EX BANQUERO Y CASADO CON SU ANTIGUA PROFESORA

Emmanuel Macron, el 'Albert Rivera francés'

El favorito a la presidencia de Francia es atacado desde la izquierda y la derecha por razones opuestas. En su flexibilidad ideológica, que los críticos llaman indefinición, reside parte de su éxito

Foto: Emmanuel Macron durante el debate televisivo junto a los otros 10 candidatos a la presidencia, el 4 de abril de 2017. (Reuters)
Emmanuel Macron durante el debate televisivo junto a los otros 10 candidatos a la presidencia, el 4 de abril de 2017. (Reuters)

Cuando Albert Rivera empezó a consolidarse como candidato a escala nacional, una broma circulaba por las redes sociales: “El único programa de Ciudadanos es el Photoshop”. La afirmación puede ser injusta, pero reflejaba la percepción de que el partido de Rivera era en gran medida un producto de marketing, muy basado en la imagen y la comunicación política de última hornada y con una gran flexibilidad ideológica que les permitía arrimar el ascua a su sardina a cada momento.

Algo similar cabría decir de Emmanuel Macron y su partido En Marcha, los favoritos a gobernar Francia. La gran diferencia con España es que aquí el desplome de los grandes partidos sí es profundo (y tal vez definitivo) y ha permitido la emergencia de las fuerzas de nuevo cuño. Y tras una meteórica carrera electoral, Macron aparece muy bien posicionado para vencer a Marine Le Pen y su Frente Nacional, destinado a aglutinar el voto de todos aquellos que, habiendo votado ayer por otras fuerzas centristas o de izquierdas, consideran a la líder ultraderechista “demasiado antisistema”.

El joven Emmanuel Macron
El joven Emmanuel Macron

A Macron no se le ha podido demostrar ningún trapo sucio: los rumores maledicientes de que le era infiel a su esposa con otro hombre no consiguieron cobrar suficiente cuerpo como para empañar su imagen. Su vida privada tampoco es ajena a la fascinación de muchos franceses: Macron está casado con una mujer casi dos décadas mayor que él, nada menos que su antigua profesora de instituto. Brigitte Trogneux enseñaba en un liceo jesuita en Amiens cuando, con 36 años, casada y con tres hijos, empezó un romance con su alumno, de 17. Se casaron en 2007, y Macron empezó a compartir techo con sus hijastros, con los que no se llevaba demasiados años. Pero cuando ella concedió una entrevista a París Match relatando su historia de amor, él la censuró privada y públicamente, asegurando que había sido un error por su parte. “No más entrevistas”, sentenció.

Pero él sí entra al trapo sobre prácticamente cualquier asunto. Como ejemplo, la pregunta que unos periodistas le hicieron en febrero probablemente esperando ponerle en aprietos, nada menos que sobre pornografía. "¿Porno? Es parte de la vida", respondió, demostrando una cintura política que otros muchos desearían.

Ataques de izquierda y derecha

De modo que los ataques han tenido que venir por otros flancos; y el carácter de éstos es bastante revelador sobre su indefinición: “candidato ultraliberal” para la izquierda, “sucesor 'hollandista'” para la derecha, “candidato de los ricos y la globalización” para los lepenistas. Posiblemente hay algo de cierto en todo ello: Macron ejerció como ex ministro de Economía de François Hollande, pero asegurando que él “no era socialista” (a pesar de haber sido militante a los 24 años). Antes de eso trabajó para la firma bancaria Rothschild, a donde llegó tras una licenciatura en Filosofía, otra en Ciencias Políticas y una más en la elitista Escuela Nacional de Administración, donde se formó como inspector de finanzas.

Macron besa a su esposa Brigitte tras conocerse los resultados de la primera vuelta electoral, el 23 de abril de 2017. (EFE)
Macron besa a su esposa Brigitte tras conocerse los resultados de la primera vuelta electoral, el 23 de abril de 2017. (EFE)

En su programa destacan las medidas de contenido económico, como la “optimización de recursos”, la reducción de algunos impuestos, los recortes y modificaciones en los sistemas de ayudas y prestaciones y la persecución del nepotismo y la corrupción en la administración pública. Pero también otras propuestas controvertidas, como la introducción de la “enseñanza sobre el hecho religioso” en las escuelas, una medida polémica en una Francia orgullosa de su laicismo. Se opone frontalmente a la idea de la renta básica universal que proponía su rival socialista Benoît Hamon, asegurando que el país ya cuenta con una medida similar, la llamada RSA (Ingresos de Solidaridad Activa, por sus siglas en francés), una ayuda económica estatal para los más desfavorecidos que se adapta a las circunstancias familiares. En todo caso, Macron sería partidario de aumentar ligeramente su cuantía.

Macron se considera destinado a poner a punto las reformas que Hollande no pudo hacer (la nueva y polémica Ley para el crecimiento y el empleo es obra suya, aunque aprobada en una versión descafeinada), y es un crítico acérrimo de la presión de los sindicatos a la hora de limitar el margen de maniobra del Ejecutivo. Los recortes que busca son menores que los que había prometido hacer François Fillon, pero es un abogado incansable de la "dinamización económica que necesita Francia". Antes los que le tachan de "socialista" por su pasada vinculación al presidente saliente, cabría decir que, si acaso, cabría considerarle un socialdemócrata de la tercera vía, más en la línea de Tony Blair y Gerhard Schröder que de Justin Trudeau, pero digitalizado. Y no faltan quienes le acusan de perseguir la "uberización de la economía", por su defensa de la eliminación de restricciones y la promoción de las nuevas tecnologías y del pequeño y mediano empresariado. Abierto al multiculturalismo y partidario de una sociedad abierta en los aspectos sociales, es un liberal en lo económico.

Pero esa diversidad ha sido una de las claves de su éxito. Durante la campaña, En Marcha ha llenado estadios, y legiones de jóvenes voluntarios han trabajado para Macron sin aspirar a otra cosa que a convertirle en el próximo presidente de Francia, alguien que desatasque la anquilosada política del país, así como su administración. El perfil tecnocrático y exitoso del candidato hace pensar a muchos que es el hombre adecuado para la tarea.

Albert Rivera, de hecho, se ha contado entre los primeros en felicitar a Macron por los resultados. Al catalán, sin duda, la comparación no le desagrada.

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