El PVDA LOGRA 29 escaños MENOS que en 2012

Drogas y becas: por qué los Verdes arrasan en Holanda y los socialistas se hunden

El techo electoral de la izquierda holandesa parece claro, por lo que la sangría de votos progresistas ha beneficiado al partido de Jesse Klaver y ha descalabrado al de Lodewijk Asscher

Foto: Jesse Klaver, líder de los Verdes, habla ante sus seguidores en Ámsterdam, el 15 de marzo de 2017, (Reuters)
Jesse Klaver, líder de los Verdes, habla ante sus seguidores en Ámsterdam, el 15 de marzo de 2017, (Reuters)

Ámsterdam se ha vuelto verde como la planta del cannabis. Que se lo digan a la estrella ascendente del firmamento político neerlandés: el apenas treintañero (1986) Jesse Klaver ha catapultado su partido GroenLinks, los Verdes de Holanda, hasta los 14 escaños en estas elecciones. Es el gran ganador de estos comicios, ha conseguido el apodo del “Justin Trudeau holandés” y se maneja en los mitines, dicen, como una estrella del pop (o del rock, según gustos). Con el 19.3% en porcentaje de votos (frente al apenas 5.4% de 2012), el GL se ha convertido en el principal partido de Amsterdam.

Su ascenso contrasta con el descalabro del socialdemócrata Partido del Trabajo (PvdA), liderado por Lodewijk Asscher. Del 24.8% del voto que consiguió en 2012 (38 escaños) ha descendido a apenas 5.7% (9 escaños). ¿Qué ha pasado para que se produzca esta debacle? Es un proceso similar al de otros partidos europeos del mismo corte ideológico, sobre todo teniendo en cuenta la solera del PvdA: su predecesor, el Sociaal-Democratische Arbeiderspartij (S.D.A.P) nacía ya en 1894, conformando así una formación socialdemócrata de las más experimentadas en Europa.

La sede del PvdA en la ciudad principal de Holanda está algo lejos del centro de Amsterdam. Frente a ella, un complejo residencial, cerca un proyecto alternativo de subsistencia, un molino e incluso un parque de atracciones donde suenan, al ir y volver en bicicleta, canciones de Elvis.

Elmar Smid, del Secretariado Internacional del PvdA, recela del término “fracaso”. En cambio afirma: “Hemos estado en una coalición con nuestro opositor ideológico, el liberal VVD y siempre estamos enfrentados en cuestiones socioeconómicas. Así que gobernar con ellos, en mitad de la mayor crisis desde los años treinta, no ha sido del todo fácil”. Y concreta: “Por aquel entonces, los bancos estaban en juego, estaban a punto de caer, al igual que las pensiones de la gente o sus hipotecas. La educación, el cuidado de la salud, todo ello estaba en riesgo, por lo que tomamos responsabilidad”.

Es decir, se aplicaron recortes por razón de Estado, algo que no fue bienvenido por sus votantes tradicionales: “La gente siente los cortes de austeridad que se han llevado a cabo, y como siempre somos vistos como los protectores del Estado social, se tiende a acusarnos más que a los liberales”. Eso, junto a la cercanía ideológica de los Verdes de Groenlinks, son los factores que, según Smid, habrían dejado malparado al partido.

Pero en este marasmo, hay figuras políticas que destacan y pueden jugar una baza crucial en el futuro del partido. El cineasta Eddy Terstall, asimismo miembro del PvdA, está convencido que ese es el caso del alcalde de Rotterdam, Ahmed Aboutaleb, musulmán, laico y de ascendencia bereber: “Es muy popular, salió en televisión por la noche y contestó a la narrativa del gobierno turco que les acusaba de ser 'nazis', y diciéndoles que deberían darse cuenta de que es el alcalde de una ciudad que ha sido bombardeada por los nazis. Fue muy valiente y la gente de todo espectro político, incluso en la derecha, lo apoyó como una fuerza unificadora”.

Lodewijk Asscher, líder del PvdA, comparece ante la prensa en La Haya tras el descalabro electoral, el 16 de marzo de 2017. (EFE)
Lodewijk Asscher, líder del PvdA, comparece ante la prensa en La Haya tras el descalabro electoral, el 16 de marzo de 2017. (EFE)

El factor clave: la identidad cultural

Pero el veinteañero Smid (24) hace notar que Aboutaleb no participó en la competición de candidaturas del pasado noviembre, y su impresión es “que en este momento en el partido nadie apuesta por otra competición por el liderazgo”, concluye. Figuras con un perfil relacionado con la inmigración tienen, no obstante, mucho que decir en un futuro puesto que “el tema principal en los Países Bajos no es el Estado de bienestar, sino la identidad cultural”, asevera Smid.

Y en esta identidad cultural juega un papel crucial el saber si se sigue o no la dirección que marca Bruselas. Y el joven socialdemócrata es escéptico acerca de si estos resultados electorales realmente refuerzan la singladura de la Unión Europea, “teniendo en cuenta que los liberales no son muy proeuropeos, son muy escépticos acerca del programa europeo. No creo que sea una gran victoria para Europa”.

