel o de nivel medio del Estado, incluyendo el Ejército, la Policía, el poder judicial, el cuerpo diplomático o la educación. Ibrahim recuerda otro suceso de hace un año: “El Gobierno dio un cargo a una profesora copta y la decisión recibió un montón de quejas de la comunidad musulmana, hasta que finalmente decidieron cancelar el nombramiento. Así, el Gobierno envía el mensaje equivocado”, lamenta.

“Por supuesto es responsabilidad del Gobierno intentar acabar con el radicalismo, pero en la práctica ¿puede hacerlo realmente? Yo creo que no. La realidad es que no hay un sistema que se haya probado efectivo contra la radicalización”, apunta Amira Nowaira, académica egipcia. La experta se pregunta cuál es solución para acabar con el sectarismo y especialmente contra la proliferación de ataques yihadistas contra cristianos, como los ejecutados el Domingo de Ramos. “¿Hay que fortalecer aún más a la policía para que pueda actuar? En mi opinión la educación debe ser el primer y último recurso para cambiar la actitud de la gente”, apunta, “estamos trabajando a muy largo plazo”.

Iconos a la venta en una tienda cristiana en El Cairo, el 27 de abril de 2017. (Reuters)
Iconos a la venta en una tienda cristiana en El Cairo, el 27 de abril de 2017. (Reuters)

El silencio de los parlamentarios coptos

La realidad, de acuerdo con Ibrahim, es que se hace poco o nada por mejorar la situación de los cristianos y por educar para combatir el sectarismo religioso. Ibrahim reconoce que la situación en el terreno político ha mejorado “ligeramente… y sobre el papel”. Los coptos tienen una cuota de 25 miembros en el Parlamento. Otra docena ganó escaños en las elecciones como independientes y el presidente Sisi hizo uso de los escaños que puede designar para brindar algunos a la comunidad copta.

“El problema es que estos políticos no están discutiendo los problemas que atañen a las minorías en el Parlamento. Cuando se produce un atentado, como los recientes en Tanta y Egipto, o el anterior de diciembre contra la catedral, no hay ninguna voz que lo lleve al hemiciclo. Cuando se discrimina en la construcción de los templos, cuando no se aplica la ley ante los ataques a cristianos… nadie en el Parlamento alza la voz”. ¿Por qué? En la Cámara, controlada por los afines al régimen, es donde Ibrahim cree que se haya la respuesta. “Habría que preguntarle a los parlamentarios…”.

La aplicación de las leyes es la principal demanda del experto. La Iniciativa Egipcia para la Información de Derechos Humanos ha documentado al menos 64 incidentes sectarios entre 2011 y 2016 en los que las autoridades buscaron una reconciliación en lugar de hacer cumplir la legislación. Como resultado, explica lbrahim, no hubo castigo para los instigadores de esa violencia sectaria. “Ese es el problema. Si continuas permitiendo que los crímenes contra los cristianos se cometan con impunidad, vuelves a mandar el mensaje equivocado de que se puede hacer”.

¿Cómo atajar esa situación? Los cristianos no creen que el Gobierno sea capaz de protegerles. Los recientes atentado y el abandono que sienten tras haber sido forzados a abandonar sus hogares en el norte del Sinaí, les dejan con la sensación, explican, de que el Gobierno no les protege y una vez más, no tiene un plan para hacerlo en el futuro próximo.

Un sacerdote copto examina los destrozos tras el atentado contra la Iglesia de San Pedro y San Pablo en El Cairo, el 11 de diciembre de 2016. (EFE)
Un sacerdote copto examina los destrozos tras el atentado contra la Iglesia de San Pedro y San Pablo en El Cairo, el 11 de diciembre de 2016. (EFE)

Las pocas opciones del Papa

“Esta situación ha sido igual durante años. Ningún Gobierno se ha preocupado de proteger a la comunidad copta o de facilitarles sus derechos. Y eso, da alas al sectarismo religioso”, explica Ibrahim. También los coptos podrían contribuir de algún modo a mejorar las cosas si pudieran trabajar más desde la sociedad civil y no desde la Iglesia como jerarquía, señala el experto. Podrían salir de su burbuja y construir una buena relación con la comunidad. “Sin embargo ahora es imposible que suceda porque el Gobierno ha cerrado completamente el espacio público y no hay ningún tipo de libertad. Sisi ha acabado con la sociedad civil”

Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco ha mostrado interés en reunirse no sólo con otras comunidades cristianas no católicas, sino también con otras confesiones religiosas. Hace dos años visitó Turquía, un país de mayoría musulmana y ahora, en Egipto se reunirá con el gran imán de la mezquita de Al- Azhar, lo que sería la máxima autoridad religiosa musulmana suní. La institución condena siempre los ataques extremistas, pero por otro lado mantiene una línea educativa tan conservadora que de algún modo permite esas ideas radicales prosperar y perdurar.

Por eso Ibrahim tampoco guarda muchas esperanzas sobre el impacto que pueda tener el pontífice o cómo el diálogo interreligioso podrá ayudar al a minoría cristiana. “Es muy difícil que Al Azhar cambie sus posturas conservadoras y eso favorece a los radicales. No creo que el mensaje del Papa o el diálogo que quiere mantener vaya a lograr que Al-Azhar mueva un ápice su postura”. Ese sin embargo es el “anhelo” del Papa Francisco, que la visita sea “una válida contribución para el diálogo interreligioso con el mundo islámico”

Quizá el Pontífice pensaba en la parábola del grano de mostaza que escribe Mateo: “El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas”. En su intento por tender puentes, al Papa no le importa quizá que la semilla sea pequeña, sino que germine y acabe dando cobijo a este mundo que siente “desgarrado por la violencia ciega” y que “tiene necesidad de constructores de puentes de paz, de diálogo, de hermandad, de justicia y de humanidad”.

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