Merkel gana el primer pulso

Por qué Schulz es la gran esperanza de los europeístas

El número de afiliaciones se ha disparado y el SPD holla en las encuestas cotas no vistas en una década, hasta rozar la paridad con los conservadores de Merkel, que ayer ganó el primer pulso

Foto: Schulz reacciona tras ser elegido líder del SPD durante la convención de partido en Berlín. (Reuters).
Schulz reacciona tras ser elegido líder del SPD durante la convención de partido en Berlín. (Reuters).

Tras años languideciendo en las encuestas y en el debate político, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) está viviendo un resurgir increíble de la mano de Martin Schulz, el expresidente del Parlamento Europeo, al que la formación acaba de coronar por unanimidad como nuevo presidente y candidato a la Cancillería para las elecciones generales de septiembre. De pronto el número de nuevas afiliaciones se ha disparado y los socialdemócratas hollan en las encuestas cotas no vistas en una década, hasta rozar la paridad con los conservadores de Angela Merkel. ¿Es Schulz el anti-Merkel?

La jefa del SPD en el Sarre, Anke Rehlinger, apenas podía contener la emoción al leer los resultados de la votación. Los delegados del partido, llegados de todo el país para el congreso extraordinario, acababan de emitir sus votos para elegir al nuevo presidente de los socialdemócratas y cabeza de lista para las próximas generales. "Votos válidos, 605. votos a favor... 605", dijo Rehlinger al proclamar el respaldo arrollador de Schulz. Y el congreso rompió en un aplauso enfervorecido.

Hacía años que la socialdemocracia alemana, a pesar de ser el socio minoritario de la gran coalición desde 2013, no se emocionaba consigo misma. Que, como sus partidos hermanos en Francia, Reino Unido o Italia, no se creía capaz de cosas grandes. De hacer sombra a una Merkel incontestable que se postula para su cuarta legislatura. Que no se veía capaz de gobernar a la principal potencia europea. Que adolecía de programa y liderazgo. Hasta que de pronto llegó Schulz. Un líder improbable, sin aparente magnetismo, sin la frescura de lo novedoso y con un largo pasado en la maquinaria de Bruselas, algo que actualmente no es un activo para los políticos europeos. Y, sin embargo, funcionó.

Las claves de su éxito: el hastío con Merkel y que es ajeno al 'establishment' berlinésDesde que el anterior presidente, Sigmar Gabriel, propuso a Schulz como sucesor y hasta hace una semana, el SPD ha sumado 13.000 nuevas afiliaciones y por primera vez desde mediados de los años 70 registra un saldo neto positivo en sus filas. Además, cerca del 40% de los nuevos miembros tienen menos de 35 años. "El SPD vuelve a crecer", decía recientemente un portavoz de la formación.

El "efecto Schulz"

Las encuestas, además, les sonríen. Si el SPD comenzó el año tan sólo ligeramente por encima del 20% en los sondeos de intención de voto, las encuestas le dan ahora en torno al 31,5% de apoyos. En apenas tres meses se ha pasado de valores próximos a sus mínimos históricos a quince puntos del bloque conservador a estar virtualmente empatados ligeramente por encima del 30%. La subida, a falta de cualquier otro aliciente destacado, se debe atribuir en exclusiva a lo que medios y expertos en Alemania han denominado el "efecto Schulz".

En los actos de partido en los que se multiplica estos días el candidato socialdemócrata, el público corea su nombre de pila entre aplausos. Muchos llevan carteles con su rostro en blanco, rojo y azul, emulando a los de Obama cuando llegó a la Casa Blanca. Y los más jóvenes, a la salida, le esperan para hacerse un selfie con esta improbable estrella política de 61 años, bajo, calvo y con barba, al que hasta ahora se le tomaba por un perdedor de la política que se había refugiado en el Parlamento Europeo.