Smid concreta de nuevo: la coalición más viable que ha salido de las urnas no tiraría hacia la izquierda sino a la derecha del espacio político. Una unión de los liberales del VVD (33 escaños), los democristianos del CDA (19) y los neoliberales D 66 (19) podrían sumar 71 escaños, y todavía necesitarían de un cuarto partido con al menos 4 escaños para alcanzar la mitad de todos los parlamentarios para poder gobernar. ¿Puede el PvdA ser ese cuarto partido? “Depende totalmente del programa político”, concluye Smid.

Pero en lugares como Ámsterdam han sido las propuestas de los GroenLinks, y no las de los socialdemócratas, las que han convencido a los votantes progresistas. Pocos lugares del mundo son tan liberales como el centro de la capital cultural de los Países Bajos, con fumadores de marihuana en plena calle y desnudos integrales visibles en el Distrito de las Luces Rojas. Los nativos saben que esos sitios son zona reservada para turistas y dejan hacer, puesto que supone una buena fuente de ingresos. Aquí, en el corazón turístico de Ámsterdam frente a la Centraal, abundan los 'coffeeshops' y las tiendas de parafernalia en torno al consumo de marihuana: carteles fluorescentes, fetichismo rastafari, condones de emergencia, ceniceros temáticos de las más variadas nebulosas mentales… Humaredas de origen incierto se generan cerca de tiendas de queso con dependientas ataviadas con traje folklórico y zuecos.

Pero los habitantes de este ecosistema parecen más bien interesados en sus propios asuntos. Cuando se pregunta acerca del éxito electoral de Klever, el desconcierto es patente en las tiendas dedicadas al consumo de cannabis y dotadas de nombres psicodélicos. “No está el patrón”, “No soy de aquí”, “Tenemos prohibido hacer entrevistas en estas dependencias”, “No sé nada de política”, “¿Qué elecciones?” “¿Qué, Groenlinks qué?”, son las primeras respuestas. Muchos de ellos no son holandeses.

“No sé mucho acerca de qué agendas tiene cada partido. Pero, definitivamente, la forma en el que el sistema político está yendo ahora tiene como diana mucho más que antes al inmigrante”, afirma Deepah, de 32 años y origen indio, y manager de una tienda de productos relacionados con el cannabis.

Miembros del grupo activista AVAAZ protestan frente al Parlamento holandés en La Haya, el 16 de marzo de 2017. (Reuters)
Miembros del grupo activista AVAAZ protestan frente al Parlamento holandés en La Haya, el 16 de marzo de 2017. (Reuters)

Legalización de las drogas y ayudas universitarias

Otros sí tienen una opinión bien formada al respecto. Tras identificar a Klever -“Ah, ¿se trata de ese que fue criado por sus abuelos?”- con la ayuda de una compañera, que le muestra una foto del primer ministro canadiense Justin Trudeau, con el que el líder de GroenLinks comparte no solo la juventud sino también cierto parecido físico, el portugués Marcio, de 37 años, suelta: “Ha dado con la idea correcta”.

Marcio, que lleva cuatro años aquí y cuya mujer e hija son holandesas, se refiere a una de las prioridades de GroenLinks, el acceso a la universidad de las clases desfavorecidas. Para ello postula el aumentar la disponibilidad de una subvención suplementaria para estudiantes de familias en desventaja económica y con necesidades especiales. Y que a la hora de devolver los préstamos estatales para estudios universitarios se tenga en cuenta el éxito laboral tras la graduación.

“Si tus hijos pueden ir a la universidad y les es concedida una beca y después de su temporada académica no consiguen más que ser camareros o meramente cumplir con otros empleos no especialmente cualificados, si siguen así varios años, pues no es necesario que paguen de vuelta la beca porque no han tenido éxito”, explica Marcio, que conoce dicha propuesta en detalle. “Sí al cualificarse, pero se trata de una mala inversión porque no ha dado lo suficiente como para dejar lejos el salario mínimo. ¿Por qué vas a tener que pagar al Estado esa deuda? No le debes nada porque nada habrás robado, ya que cumpliste con tu parte”.

Pero el programa de GroenLinks también toca otros aspectos que, en esta zona de la ciudad, interesan bastante, como la regularización del consumo de drogas duras y la legalización total del cannabis. “Se empieza a cuestionar ese mercado. Como sabes, el cannabis no es legal en el Estado de Holanda, solo está tolerado”, explica Deepah. “Ese el gran dilema que tiene la gente. De hecho, el nivel de tolerancia es uno de los mejores a nivel mundial. Pero se trata de respetar al otro al mismo tiempo. Si no me gusta a alguien fumando, simplemente le digo 'Oye, perdona, aquí no puedes, mejor te vas a otro sitio', y la persona debería decir 'Ok, me largo a otro lugar'”.

En ese sentido, GroenLinks se muestra cansado de la hipocresía de que se pueda comprar una cerveza sin problemas mientras se sigue demonizando el consumo de otras drogas. Parte de una filosofía que ha servido para ganarse a los votantes de la cosmopolita Ámsterdam, pero lejos aún del sentir mayoritario en otras regiones de Holanda. Su techo electoral parece claro. Y mientras los socialdemócratas no sean capaces de volver a ilusionar a los ciudadanos, el trasvase de votos hacia los Verdes parece inevitable.

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