atrapada entre alemania y la fragilidad del sur

La eurozona se replantea su futuro:qué puede pasar en la cita de Malta

Los ministros de Economía y Finanzas tratan de desencallar las negociaciones con Atenas y buscan cómo liberar a la banca del lastre de los créditos morosos

Foto: Angela Merkel y François Hollande. (EFE)
Angela Merkel y François Hollande. (EFE)

¿Qué se podría hacer para avanzar hacia una mayor integración de los países del euro? ¿O se debería optar por menos? ¿Cómo ganarse el apoyo de los ciudadanos para los ineludibles pasos a dar? Pero ¿cuáles son estos? ¿Deben darlos solo algunos socios mientras otros avanzan menos rápido? Estas preguntas son las que tratarán de resolver los ministros de Economía y Finanzas europeos en el Ecofin informal que se celebra este viernes y sábado en La Valeta, según los documentos preparatorios a los que ha tenido acceso El Confidencial. Un encuentro en el que los ministros económicos discutirán abiertamente sobre las dudas que giran en torno el futuro de la Unión Europea y su núcleo duro, la eurozona, llamada a cobrar mayor protagonismo ahora que su mayor contrapeso, Reino Unido, comienza a andar el camino del Brexit.

Lejos quedan ya aquellas reuniones de urgencia durante esa crisis que puso en evidencia la fragilidad de una moneda que desde su nacimiento se consideraba irreversible, pero estuvo por romperse en lo más duro de la crisis griega. La voluntad política —o miedo— que creó el descalabro financiero que puso contra las cuerdas a los socios del euro y llevó al rescate bancario a España, Portugal, Chipre, Grecia (por tres veces) e Irlanda se ha disipado con los deberes a medio hacer. Lo recuerda el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, cada vez que pasa por Bruselas: hacen falta más reformas, acabar la prometida Unión Bancaria y avanzar hacia una Unión de Capitales. Pero las capitales no se dan por enteradas.

A nadie se le escapa que un año en el que se celebran elecciones en Francia y Alemania no es el momento adecuado para la toma de grandes y difíciles decisiones. Si la perspectiva de que Marine Le Pen, activa eurocrítica y partidaria de plantear a los galos retirarse del euro, no fuera suficiente para helar ciertas aspiraciones, hay que sumarle que la reticencia germana a asumir más costes de unos problemas que sus socios no acaban de resolver es aún mayor ante unos comicios que podrían ser ajustados. O, en palabras del ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schäuble, la primera potencia europea no asumirá nuevos riesgos si el resto de países no los disminuyen primero. Y, como ya sospechaba François Mitterrand, sin Berlín es muy difícil que ningún proyecto salga adelante.

La “desunión” bancaria

Exactamente en este punto es en el que se encuentran los avances hacia la unión bancaria de la zona del euro, un ambicioso proyecto que por el momento permanece cojo, asentado sobre dos de sus tres pilares: el supervisor único europeo y el mecanismo único de resolución. El tercero, el Sistema Europeo de Garantía de Depósitos, apenas ha avanzado desde que lo propuso en 2015 la Comisión Europea, principalmente por la negativa de Berlín. Y todo pese a que en un inicio se preveía su entrada en vigor este año. Otros socios, como España e Italia, se han mostrado de manera consistente dispuestos a dar pasos adelante. Pero es precisamente el estado de la banca italiana, con Monte Paschi di Siena aún en el limbo, pendiente de una recapitalización multimillonaria, una de las cuestiones que más preocupan a los germanos.

François Hollande (Francia), Angela Merkel (Alemania), Mariano Rajoy (España) y Paolo Gentiloni (Italia). (Reuters)
François Hollande (Francia), Angela Merkel (Alemania), Mariano Rajoy (España) y Paolo Gentiloni (Italia). (Reuters)

Entre todos los problemas que aún arrastra la banca europea, hay uno que preocupa en especial a los ministros: el lastre que suponen los créditos morosos. Estos se elevan a más de un billón de euros, o lo que es lo mismo, el equivalente al 7% del PIB de toda la Unión Europea, y representan un 5,4% del total de los préstamos bancarios, según otro de los documentos de trabajo del Ecofin. Una herencia envenenada de la crisis que lastra el crecimiento y, además, supone una amenaza para la economía europea, porque aunque estos créditos morosos ponen sobre todo en riesgo la viabilidad de los bancos que acumulan muchos en sus balances, la crisis ha dejado claro que cuando se generan dudas sobre la salud de una entidad europea o del sector financiero en un país, se puede contagiar rápidamente a otros socios.

Ante esta situación, el Ecofin tratará de buscar soluciones con medidas adicionales en áreas tan complejas como la supervisión, los marcos de insolvencia, los mercados secundarios y los procedimientos de reestructuración bancaria.

Grecia, al límite de un acuerdo

Otro de los puntos clave que tratarán los ministros será la situación de Grecia. Las conversaciones que está manteniendo 'in extremis' esta semana el Gobierno griego con los acreedores tratarán de arrancar un acuerdo a tiempo para el encuentro del Eurogrupo del viernes, aunque para ello sería necesario que el Ejecutivo liderado por Alexis Tsipras asumiera medidas muy delicadas a nivel político. “Las cuestiones técnicas serían extremadamente fáciles de cerrar, pero si no se sella la segunda revisión por el momento, se debe a que hay cuestiones muy sensibles políticamente hablando”, explicaba este martes un alto funcionario de la eurozona. Se trata de la reforma fiscal y la reforma de las pensiones, un trago amargo para un Ejecutivo sobre el que penden de manera insistente los rumores de convocatoria de elecciones anticipadas. Y que, a la vez, necesita un acuerdo con sus socios que le garantice nuevos desembolsos del tercer rescate heleno antes de quedarse sin liquidez a principios de verano. Lo que pone de nuevo a Atenas entre la espada y la pared.

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