Las claves de su éxito van desde el hastío con Merkel, que lleva doce años al frente de Alemania, hasta la frescura que ha introducido en el debate este político que, si bien veterano, es ajeno al 'establishment' berlinés. El ha virado hacia la izquierda al SPD y reivindicado sin ambages la bandera de la justicia social. Pero también está su discurso cercano y encendido, su defensa cerrada de Europa y sus contundentes críticas al ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). También gusta su combinación de ambición política y moderación programática, así como su trayectoria de superación personal.

Un niño con una bandera del SPD durante un acto del partido en Vilshofen, Alemania. (Reuters)
Un niño con una bandera del SPD durante un acto del partido en Vilshofen, Alemania. (Reuters)

La justicia social y Europa

Schulz ha acertado al pulsar la tecla de la justicia social como tema clave de campaña. Desde que se le propuso como candidato no ha dudado en erigirse en defensor de "la gente corriente", a la que dice "comprender". Recuerda para ello sus once años como alcalde de Würselen, su pequeña localidad natal. Especiando su discurso con golpes de populismo, el socialdemócrata ha defendido la necesidad de alargar el período de recepción de la prestación por desempleo y facilitar la formación continua de los trabajadores. Además, ha abogado por entenderse mejor con los sindicatos y por rebajar la precariedad laboral.

El llamado "efecto Schulz" no se dio en Sarre, donde el SPD quedó prácticamente inalterable con un 30% de votoTambién ha defendido Europa con un apasionamiento que contrasta con el pragmatismo de Merkel y sus conservadores. Schulz ha logrado presentarse como un defensor del ideal europeo que conecta con las generaciones de estudiantes Erasmus, pero sin parecer un eurócrata, como los miles de funcionarios grises que pueblan Bruselas y Estrasburgo. "A mí me han acusado de no haber representado los intereses alemanes en Bruselas. Los que dicen eso piensas que los intereses europeos y de Alemania son antagónicos. Pero se equivocan: Alemania necesita a Europa", aseguraba recientemente en un mítin.

La revelación socialdemócrata también ha calado en ciertos sectores por su biografía. De origen humilde, se formó como librero y de ahí pasó a la política. Primero fue concejal de su ciudad y luego alcalde durante once años. En el Parlamento Europeo, a donde llegó con 1994, fue eurodiputado raso, vicepresidente y presidente del grupo socialista y, finalmente, presidente de la Eurocámara durante cinco años. Además, logró superar sus problemas de alcoholismo, algo que tampoco oculta.

Merkel gana el primer pulso

Por último, está disfrutando el factor novedad. Merkel está erosionada tras doce años en el poder, y sobre todo tras las fuertes críticas que le ha supuesto en su país la gestión de la crisis de los refugiados. Pero el SPD, con sus anteriores figuras, todas ellas en el gobierno junto a los conservadores, no lograban movilizar al electorado. Schulz posee la cualidad de resultar novedoso, pero sin ser en absoluto extremista, radical o imprevisible, algo que causaría reparos entre muchos votantes alemanes.

Así, con el impulso que Schulz ha dado a los socialdemócratas, empiezan a cuadrar los números para la gran apuesta de la izquierda alemana para las elecciones generales. Conscientes de que nadie logrará una mayoría absoluta en este sistema parlamentario, el SPD, Los Verdes y La Izquierda están cocinando un tripartito, una alianza que deje de lado sus sensibles diferencias para lanzar un programa netamente progresista y desbancar a los conservadores de Merkel, que siguen liderando las encuestas.

De camino hasta las generales, previstas para el 24 de septiembre, dos hitos electorales sirven de banco de pruebas para esta alianza de izquierdas y para comprobar si la popularidad de Schulz aguanta el paso de los meses y los rigores de la campaña y la exposición mediática. El primero, las elecciones en el Sarre, ​donde ayer la CDU de Merkel ganó claramente su primer pulso contra Schulz. El llamado "efecto Schulz" no se dio a escala del pequeño "Land" del oeste, donde el SPD quedó prácticamente inalterable con un 30% de voto. En mayo tendrán lugar las otras dos elecciones, las de Renania del Norte-Westfalia y las de Schleswig-Holstein, dos feudos del SPD donde los socialdemócratas tienen buenas opciones, según los sondeos, de obtener buenos resultados.

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